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lunes, 31 de diciembre de 2018

Regulación Emocional


       1.            Sintonizar con el estado mental del niño: sintonizar se relaciona con un nivel mucho más profundo que con el “empatizar”, dado que esto último hace referencia a “ponerse en el lugar del otro”. No obstante en “sintonizar” se relaciona no sólo con empatizar, sino con hacer un tipo de conexión que permite el darse cuenta de lo que el otro necesita en ese momento. Por ejemplo, si Amanda, comienza repetitivamente a acercarse a un adulto para llamar su atención, lo importante no es llamarle la atención por esto sino más bien entender porqué lo hace. Es decir, el buscar repetitivamente a una persona mayor, se relaciona más bien con la necesidad de seguridad. Por tanto, entender la emoción que un niño puede tener para la realización de una conducta en particular y pensar cuál es el tipo de necesidad asociada a esa acción. En este sentido, la contención podría ser una solución para abordar este tipo de situaciones. Para esto es importante observar lo que les ocurre y así identificar lo que necesitan. Para sintonizar con el estado mental de un niño idealmente se debe estar tranquilo y tener la apertura necesaria para resonar lo que les pasa.

miércoles, 12 de febrero de 2014

La familia y la autoestima

La autoestima, además es aprender a querernos y respetarnos, es algo que se construye o reconstruye por dentro. Esto depende, también, del ambiente familiar en el que estemos y los estímulos que este nos brinda.
 

Por ejemplo, cuando existe violencia intrafamiliar, se puede decir que las víctimas y los victimarios poseen muy baja autoestima, ya que por un lado, la víctima es alguien al que maltratan sin que ésta pueda poner límites y no se da cuenta de que está siendo abusada. Por otro lado, los victimarios compensan lo inferior que se sienten, maltratando y abusando, en este caso, de un familiar.


Muchas de las heridas emocionales que tiene una persona, producidas en su niñez pueden causarnos trastornos psicológicos emocionales y físicos (cáncer, úlceras, hipertensión, trastornos cardíacos y alimentarios, problemas en la piel, depresiones, etc.), produciendo dificultades en la vida de las mismas(conflictos serios en el trabajo, disminución de la energía y de la capacidad creativa, relaciones matrimoniales desastrosas, no poder hacer o conservar amigos, poco entendimiento con las hijas e hijos).


Existen padres, madres, docentes o cuidadores que humillan, desprecian, no prestan atención, se burlan o se ríen del niño/a cuando pide ayuda, siente dolor, tiene un pequeño accidente, necesita que lo defiendan, expresan miedo, piden compañía, se aferra buscando protección, tiene vergüenza, etc.. Estas actitudes se completan con otras totalmente opuestas, demostrándole al niño que es "querido y bonito" creándole una gran confusión. Pero estas muestras de cariño son aparentes, adjudicándole un rotulo a su identidad, que trae como consecuencia un peso negativo en formación y en el desarrollo de sus capacidades.


En el momento en que la persona afectada es adulta, transmitirá la humillación o el maltrato a personas más pequeñas o vulnerables. Es una cadena hereditaria de abuso y poder, ya que el desprecio y la vergüenza vivida en la infancia son la fuente de los problemas que afectan en la vida adulta y los causantes de la baja autoestima.

La principal imagen y más generalizada forma de violencia es el maltrato emocional. Hay muchas maneras pasa asustar a un niño y hacerlo sentir culpable e intimidado, sin recurrir a la violencia física. El niño o la niña se atormenta con pensamientos y sentimientos que no pueden comunicar ni compartir con nadie y aprenden a soportar el dolor y el silencio.
 

La autoestima y la comunicación están muy relacionadas, porque según como se diga algo, el efecto será positivo o negativo, de aprendizaje o de resentimiento, que se transmite desde la infancia hacia el futuro. Por esta razón, se entiende que los padres y madres que dañan la autoestima de sus hijos no siempre lo hacen intencionalmente, ya que ellos fueron educados del mismo modo.
 

Cuando los padres quieren que sus hijos reaccionen como ellos desean, suelen comportarse de maneras particulares. Estas maneras pueden ser:


Mártires: controlan al niño haciéndolo responsable de su sufrimiento y culpable por todo lo que pueda querer o hacer que no le caiga bien a estos mártires, a quienes nada les viene bien, y recurre a las quejas, los reproches, las lagrimas, las amenazas de que les va a dar una ataque, etcétera.
 

- Ves como me sacrifico por ti y no te importa-

- Dejé todo para criarte y me lo pagas haciendo eso-

- ¿En qué nos equivocamos que nos haces estas cosas?-

 
Dictadores: controlan al niño o la niña atemorizándolos cuando hacen algo no autorizado, son estrictos y amenazantes para que obedezcan y todo los enfurece. Condenado de manera inapelable al niño, con burlas, gritos, despliegue de poder y dominación.


