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lunes, 31 de diciembre de 2018

Regulación Emocional


      Permitir y facilitar la expresión adaptativa: cuando un niño se encuentra estresado, lo mejor que se puede hacer es ayudarlo a expresar su malestar, ya sea hablando, llorando o haciendo alguna actividad que le permita elaborar lo que está sintiendo. El reflejo ayuda mucho a la expresión emocional, porque al aceptar y validad lo que el niño siente, le damos confianza para decir lo que le pasa sin temor de que lo dejen de querer o de que pase algo malo. El contacto corporal (cariño en la espalda o abrazos) es importante, cuando los niños expresan lo que les pasa, es importante darle espacio para que lo hagan y no “sofocar” la emoción. En otras palabras, tolerar la angustia que en ese momento puede tener el niño, escucharlo por completo y no alegrarlo o distraerlo en ese momento. No obstante, así como es de importante ayudar a los niños a expresarse, igualmente importante es que lo hagan de manera adaptativa, es decir, expresar su angustia o tristeza, sin gritar o siendo violentos, sino de una manera correcta, dado que los niños necesitan límites para expresar sus emociones.

Dejar que un niño exprese libremente lo que siente, puede ser igual de dañino que no dejarlo en absoluto hacerlo, en específico si es una emoción muy intensa. Los límites deben ser vistos como bordes contenedores de la expresión emocional. Mientras el reflejo verbal contiene la sensación de la emoción, los límites contienen su expresión. Por ejemplo, “Sé que tienes miedo porque te sientes insegura ahora (reflejo), pero no por eso vas a gritar para decir cómo te sientes (establecer límites) ¿Por qué no me cuentas qué es lo que te asusta? (se le motiva a expresar verbalmente lo que le pasa)”. Otras veces los niños necesitan que les digamos que por más que expresen lo que les está pasando, la situación que los acongoja no cambiará: “Sé lo nerviosa que estás (reflejo), pero te tienes que quedar en el colegio”. Si se fija, el límite se establece siempre después de haber reflejado la emoción. En momentos de estrés, los niños necesitan saber que entendemos y aceptamos cómo se están sintiendo, que estamos a su lado por más desagradable que sea su emoción. Esto les ayuda a aceptar lo que están viviendo y a tranquilizarse.


Regulación Emocional


                Reflejo del estado mental: reflejar consiste en decirle verbalmente al niño lo que le pasa en ese momento (lo que siente, lo que necesita, lo que quiere), es decir, nos convertimos en un espejo de su estado mental. Por ejemplo, “Amanda, por tu carita puedo ver que estas angustiada”, “entiendo, estás nerviosa porque te sientes intranquila”. El reflejo del estado mental tiene beneficios tanto afectivos como educativos. Afectiva porque permite mostrar empatía y validad lo que el niño siente en ese momento. Por otro lado, el reflejo contiene la experiencia del niño y al traducirle a este lo que le pasa en palabras simples, le resulta más fácil tolerar lo que siente y, por tanto, calmarse. En cuanto al beneficio educativo, el reflejo permite que el niño vaya poco a poco aprendiendo a reconocer y a ponerle nombre a lo que le pasa, de la misma forma que algún día lo aprendió con otros estados más simples, como el frío o las ganas de ir al baño.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Comportamientos desafiantes en los niños....

En algunas ocasiones los niños y niñas pasan por etapas de alto conflicto con adultos, en especial con aquellos que representan autoridad para ellos, como son profesores, padres, abuelos o personas que cuidan de ellos. 

Ante una conducta desafiante de la autoridad, donde el niño o niña desea hacer lo que él quiere, o bien se muestra rencoroso o "siempre están enojados", se debe averiguar qué le sucede, en primer lugar observando las variables que pueden estar afectando su humor y conducta; por ejemplo dificultades reales con un docente, con sus pares (estar sufriendo bullying), etc, de modo de poder controlar estos factores y así disminuir su malestar general. 

Sin embargo si ello no es suficiente podemos intervenir dentro de la familia con reglas más concretas y claras, además de los siguientes consejos:

Mantenerse calmado, ante todo, ser firme, pero sin perder el control teniendo claro qué se necesita del niño o niña, pero si de todos modos está a punto de perder el control es mejor retirarse con unos minutos, respirar profundo y luego volver con él, evitando así confrontación mayor. 

