miércoles, 19 de febrero de 2014

Causas que originan el trastorno oposicionista


Aunque las causas son difíciles de precisar de manera directa, sí se puede encontrar una influencia para el desarrollo de este trastorno en el ámbito familiar, basándose en la opinión de algunos padres que dicen que su niño con Trastorno Desafiante y Oposicionista era más rígido y demandante que sus hermanos desde su más temprana edad. A estos habría que añadir una serie de factores biológicos y del ambiente, como causantes de este trastorno.

Estudios recientes han llevado a analizar como posibles causas en la parición de este trastorno dos teorías, conocidas cada una de ellas como teoría del desarrollo y teoría del aprendizaje, respectivamente.

La teoría del desarrollo, parte de una edad muy temprana en el niño, cuando éste tiene entre uno y dos años de edad, momento en el que encuentra problemas de autonomía, caracterizados por una cierta dificultad para separarse de la persona a la que se encuentra ligado emocionalmente. Como consecuencia de ello surgen unas actitudes negativas que son consideradas como una continuación de “las cuestiones normales del desarrollo que no se resolvieron de forma adecuada durante los primeros años de vida”.

La segunda de las teorías es la teoría del aprendizaje, para quien “las características negativas del trastorno de conducta oposicionista y desafiante son actitudes aprendidas que reflejan los efectos de las técnicas de refuerzo negativo empleadas por los padres y figuras de autoridad”. La utilización de refuerzos negativos por parte de los padres o maestros, por ejemplo, como figuras de autoridad más destacadas, provoca un incremento en la frecuencia y la intensidad de este tipo de conducta en el adolescente, ya que con ello lo que hace es reclamar de una forma directa la atención, el tiempo, la preocupación y la interacción que desea obtener de esas personas.

martes, 18 de febrero de 2014

Trastorno Oposicionista Desafiante

Los niños al cumplir los dos, tres años suelen mostrar un comportamiento caracterizado por su terquedad, oposición a los padres y maestros, que suele ser más evidente en la adolescencia.

Este comportamiento en sí mismo no presenta ningún tipo de anormalidad o anomalía alguna. Sin embargo, cuando estos síntomas se hacen más frecuentes, repetitivos y se convierten en un comportamiento agresivo hacia los demás, influyendo en su vida escolar, social y académica, entonces hay que comenzar a pensar que allí puede haber un posible trastorno de la conducta.

El trastorno oposicionista y desafiante, también conocido como trastorno de la conducta negativista y desafiante se caracteriza, por lo tanto, por un enfrentamiento continuo con los adultos y con todas aquellas personas que tengan algún rasgo de autoridad, en especial dentro de la familia y de la escuela.

 Suele aparecer en el niño, en torno a los dos o tres años, como una manifestación de oposición y desafío, aunque será a partir de los siete años cuando se manifieste como tal el trastorno, afectando entre un cinco y un quince por ciento de la población escolar.

 Hasta hace muy poco tiempo era comúnmente aceptado por todos los especialistas que el trastorno desafiante y oposicionista precedía y terminaba convirtiéndose en un trastorno de conducta. Así el CIE-10 consideraba al trastorno oposicionista como un subtipo dentro del trastorno disocial o de conducta. Sin embargo, existen evidencias que indican, que ambos trastornos son independientes entre sí; así, por ejemplo, vemos que en el trastorno oposicionista predomina una actitud provocadora y hostil sobre las conductas destructivas o sobre la violación de los derechos fundamentales de los demás.

Trastornos de Conducta

Los trastornos de conducta, en general se caracterizan por una alteración en el patrón normal de la conducta del niño o adolescente, el cual es desadaptativo en relación al lugar en que se presenta e interfiere en la vida cotidiana del menor y su familia. 

Revisaremos algunos de los trastornos de conducta más relevantes para el área educativa. Los cuales son el Trastorno Oposicionista Desafiante y el Trastorno Disocial.
 
 

viernes, 14 de febrero de 2014

Génesis de la Autoestima, Autoconcepto y Motivación en los Educandos

Los expertos afirman que el concepto de sì mismo se desplaza durante la infancia desde un locus de control externo físico, referido a la habilidad motora expresada mediante la manipulación del mundo físico, la motilidad continua como saltar, jugar, correr y la motricidad coordinada que se expresa en habilidades como el andar en triciclo o bicicleta, por ejemplo. Así, durante los primeros años escolares las actividades y habilidades físicas cobran relevancia en la propia autoevaluación. Si se pide al niño que se describa  éste lo hará en función de las acciones que realiza.

 Luego, a los siete años aproximadamente, este foco de atención se desplaza a la comparación entre lo que ellos hacen y lo que hacen los otros y se describen en función de esa percepción. Esto significa un cambio de foco, desde las acciones habituales externas del sì mismo hacia las competencias internas del sì mismo; es decir, hacia un locus psicológico interno.

 Este punto cobra gran importancia en el sistema escolar dado que el niño se va a percibir  conforme sea la percepción que los otros tienen de él. Su sentido de competencia depende ahora de factores externos, como la evaluación de  la persona más significativa y que sirve de modelo en el contexto escolar; el profesor y además sus pares.

 En relación a sus compañeros, el niño se enfrenta a un mayor número de comparaciones respecto de sus habilidades, competencias y su desempeño dentro del grupo. Puede resultar como adecuado o inferior en la ejecución de sus tareas escolares. Si el sentimiento es de inferioridad disminuye el interés por sus tareas y evitara situaciones de evaluación para no experimentar su incapacidad y pérdida de confianza en sus capacidades. Muchas veces asumen una actitud de inercia, de inactividad. Esta Actitud de inercia se da en alumnos contrastarnos de aprendizaje los cuales ante reiteradas experiencias de fracaso escolar van mermando su nivel de autoestima. Ante dificultades académicas, por ejemplo, cuando tiene un éxito académico lo explican como resultado de factores externos “lo fácil que era la actividad”; y cuando fracasa en alguna tarea lo atribuyen a su falta de habilidad: “no soy bueno para esto”. En el primer caso se habla de atribución externa y en el segundo de atribución interna.