- Como podes ser tan estúpido/a, como no te das cuenta de las cosas-

- Te avisé y ahora vas a ver lo que te pasa por no obedecer-

- Yo no tengo que darte explicaciones, lo haces porque te lo ordeno y punto-

A veces estos roles (mártir y dictador) se combinan, se alternan y agregan mas confusión a los niños porque también van acompañados con demandas o manifestaciones de cariño. Y si un hijo llega a quejarse, a llorar o a reclamar por el trato que recibe puede volver a ser juzgado, culpado y descalificado.


Según se hallan comunicado nuestros padres con nosotros así van a ser los ingredientes que se incorporen a nuestra personalidad, nuestra conducta, nuestra manera de juzgarnos y de relacionarlos con los demás.


Esas voces quedan resonando dentro de nosotros toda la vida. Por eso hay que aprender a reconocerlas y anular su poder para que no nos sigan haciendo sufrir, para liberarnos de esos mandatos distorsionados y para no volver a repetírselos a nuestros hijos e hijas.


Ninguna forma de maltrato es educativa y ningún mensaje o comunicación que culpabiliza, critica, acusa, insulta o reprocha es un buen estímulo para nadie. Y menos en la infancia, cuando no hay posibilidades de defenderse, protegerse o entender que es la impotencia y el desconocimiento de otras formas de trato lo que lleva a los padres y madres a asumir ese papel de mártir o de dictador.
 

Lo primero que hay que entender es que no podemos hacernos cargo toda la vida de los problemas que amargaron o hicieron de nuestros padres y madres personas mártires o dictadoras. Basta con empezar a investigar de que manera nos afectaron esas actitudes, para comenzar a liberarnos de sus efectos y no repetir nada de esto con los propios hijos e hijas, con nuestros alumnos, con cualquiera de nuestros chicos o chicas que puedan estar a nuestro cuidado.

lunes, 10 de febrero de 2014

Influencia de la familia y la escuela en la depresión

La familia es el entorno más inmediato de cualquier niño, y en sus cuidados y atención se basa la posibilidad de supervivencia, la cual no sólo es física sino psicológica, ya que desde el nacimiento hasta los tres años, el niño desarrolla todos los elementos básicos con los que más tarde va a construir su vida futura, el lenguaje, los afectos, hábitos, motivaciones, etc.

El apego que la madre y el hijo establezcan mutuamente, constituye el vehículo de una adecuada integración social y personal – psicológica del niño. Los apegos inseguros se han relacionado con todo tipo de problemas de conducta y con depresión, así como su contraparte el apego seguro, es la meta ideal  de prevención de la aparición de depresión infantil. Del mismo modo la depresión materna aparece claramente definida como una de los factores de riesgo asociados a la aparición de depresión en un niño.

Cuando el niño crece también son indispensables para su normal desarrollo emocional las buenas relaciones con los padres. Los expertos claramente han señalado cómo las malas relaciones entre padres e hijos son la causa específica de muy diversos problemas infantiles, entre ello las depresión.

En relación con la familia, se ha estudiado que el lugar dentro del sistema fraternal que ocupa un niño lo hace más susceptible a desarrollar trastornos de tipo emocional, en especial los hermanos intermedios. Por lo que los padres han de prestar especial atención a la construcción de la autoestima adecuada y autoeficacia en el niño, así como incentivar la capacidad de afrontamiento y manejo adecuado de la frustración, a modo de prevención de la depresión en el niño.

En cuanto a la escuela, se sabe que la localización precoz de cualquier deficiencia de aprendizaje en un niño y su pronta solución para lograr una situación de progreso normal y aceptable, eliminado la posibilidad de trastornos afectivos que conlleven a la aparición de depresión en el alumno.

Muchos autores han relacionado la depresión infantil con el grado de rendimiento escolar, unas veces considerándolo como causa y otras como efecto de la depresión. De hecho un niño deprimido puede descender su ejecución en la escuela, pero también puede comenzar sus síntomas depresivos por un fracaso académico. De allí radica la importancia de una buena evaluación y seguimiento por parte del maestro para detectar estos cambios en el alumno.

A modo de conclusión, en la actualidad la existencia de la depresión infantil es un hecho comúnmente aceptado por la comunidad científica especializada, por lo que ha cobrado gran importancia su estudio y tratamiento. Algunos han llegado a denominar a la depresión como la enfermedad del siglo XXI.

Por qué se produce la depresión infantil?


Generalmente, las causas de la depresión son una combinación de factores biológicos, genéticos, ambientales y sociales, los cuales intervienen en diferentes proporciones para desatar o agudizar esta enfermedad psicológica.