Del punto anterior se desprende el no caer en una escalada de poder, no hay nada peor que querer demostrarles que usted "es el que manda", ello sólo hace aumentar la frustración suya y el enojo del niño o niña. 

Se deben evitar los gritos, ello sólo autoriza a que su hijo o hija comience también a gritar y a ambos los lleva a la pérdida del control.

y por último, no olvidar que todos los niños y niñas (y por cierto todos lo necesitamos) es recomendable reforzar las conductas positivas, aportando al desarrollo de una autoestima sana, prestando mayor atención a lo positivo que a lo negativo, evitando hacer un juicio que los encasille como "niños problema". 

Si observa otras dificultades en su hijo o hija, es mejor pedir ayuda a un profesional, que pueda orientar de mejor forma los pasos a seguir para apoyar al niño y a la familia en general, o bien poder determinar si su conducta tiene otra causa que no ha sido identificada y que pudiese estar desencadenando la conducta desafiante. 

viernes, 14 de agosto de 2015

Habilidades para “manejar” comportamiento durante la niñez:


o   Ser directo
o   Ser específico
o   Empezar con una orden a la vez
o   Respeto
o   De órdenes adecuadas al desarrollo y edad
o   Indique lo que se debe hacer; en vez de lo que no se debe hacer.
o   Recuerde elogiar cada vez que el niño obedece
o   Escoja órdenes necesarias solamente
o   Constancia
o   Tono de voz neutral
o   Ofrezca opciones cuando es posible y apropiado
o   Abrace y bese a su hijo
o   Demuestre su cariño con gestos y palabras más que con cosas
o   Demuestre que usted lo ama incondicionalmente y nada de lo que él haga pone en juego ese amor.


miércoles, 26 de febrero de 2014

Agresividad y desadaptación


El segundo gran tema a tratar dentro de este punto es la agresividad, las conductas evasivas y las conductas perturbadoras, las cuales se pueden reunir bajo el término de violencia en los niños y jóvenes, los cuales se muestran como desadaptados al medio escolar.

La violencia se puede definir como una acción intencional del uso de la fuerza o del poder y por la cual una o más personas, producen daño físico, mental, sexual o en su libertad de movimiento o la muerte a otra u otras personas, o a sí mismas con un fin predeterminado.

Así, se distinguen tres componentes básicos:

- La intencionalidad en el uso de la fuerza o poder

- La generación de un daño

- El fin perseguido, en el que subyace el ejercicio de alguna forma de poder, bien sea a nivel del hogar, público o de grupo.

 

Por otro lado, tenemos las conductas de desadaptación social, las cuales difieren en grado de las conductas violentas, antes descritas. Los niños que presentan problemas serios en sus relaciones con sus compañeros no sólo se van a ver privados de ocasiones únicas de aprendizaje de un número importante de habilidades para las relaciones interpersonales, sino que, muy posiblemente, presentan un alto riesgo de manifestar desadaptación en el futuro, llegando a manifestar distintas alteraciones conductuales violentas.

El grado de adaptación de un niño o niña es un factor protector de futuras alteraciones conductuales, por lo tanto, los profesores deben estar atentos a las señales sutiles que presentan los menores y que puedan dar datos de una posible deficiencia social.

No existe un criterio para definir unas relaciones pobres o deficitarias con los pares, e identificar a los niños que lo experimentan. La definición de unas malas relaciones sociales con los pares incluyen una interacción muy escasa, centrándose en la conexión que aparece entre inadaptación posterior y agresión y /o patrones de conducta antisocial temprana de los niños; otras definiciones se centran en la pasividad y ausencia de una adecuada asertividad en el niño.

Así, existen distintas acepciones de acuerdo al criterio que tengamos para evaluar la desadaptación:

1. Definición basada en la aceptación de los pares: se basa en índices sociométrico de aceptación o popularidad. Un niño disfrutaría de unas buenas relaciones con sus compañeros cuando es aceptado por ellos. El problema de esta definición es que no capta las conductas concretas que hacen que el niño sea rechazado.

2. Definición conductual: esto hace referencia a que unas relaciones sociales con los pares positivas y adecuadas se dan si el niño emite conductas específicas a la situación que aumentan la posibilidad de refuerzo, disminuyendo la probabilidad de castigo. El problema de esta definición es que no se describen cuáles son las conductas hábiles y cuáles son desadaptadas.

