Praxia
quiere decir acción o movimiento, sin embargo no es cualquier acción, ni un
movimiento reflejo o aislado, las praxias son adquiridas y se constituyen en
una secuencia de movimientos. Así se pueden definir como sistemas de
movimientos que juntos entregan un resultado o una intención identificable.
Cuando no
existe una exitosa resolución de estos movimientos coordinados se habla de
dispraxia. No se le debe confundir con el término apraxia, que señala falta o
ausencia de movimiento, por lo tanto se trata de un trastorno psicomotor, sin
embargo no existe lesión a nivel neurológico.
De este
modo las dispraxia del desarrollo constituyen una falla en la construcción de
un acto intencionado. Estos niños son incapaces de concluir determinadas
secuencias de gestos o los realizan de manera muy torpe, principalmente
movimientos especializados, como por ejemplo abotonarse un delantal, acordonar
sus zapatos, colocarse una chaqueta, cortar la comida, servir bebida, etc., el
lenguaje no suele verse afectado, sin embargo por tratarse de debilidad motriz
generalizada o particular de ciertas habilidades, si existe esta alteración en
el área buco-linguo-facial puede haber trastornos en el lenguaje.
La
dispraxia involucra un trastorno en la percepción del propio cuerpo (corporal)
y de los espacios (temporo – espacial). Lo más frecuente es que la dificultad
para realizar los movimientos se acompañe de déficit en la resolución de tareas
cognoscitivas viso-espaciales. Para realizar el diagnóstico los movimientos
finos o gruesos deben ser significativamente inferiores al nivel esperado a la
etapa del desarrollo del menor y con su inteligencia. Las dificultades para la
coordinación deben estar presentes desde el inicio del desarrollo, por ello no
pueden constituir un déficit adquirido con posterioridad, a consecuencia, por
ejemplo de una lesión cerebral producto de un accidente o enfermedad, asimismo
no se debe a las consecuencias directas de alteraciones en la visión o
audición.
El niño
se presenta como torpe en general, es lento en aprender a correr, a saltar o
subir escaleras, tienden a dejar caer cosas, tropezar y chocar con objetos, por
lo que suele ser el blanco de las burlas de sus compañeros.
Como
cualquier trastorno, la dispraxia constituye motivo de gran preocupación por parte
de los padres, sin embargo su verdadera dimensión se da en el ámbito escolar,
ya que su aprendizaje se ve interferido, en especial la escritura, el dibujo y
todos los trabajos gráficos en general.
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