 

Si bien la depresión puede desarrollarse por distintas causas, hay niños que están más expuestos a sufrirla debido al ambiente en que viven. De ese nodo, es posible que un niño desarrolle la enfermedad porque uno de los progenitores tiene depresión u otro tipo de trastorno mental, también puede ser producto de una desorganización familiar, como la separación de los padres o la muerte de un ser querido. Otros factores son situaciones escolares adversas y negativas, como ser objeto de la burla de los compañeros.

 

En la actualidad se admite la compleja interacción entre lo biológico y lo social, como base para la aparición de las conductas normales y patológicas. Pero, es necesario que se de cierta vulnerabilidad personal, familiar y ambiental para dar lugar a la aparición de una conducta depresiva. En el caso de los niños se necesita de una vulnerabilidad biológica, personal, social y demográfica.




 

viernes, 31 de enero de 2014

Trastorno de ansiedad en la infancia, ansiedad y miedos


La ansiedad y los miedos son fenómenos universales que forman parte del entramado del desarrollo humano. Así, el miedo a la separación, la timidez social, el miedo al fracaso, el miedo a la oscuridad, a los animales o a las pesadillas, forman parte de los problemas cotidianos de la infancia.

 
Los conceptos, ansiedad, miedo, angustia y estrés han sido utilizados de manera distinta por las personas y los especialistas en salud mental. El miedo es una emoción producida por un peligro inminente y presente, por ello se encuentra estrechamente ligado a los estímulos que lo generan, por su parte la ansiedad hace referencia a la anticipación de un peligro venidero, indefinible e imprevisible, siendo la causa más vaga y menos comprensible para la persona. Así entendido, la ansiedad ha sido definida como miedo sin objeto, mientras el miedo es considerado como la ansiedad ante un estimulo determinado.
 

Los miedos constituyen una respuesta de activación fisiológica normal provocada por hechos nocivos o amenazantes, que capacita al organismo para reaccionar ante un peligro. Así son respuestas adaptativas que permite el niño adquirir habilidades para enfrentarse a situaciones peligrosas o nocivas. Por lo que se puede afirmar que son instintivos y universales, sin aprendizaje previo.

 
Aunque la ansiedad cumple una función de activación que facilita la capacidad de respuesta de la persona ante los peligros, cuando es excesiva en frecuencia, intensidad y duración, o aparece asociada a estímulos que no representan una amenaza real para la persona, produce alteraciones en el funcionamiento del sujeto y se considera patológica. Es en estos casos cuando se considera un Trastorno de Ansiedad.

 
De acuerdo a lo anterior, es clave poder determinar en qué punto es apropiado redefinir estos síntomas como trastornos emocionales. Algunos criterios que pueden esclarecer las diferencias con: la cronicidad, es decir, que perdura por un tiempo prolongado, la intensidad de los síntomas, la interferencia en el funcionamiento e interferencia con el proceso de desarrollo psicológico de la persona.

 

viernes, 23 de julio de 2010

Inteligencia y Capacidad Emocional

Primitivamente nuestras emociones nos proporcionaban claves para la supervivencia, el miedo nos ayuda a protegernos del peligro, la isa ayuda a enfrentar obstáculos en pos de lo que necesitamos, por ejemplo. Sin embargo hemos evolucionado y con ello la sociedad de la que somos parte, haciéndose necesaria una nueva capacidad de regulación emocional, que nos permita comprender qué sentimos y qué sienten los demás en alguna situación determinada.

Esto es especialmente válido en los niños, donde las capacidades relacionadas con las emociones se convierten en un tesoro valioso para el futuro personal y social.

Cualidades como el optimismo, la persistencia y la automotivación forman parte de lo que se llama inteligencia emocional. El coeficiente emocional no se basa en el grado de inteligencia de un niño, sino en lo que se denomina carácter o características de la personalidad. Estas capacidades y esta inteligencia emocional puede llegar a ser más importante en el éxito en la vida que un coeficiente intelectual elevado.

La inteligencia emocional describe una serie de cualidades emocionales importantes para lograr el éxito, entre las que se encuentran el respeto, la cordialidad, la simpatía, la empatía, la independencia, la expresión y comprensión de los sentimientos, la capacidad de adaptación, la capacidad para resolver problemas interpersonales, la persistencia, el control de las propias emociones negativas y la amabilidad. De este modo, la inteligencia emocional es un subconjunto de la inteligencia social que contiene a la capacidad para controlar y comprender los sentimientos y emociones propios y ajenos, usando además esta información para guiar el pensamiento y las conductas posteriores. Aunque no es posible medir fácilmente estas características sí pueden ser reconocidas en los niños a través de sus acciones.