3. Definición de validez social: según esto, las relaciones sociales con los pares serían buenas si en una situación dada se emiten las conductas que predicen resultados importantes para los niños, como son la aprobación de otros niños, aprobación de los adultos, etc.

4. Definición basada en el juicio de los adultos: la forma más común de identificar las relaciones sociales en la infancia  es el informe directo del adulto a cargo del niño, como padres y profesores, y es cuando buscan ayuda profesional que se manifestaría una mala relación social con otros.

5. Definición desde el punto de vista de los propios niños: hay quienes opinan que los pares dan el mejor indicador de la conducta social de otro niño, ya que reporta experiencias personales directas en el trato cotidiano. Asimismo el auto reporte es un buen indicador de los niveles de conducta social, como son los reportes del grado de ansiedad frente a una relación interpersonal, niveles de soledad, niveles de auto eficacia, etc.

Los niños y adolescentes agresivos, presentan un grado de desadaptación social grave o severo.  Existe por un lado una inadaptación social y por otro conducta agresiva y patrones de conducta antisocial.

Si se considera que una conducta es socialmente competente si alcanza sus objetivos de un modo adecuado, se puede decir que tanto los niño pasivos y retraídos muestran conducta poco o nada efectivas, los agresivos muestran conductas que pueden ser muy efectivas, pero casi nunca apropiadas. El comportamiento agresivo hace uso de la fuerza física, sociológica o emocional y conduce a la violación de los derechos y sentimientos de los demás.

En general, los niños agresivos tienden a presentar una amplia gama de problemas que incluyen disfunción familiar, dificultades de aprendizaje serias y unas malas relaciones sociales. No son menos populares sino que muestran alta incidencia de fracaso escolar y abandono prematuro de la escuela, provocan la contra agresión y el rechazo de sus pares, y, sin un tratamiento de por medio, van a tener de adultos problemas de adaptación que pueden ser graves como delincuencia juvenil, conducta antisocial, problemas psicológicos, abuso y adicción a drogas, etc.

No es de extrañar que en muchas ocasiones sean identificados como niños con trastorno disocial, puesto que la principal dificultad con los iguales en este trastorno es la agresividad. La conducta agresiva va unida al rechazo social, cuestión que parece no dejar lugar a dudas.

El proceso de socialización parece estar gravemente dificultado para estos niños agresivos. Existe evidencia de que el rechazo social a que se ven sometidos los niños agresivos puede tener un papel causal en el desarrollo del trastorno disocial. El niño agredido tiende a evitar al niño agresivo. Eso a la larga llevará a cierto aislamiento auto impuesto, privándole de la oportunidad de interactuar con niños socialmente competente y aprender así formas correctas y apropiadas de comportarse y de controlar sus impulsos agresivos.

Por otro lado, cuando los niños agresivos son rechazados por el grupo mayoritario de compañeros, tienden a asociarse con otros niños igualmente agresivos y rechazados. Ello supone la exposición a modelos de más conductas agresivas y desviadas, y como se dijo, restringe las oportunidades de interactuar con modelos competente, estableciéndose un círculo vicioso.

 

PSICOPATÍAS: ADICCIONES, AGRESIVIDAD, CONDUCTAS EVASIVAS, CONDUCTAS PERTURBADORAS


Para hablar de las psicopatías debemos hacer una distinción de los dos subgrupos que la conforman, primero tenemos las adicciones y por otro lado las categorías de agresividad, conductas evasivas y perturbadoras de niños y jóvenes.

Partiremos hablando de las adicciones. Sabemos que el uso de sustancias que alteran el estado anímico, las percepciones, las emociones y el pensamiento se conoce desde los inicios de la humanidad. Sin embargo, es cierto que no llegó a constituir una amenaza de tal magnitud para las personas, la familia y la sociedad, al grado de requerir esfuerzos de la organización social para su control y tratamiento, como existe actualmente.

El consumo de drogas en culturas primitivas era aceptado y su uso era restringido a ceremonias religiosas u otros ritos culturales, limitado en espacio, tiempo y personas. Asimismo los preparados no tenían los refinamientos químicos que sí tienen hoy. Tal uso no podía ser catalogado como abuso o adicción, de acuerdo a lo que hoy conocemos.

