Mostrando entradas con la etiqueta adaptación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta adaptación. Mostrar todas las entradas

lunes, 31 de diciembre de 2018

Regulación Emocional


       1.            Sintonizar con el estado mental del niño: sintonizar se relaciona con un nivel mucho más profundo que con el “empatizar”, dado que esto último hace referencia a “ponerse en el lugar del otro”. No obstante en “sintonizar” se relaciona no sólo con empatizar, sino con hacer un tipo de conexión que permite el darse cuenta de lo que el otro necesita en ese momento. Por ejemplo, si Amanda, comienza repetitivamente a acercarse a un adulto para llamar su atención, lo importante no es llamarle la atención por esto sino más bien entender porqué lo hace. Es decir, el buscar repetitivamente a una persona mayor, se relaciona más bien con la necesidad de seguridad. Por tanto, entender la emoción que un niño puede tener para la realización de una conducta en particular y pensar cuál es el tipo de necesidad asociada a esa acción. En este sentido, la contención podría ser una solución para abordar este tipo de situaciones. Para esto es importante observar lo que les ocurre y así identificar lo que necesitan. Para sintonizar con el estado mental de un niño idealmente se debe estar tranquilo y tener la apertura necesaria para resonar lo que les pasa.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Algunas carcateríticas de un trastorno de personalidad


1.    Escasa flexibilidad en la adaptación: se expresa en un patrón escaso y rígido de estrategias alternativas que una persona utiliza para lograr sus objetivos y enfrentar conflictos cotidianos, en especial en la relación con otros. Así, esta persona resulta incapaz de adaptarse a los acontecimientos, producto de ese escaso repertorio conductual, cognitivo y afectivo.

2.    Tendencia a vínculos distorsionados:  una alteración a nivel de la personalidad desencadena una serie de alteraciones patológicas, que se perpetúan producto de la propia alteración, es decir, el propio sujeto perpetúa sus dificultades, provoca conflictos nuevos y pone en marcha círculos viciosos autodestructivos que intensifican el malestar psicológico. Esta tendencia a establecer vínculos afectivos con otros distorsionados tiene su origen en la calidad del apego con la figura materna en la primera infancia.


3.    Debilidad del yo: el “yo” se define como la instancia psicológica que regula la adaptación entre las exigencias internas y externas, mientras más fuerte es ese “yo”, mejor se toleran las tensiones y conflictos entre las demandas internas y la realidad externa. Por lo tanto una debilidad del “yo” se expresa en baja tolerancia a la ansiedad, dificultad en el control de los impulsos (por ello se dice que los niños tienen un “yo” inmaduro), baja tolerancia a la frustración, etc.

martes, 4 de marzo de 2014

Sobreadaptación


Es frecuente que un niño sobre adaptado presenta somatizaciones de todo tipo. Se describen a estos niños como por circunstancias atinentes a su desarrollo, se les ha exigido comportarse de una manera “correcta” frente a situaciones y personas estresantes, separándose la emoción que verdaderamente siente el menor, de lo que le dicen que debe sentir. Así su conducta se caracteriza por este “deber ser”, más que por la libertar de expresión del propio niño.

Se plantea que estamos ante niños que tienen un desarrollo marcado por la precocidad, se han saltado etapas, en una huida hacia la adultez (obviamente pseudo-adultez). En este salto habrían quedado "huecos de simbolización" que representan el costo de tal "desarrollo apurado".

La adaptación precoz, pero sólo formal, a las exigencias de la realidad ubica a estos niños, ante los ojos de los demás, como paradigmas de capacidad y eficiencia. Son menores que se han sobredesarrollado en aspectos relativos a la adaptación a la realidad externa a costa de su propia realidad interna: sobresalen y son talentosos al operar con las reglas de la materialidad de los objetos, pero fracasan al ser confrontados con situaciones en que la adaptación implique percibir y responder a las reglas de relación con objetos humanos, con sus matices, cualidades y necesidades emocionales.

Esta sobreadaptación también se manifiesta en un funcionamiento corporal (ciclos sueño-vigilia, apetito-saciedad, activación-reposo, menstrual, etc.) en el que sobresale una regularidad que inclusive puede llegar a la rigidez (personas que no se enferman, no se cansan, tienen ciclos menstruales de duración exacta, etc.). Tal regularidad sustentaría la sobresaliente capacidad y eficiencia laboral o académica.

 
Los criterios de para clasificar a un niño con patología psicosomática, se deben cumplir las siguientes tres condiciones:

 1. Existencia de una alteración fisiológica constatable en concomitancia con una alteración psicológica demostrable.

 2. Que tal sintomatología constatada adquiera sentido a la luz de la estructura de personalidad, los conflictos psíquicos medulares o la historia vital del sujeto (más que ser un hecho meramente fisiológico).

 3. Que tales alteraciones sobrevengan bajo condiciones estresantes, tanto determinadas intrapsíquicamente como por circunstancias vitales reales.