Hoy en día el uso de sustancias alucinógenas, con fines recreativos o de evasión de la realidad es mucho más preocupante, tomando un giro dramático en la segunda mitad del siglo XX. El refinamiento químico de las sustancias, junto a la aparición de drogas sintéticas ha sido parte de este cambio, que está poniendo en jaque todos los esfuerzos por prevenir el consumo, tratar a los afectados y controlar el tráfico de tales sustancias.

La droga más utilizada actualmente, que es catalogada como productora de dependencia es el alcohol, producto que ocasiona un enorme daño a la salud pública y pérdidas económicas anuales. A este problema se ha sumado el uso de otras sustancias alucinógenas como la marihuana y alcaloides como la cocaína y pasta base.

Nos encontramos hoy ante una situación sin precedentes, en donde las naciones de mayor poder económico no han escatimado en esfuerzos para controlar el problema, sin resultados evidentes.

lunes, 24 de febrero de 2014

Causas que originan el Trastorno de Conducta


Este comportamiento agresivo y violento, que puede incluso llevar al menor a la utilización de armas de fuego, va generalmente unido a una serie de causas multifactoriales que han provocado esta situación. Algunas de las más significativas son:

Relación de este trastorno con una afección en el lóbulo frontal del cerebro, que impide a estos niños una adecuada planificación o evitación de riesgos, así como aprender de sus experiencias negativas (es importante por lo tanto no zamarrear a los niños cuando son pequeños).

Factores de origen genéticos o heredados: Es frecuente encontrar en el entorno del niño familiares con trastornos mentales graves, como esquizofrenia, trastornos de la personalidad o anormalidades neurológicas, etc.

Es frecuente, también, encontrar niños con trastornos de la conducta que presentan síntomas del Trastorno de la Atención e Hiperactividad.

Familias desestructuradas y con problemas graves entre sus miembros, que no suelen contar con el necesario apoyo familiar. Suelen ser hijos de familias marginales y muy inestables: los padres se han divorciado; son hijos de madre soltera o de padres cesantes. Estas situaciones han llegado a provocar que estos niños sufran en sus propias carnes la violencia en el hogar.

Problemas de rechazo social; niños que no son bien aceptados entre el resto de sus compañeros.

Bajo nivel socioeconómico en la familia (pobreza, carencia de medios, necesidades económicas de todo tipo).

Comportamiento agresivo o violencia previa. Presencia de situaciones de abuso físico o sexual, donde ellos han sido las víctimas.

Exposición a la violencia en los medios de difusión (televisión, radio, etc.)

Uso de drogas o de alcohol, o de ambos

Presencia de armas de fuego en la casa.

Convivir con compañeros delincuentes.

Algunos autores encuentran una asociación entre este trastorno y los trastornos de la personalidad, en especial los referidos a la personalidad sádica, que es uno de los síntomas más destructivos de este trastorno. Este afán destructivo lo dirigen hacia los demás y se identifica al principio de la edad adulta. En los niños se presenta en forma de crueldad hacia los animales.

jueves, 20 de febrero de 2014

Síntomas del trastorno disocial


Los síntomas del trastorno disocial van unidos a un tipo de comportamiento repetitivo y persistente en el que se violan los derechos básicos de las personas, así como normas sociales propias de la edad. Según los criterios establecidos por el DSM-IV la edad en la que suele aparecer es a partir de los 15 años.

Estos síntomas pueden aparecer también en niños que no padecen este tipo de trastorno de conducta, siendo más frecuente su aparición en aquellos que padecen Trastorno por Déficit de Atención o un trastorno Oposicionista Desafiante mal manejado.

Asimismo, suele manifestarse junto con otros trastornos de la salud mental como, por ejemplo, trastornos del estado de ánimo, de ansiedad, de estrés postraumático, abuso de drogas, trastornos del aprendizaje, etc. Como se ve síntomas más propios de un trastorno de conducta negativista y desafiante, considerado por algunos autores como fase previa al trastorno disocial.

Los padres habrán de estar muy atentos a estos síntomas y recurrir al médico cuando considere que su hijo presenta un cuadro parecido. Los síntomas más frecuentes, según el DSM-IV, van acompañados de los siguientes comportamientos:

Comportamiento agresivo: tanto hacia las personas como hacia los animales, sin que exista una afectación emocional, al menos en apariencia. Suele ir unida a una amenaza o a un daño físico a otras personas, reflejada en una conducta intimidatoria; enfrentamientos físicos; acciones violentas hacia los demás; utilización de armas (palos, piedras, cuchillos, botellas rotas, pistolas); suele ser cruel con las personas y los animales; roba a sus víctimas; fuerza a otras personas a mantener una relación sexual con él; se manifiesta de una manera cruel con los animales.

Comportamiento destructor, caracterizado por un vandalismo y un espíritu destructor de la propiedad privada, generalmente de los otros, que puede llegar, incluso, al incendio intencionado de esa propiedad. El fin no es otro que el de causar el mayor daño posible.

Falsedad y engaño, se caracteriza porque fuerza la entrada en el edificio, casa o automóvil de otras personas; utiliza la mentira para obtener aquello que de otra forma no alcanzaría o para evitar la ejecución de sus obligaciones; es un mentiroso incumplidor. Su objetivo único y prioritario va encaminado a conseguir sus propósitos.

Violación de reglas, en este apartado nos referimos a aquellas reglas que son propias de los niños y adolescentes, como las relacionadas con la no asistencia a clase; realizar bromas pesadas; travesuras de todo tipo; pasar la noche fuera de casa, pese a la negativa de los padres; etc.

Los primeros síntomas, sin embargo, suelen ser más simples y a veces nos pueden confundir con la evolución propia de la edad. Estos síntomas o "señales de alerta" son: una ira intensa; ataques de furia o pataletas; una irritabilidad e impulsividad extremas; y frustrarse con facilidad.

A consecuencia de todo ello el niño que padece un trastorno disocial sufre un fuerte deterioro en su vida social, académica o laboral, si fuese el caso.

Por último, conviene señalar que los trastornos de conducta presentan, en cuanto al sexo, una serie de diferencias; así, por ejemplo, en los chicos se observa conductas agresivas y violentas, mientras que en las chicas son más frecuentes los incumplimientos normativos.

 

Trastorno Disocial


Se entiende como trastorno de conducta a la alteración del comportamiento, que se manifiesta de una manera antisocial, ya desde la infancia, y que se refleja en una serie de violaciones de normas que no son propias de la edad, como los enfrentamientos con otros niños; escaparse de clase, etc., y que son consideradas más allá que la propia “maldad infantil” o rebeldía del adolescente.

Estas manifestaciones van unidas a una serie de situaciones familiares, sociales, escolares que las van a potenciar.

Aunque aparecen en etapas infantiles, pueden continuar y se amplia en la edad adulta. Por otra parte, indicar que este Trastorno Disocial afecta, al igual que ocurre con otros trastornos de conducta, como los recién vistos, en mayor medida más a los niños que a las niñas.

Finalmente, indicar que este tipo de trastorno disocial suele ir precedido de otro trastorno, el negativista desafiante, que aparece con mayor frecuencia en los años preescolares, mientras que el trastorno de conducta aparece en niños mayores, en adolescentes. Esta opinión, sin embargo, hoy en día es discutida por algunos autores.

miércoles, 19 de febrero de 2014

¿Cómo se manifiesta el trastorno oposicionista y desafiante?


Las principales características de este trastorno vienen determinadas por una serie de situaciones caracterizadas por una falta evidente de cooperación, desafío y comportamiento hostil hacia todo aquello que indique autoridad. Las formas más frecuentes de manifestarse, según se recoge en las clasificaciones actualmente operativas: CIE-10, DSM-III-R y DSM-IV, son las siguientes:

Se enfadan con relativa frecuencia, se encoleriza. Es muy habitual en ellos las rabietas de todo tipo; pierden con facilidad la paciencia.

Discuten continuamente con los adultos.

Desafían las reglas de los adultos, por ejemplo, negarse a realizar las tareas.

Son provocadores

Son niños que intentan en todo momento molestar y fastidiar de una manera deliberada a las personas que les rodean.

Culpan y reprochan a los demás de sus propios errores.

Suelen estar coléricos y resentidos con todo lo que les rodea. Se molestan con facilidad y son quisquillosos e irritables

 Utilizan un lenguaje obsceno

 Es rencoroso y reivindicativo. Cuando se enfadan utilizan palabras hirientes, con la intención de hacer daño

Suelen tener problemas académicos

Son mentirosos e incumplidores.

En ocasiones, los niños pueden presentar unos síntomas parecidos a los que caracterizan este trastorno, pero que son pasajeros y propios de la edad. Los padres y profesores tendrán que estar atentos a estas diferencias, ya que para que se pueda hablar de trastorno estos síntomas se deben presentar con una gran frecuencia, además de interferir en el aprendizaje, la adaptación en la escuela y, algunas veces, con las relaciones personales del adolescente.

martes, 18 de febrero de 2014

Trastorno Oposicionista Desafiante

Los niños al cumplir los dos, tres años suelen mostrar un comportamiento caracterizado por su terquedad, oposición a los padres y maestros, que suele ser más evidente en la adolescencia.

Este comportamiento en sí mismo no presenta ningún tipo de anormalidad o anomalía alguna. Sin embargo, cuando estos síntomas se hacen más frecuentes, repetitivos y se convierten en un comportamiento agresivo hacia los demás, influyendo en su vida escolar, social y académica, entonces hay que comenzar a pensar que allí puede haber un posible trastorno de la conducta.

El trastorno oposicionista y desafiante, también conocido como trastorno de la conducta negativista y desafiante se caracteriza, por lo tanto, por un enfrentamiento continuo con los adultos y con todas aquellas personas que tengan algún rasgo de autoridad, en especial dentro de la familia y de la escuela.

 Suele aparecer en el niño, en torno a los dos o tres años, como una manifestación de oposición y desafío, aunque será a partir de los siete años cuando se manifieste como tal el trastorno, afectando entre un cinco y un quince por ciento de la población escolar.

 Hasta hace muy poco tiempo era comúnmente aceptado por todos los especialistas que el trastorno desafiante y oposicionista precedía y terminaba convirtiéndose en un trastorno de conducta. Así el CIE-10 consideraba al trastorno oposicionista como un subtipo dentro del trastorno disocial o de conducta. Sin embargo, existen evidencias que indican, que ambos trastornos son independientes entre sí; así, por ejemplo, vemos que en el trastorno oposicionista predomina una actitud provocadora y hostil sobre las conductas destructivas o sobre la violación de los derechos fundamentales de los demás.

Trastornos de Conducta

Los trastornos de conducta, en general se caracterizan por una alteración en el patrón normal de la conducta del niño o adolescente, el cual es desadaptativo en relación al lugar en que se presenta e interfiere en la vida cotidiana del menor y su familia. 

Revisaremos algunos de los trastornos de conducta más relevantes para el área educativa. Los cuales son el Trastorno Oposicionista Desafiante y el Trastorno Disocial.
 
 

lunes, 3 de febrero de 2014

Trastorno obsesivo – compulsivo


El trastorno Obsesivo Compulsivo es un trastorno de la ansiedad en el cual quienes lo padecen tienen un pensamiento, preocupación o temor cuya característica es ser irracional, y que tratan de superar mediante una actividad ritualizada para educir los montos de ansiedad.
 

Los pensamientos o imágenes perturbadoras son frecuentes y se denominan obsesiones, mientras que los rituales de conducta que llevan a cabo para evitarlos o disiparlos se llaman compulsiones.

 
Obsesiones

 Como se dijo, las obsesiones son pensamientos, impulsos, imágenes, temores o preocupaciones irracionales que se repiten con frecuencia y generan gran ansiedad o malestar significativo, pero no se pueden controlar a través del razonamiento.

 
La obsesión posee la cualidad de ser intrusa e inapropiada, lo cual se denomina “egodistónica”, lo cual hace referencia a que la sensación que tiene el sujeto de la obsesión es ajeno, fuera de su control, y no encaja con el tipo de pensamientos que él esperaría tener, asimismo, la persona es capaz de reconocer que estas obsesiones son producto de su mente y no vienen desde fuera, lo que se llama inserción del pensamiento.

 
Entre las obsesiones más comunes tenemos:

 
-          Preocupación exagerada por la suciedad o los gérmenes

-          Miedo exagerado a contraer enfermedades al tocar a otra persona u objeto

-          Dudas constantes de si hicieron algo en concreto, por ejemplo, la persona puede dudar repetidamente de si apagó la cocina

-          Necesidad de colocar los objetos en un orden muy especial

-          Pensamientos sobre la violencia o la posibilidad de lastimar a alguien

-          Largos periodos dedicados a manipular o contar objetos

-          Preocupación por el orden o la simetría excesiva

-          Pensamientos constantes de realizar actos sexuales repugnantes

-          Pensamientos constantes que están en contra de las propias convicciones religiosas

 Si bien las personas que padecen el trastorno tienen clara conciencia de que sus pensamientos no son razonables y están desligados de los problemas de la vida real, esta conciencia no basta para disiparlos.

 En su intento por librarse de tales pensamientos obsesivos, quienes sufren del trastorno adoptan un comportamiento compulsivo.

 Compulsiones

 Las compulsiones son conductas repetitivas y ritualizadas, o bien actos mentales, que se llevan a cabo para reducir la ansiedad provocada por las obsesiones. Algunos ejemplos de compulsiones son las siguientes:


-          Lavarse las manos repetidamente y de una forma especial, llegando incluso a ser más de cien veces al día

-          Rezar compulsivamente o repetir palabras en silencio

-          Verificar una y otra vez que las puertas estén cerradas o la cocina apagada

-          Establecer reglas de orden rígidas, por ejemplo ponerse la ropa por las mañanas en el mismo orden, ordenan alfabéticamente los productos de la despensa y alterarse si el orden se altera

 Las conductas obsesivas compulsivas pueden ser exageradas, perturbadoras y consumen mucho tiempo diario, interfiriendo con las actividades cotidianas y las relaciones interpersonales.

 El Trastorno Obsesivo Compulsivo comienza a menudo en la adolescencia o la juventud, pero también puede presentarse en la infancia. Es una enfermedad que afecta a hombres y mujeres por igual, y aparentemente tiene un origen familiar. La edad promedio de aparición del trastorno es entre 6 y 15 años para varones y entre los 20 y 29 años para las mujeres. La mayor parte de las veces tiene un inicio gradual, pero crónico con altas y bajas, exacerbándose los síntomas en periodos particularmente estresantes para la persona.

 Por etapa del desarrollo, los adultos suelen reconocer en algún momento de su enfermedad el carácter irracional del mismo, lo cual no se exige en el caso de los niños, que por su desarrollo no disponen aún de la suficiente capacidad cognitiva para llegar a conclusiones de este tipo.

 Las obsesiones y compulsiones suelen reemplazar actividades productivas y gratificantes y desestructurar enormemente la actividad global del individuo. Dado el potencial perturbador de las obsesiones, suelen ocasionar una disminución del rendimiento personal en las actividades o tareas cognitivas que necesitan concentración, tales como la lectura. 


Es frecuente que este trastorno vaya acompañado de otros tipos de ansiedad, depresión, trastornos alimenticios o abuso de alcohol y drogas, que se busca como una manera de alivio de las obsesiones, aunque sin éxito.

 Sólo se diagnostica el Trastorno Obsesivo Compulsivo si las obsesiones y actividades compulsivas:


-          Consumen por lo menos una hora diaria

-          Son muy angustiantes

-          Interfieren con la vida cotidiana

 

sábado, 1 de febrero de 2014

Trastorno de ansiedad de separación


Generalmente, los niños que sufren ansiedad o angustia de separación son remitidos al psicólogo por sus padres, es una de las causas frecuentes de consulta, y los mismos padres se dan cuenta de la anormalidad de los síntomas, preocupándose por la resistencia del hijo a ser separado de ellos.


La separación forma parte de la existencia humana, el afrontamiento de las pérdidas, ya sea transitorio o definitivo, es una experiencia constante en el proceso de desarrollo vital. Desde la infancia hasta la ancianidad cada persona está obligada necesariamente a decir adiós muchas veces.


La característica esencial del trastorno de ansiedad de separación es una ansiedad excesiva superior a lo esperado en niños del mismo nivel de desarrollo, que puede llevar al pánico, ante la separación real o incluso anticipada del hogar o de las personas con quienes el niño se encuentra más vinculado emocionalmente. Siendo bastante frecuente, alrededor de un 4% de los niños y adolescentes lo presentan. La duración debe ser al menos de cuatro semanas seguidas presentando los síntomas, con inicio antes de los 18 años, estando incluso presente en menores de 6 años.


Los niños más pequeños exhiben un comportamiento de sombra o lapa con la persona con quien establecen el vínculo, que por lo general es la madre. Incluso no pudiendo separarse de ella dentro del mismo hogar, siguiéndola por toda la casa. En esas situaciones donde se genera la ansiedad, amenazan e incluso realizan ademanes suicidas anticipándose a la separación con dicha figura.


Cuando están separados de las personas con las que mantienen un vínculo estrecho afectivo, los niños y adolescentes suelen preocuparse en exceso por miedos a accidentes o enfermedades que pueden afectar a las personas queridas o incluso a ellos mismos.


Dependiendo de la edad puede manifestarse el trastorno asociado a otros miedos específicos como miedo a animales, monstruos, oscuridad, fantasmas, ladrones, secuestradores, accidentes de tránsito y otras situaciones de peligro para la familia, siendo recurrentes las preocupaciones acerca de la muerte, lo que manifiesta además en terrores nocturnos.


Al alejarse del hogar o de las personas con quienes mantiene este vínculo estrecho, pueden manifestar de modo frecuente el retraimiento social, apatía, tristeza y dificultades para concentrarse en el juego o en le trabajo escolar.


En el Trastorno de Ansiedad por Separación es frecuente la resistencia a ir a la escuela, evitando ir al colegio, el niño manifiesta quejas somáticas acerca de síntomas físicos imprecisos, como dolor de estómago o de cabeza, además de presentar rabietas, llanto y otras conductas para llamar la atención de los padres y evitar la separación temida.


Suele suceder que este Trastorno aparezca luego de un periodo prolongado de vacaciones o de un periodo de enfermedad en el cual el niño no ha asistido a la escuela por un tiempo y ha recibido los cuidados y protección de parte de las figuras de su hogar. Es más frecuente durante el inicio de las clases a principios de cada año.


En niños pequeños el inicio del trastorno suele ser agudo, para luego transformarse en crónico, en el caso de los adolescentes en cambio el inicio es más gradual, pero más intenso, grave y de peor pronóstico.


En resumen, podemos decir que el Trastorno de Ansiedad de Separación se hace manifiesto en cualquier situación en donde el niño es separado de sus padres, o por la figuras de vinculo cercano. Si bien el problema no está circunscrito a una situación específica, suele ir asociado al rechazo a ir a la escuela.
 

La ansiedad de separación sucede normalmente durante una fase del desarrollo del niño, comenzando en la última mitad del primer año de vida y dura hasta los quince o veinte meses, declinando al tercer año. Ahora bien, cuando dicho fenómeno está totalmente ausente, se infiere igualmente un trastorno de vinculación, ya que se da una incapacidad del niño de vincularse normalmente con figuras cercanas.

La diferencia entre las respuestas de ansiedad al separarse de los padres que son normales para el curso del desarrollo y el Trastorno de Ansiedad por Separación reside, entre otros, en la frecuencia, intensidad y duración del malestar del niño, así como la alteración que produce en el funcionamiento cotidiano de la familia.

viernes, 23 de julio de 2010

Inteligencia y Capacidad Emocional

Primitivamente nuestras emociones nos proporcionaban claves para la supervivencia, el miedo nos ayuda a protegernos del peligro, la isa ayuda a enfrentar obstáculos en pos de lo que necesitamos, por ejemplo. Sin embargo hemos evolucionado y con ello la sociedad de la que somos parte, haciéndose necesaria una nueva capacidad de regulación emocional, que nos permita comprender qué sentimos y qué sienten los demás en alguna situación determinada.

Esto es especialmente válido en los niños, donde las capacidades relacionadas con las emociones se convierten en un tesoro valioso para el futuro personal y social.

Cualidades como el optimismo, la persistencia y la automotivación forman parte de lo que se llama inteligencia emocional. El coeficiente emocional no se basa en el grado de inteligencia de un niño, sino en lo que se denomina carácter o características de la personalidad. Estas capacidades y esta inteligencia emocional puede llegar a ser más importante en el éxito en la vida que un coeficiente intelectual elevado.

La inteligencia emocional describe una serie de cualidades emocionales importantes para lograr el éxito, entre las que se encuentran el respeto, la cordialidad, la simpatía, la empatía, la independencia, la expresión y comprensión de los sentimientos, la capacidad de adaptación, la capacidad para resolver problemas interpersonales, la persistencia, el control de las propias emociones negativas y la amabilidad. De este modo, la inteligencia emocional es un subconjunto de la inteligencia social que contiene a la capacidad para controlar y comprender los sentimientos y emociones propios y ajenos, usando además esta información para guiar el pensamiento y las conductas posteriores. Aunque no es posible medir fácilmente estas características sí pueden ser reconocidas en los niños a través de sus acciones.