 Con el ingreso del niño al sistema escolar se produce un cambio y ampliación de los factores que afectan el desarrollo de la autoestima y de autoconcepto. Estos factores que inicialmente pertenecen al ámbito privado de la familia pasan a multiplicarse y compartirse por los otros niños, profesores y toda la amplia gama de experiencias que proporciona la escuela. Así entonces, el autoconcepto se formaría gradualmente a partir de las experiencias del niño con su realidad más cercana, siendo la familia el primer agente, en la configuración de la autoimagen primaria, es aspectos tanto físicos como psicológicos, las cual se verá influida por el agente secundario que es la escuela.

 En conclusión se puede decir que el autoconcepto y la autoestima se van delineando en la relación con los otros, por ello las relaciones interpersonales en la escuela influyen fuertemente en el autoconcepto del niño y esto a su vez incidirá en el desempeño cognitivo y social del escolar. Es importante que los profesores promuevan un ambiente que favorezca el desarrollo de habilidades sociales y de interacción afectiva con sus pares y con los mayores con el propósito de resguardar el desarrollo positivo tanto del autoconcepto como de la autoestima.

 El proceso educativo incluye además la motivación, la cual influye en el logro académico. Respecto a la motivación se puede decir que genera un alto compromiso conductual i emocional  con las labores y es ésta la que finalmente impulsa el acto de aprender.

jueves, 13 de febrero de 2014

Recursos Psicológicos del Educando

Existen diversas variables internas en los alumnos que influyen en su comportamiento y rendimiento escolares. Es necesario conocerlas para tener una mayor comprensión y ampliar la mirada frente a las conductas que muestran los niños. Sin embargo, ellos no sólo dependen del niño sino que, también, del apoyo que otorguen los otros cercanos y significativos como los padres y profesores.

 Varios estudios en esta área confirman una relación positiva entre rendimiento escolar y variables intrínsecas del niño como autoestima, autoconcepto, motivación y expectativas.

 Se hace necesario entonces conocer el significado de estos constructos psicológicos.

1.- Autoconcepto: Básicamente es una percepción que tienen los individuos de diversos aspectos de sí mismos. Estas cogniciones, que el individuo tiene conscientemente acerca de sì, incluyen todos los atributos, rasgos y características de personalidad que estructuran y se incluyen en lo que el individuo concibe como su yo. Es la imagen que tenemos de nosotros mismos en las dimensiones perceptual, cognitiva y afectiva. Responde a la pregunta ¿quién soy yo?

 2.- Autoconcepto Académico: Este concepto se define como la parte del sì mismo que se relaciona más directamente con el rendimiento académico y aparentemente, sirve como un sistema de guía personal para dirigir el comportamiento en la escuela y juega un rol fundamental en la determinación del rendimiento académico del estudiante.

 
El Autoconcepto académico integra las siguientes dimensiones:

 a.- Interrelación: Juega un rol importante el aprecio que el niño tiene por sus compañeros y el nivel de confianza que logra en la relación con ellos. Un niño con un buen nivel afectivo y social con sus pares se identifica con su contexto escolar, es amistoso, espontáneo, tolerante a la frustración y maneja de mejor manera la rabia.

 b.- Asertividad: Incluye la habilidad de expresar adecuadamente tanto los sentimientos positivos como negativos; por ejemplo, afecto, respeto y amor que facilita o sirve de base al sentido de control que experimenta el niño sobre lo que ocurre en la clase.

Conductualmente se expresa en acciones donde el niño manifiesta los propios sentimientos y sus derechos sin negar los de los demás. Una alta asertividad implica que el niño está dispuesto a enfrentar la autoridad y hacerse escuchar, defiende su propia identidad personal y exige reconocimiento.

c.- Seguridad en sì mismo: Se refiere a la confianza en el propio potencial. Un alto compromiso le permite asumir las actividades como reforzantes y por tanto requiere de pocos esfuerzos extrínsecos.

 4.- Capacidad de afrontamiento: Se refiere a la confianza que tiene el niño en sus habilidades académicas para satisfacer las demandas del medio orientadas al cumplimiento de las metas académicas. La pregunta aquí es ¿soy capaz de hacerlo?

 Desde este enfoque un niño con un nivel de Autoconcepto académico tendera a esforzarse y mantener el esfuerzo en una situación de aprendizaje, por el contrario, si el menor posee un bajo Autoconcepto académico va a disminuir el esfuerzo y la manutención del mismo, evitando las situaciones de aprendizaje que amenazan su Autoconcepto.

 

miércoles, 12 de febrero de 2014

La familia y la autoestima

La autoestima, además es aprender a querernos y respetarnos, es algo que se construye o reconstruye por dentro. Esto depende, también, del ambiente familiar en el que estemos y los estímulos que este nos brinda.
 

Por ejemplo, cuando existe violencia intrafamiliar, se puede decir que las víctimas y los victimarios poseen muy baja autoestima, ya que por un lado, la víctima es alguien al que maltratan sin que ésta pueda poner límites y no se da cuenta de que está siendo abusada. Por otro lado, los victimarios compensan lo inferior que se sienten, maltratando y abusando, en este caso, de un familiar.


Muchas de las heridas emocionales que tiene una persona, producidas en su niñez pueden causarnos trastornos psicológicos emocionales y físicos (cáncer, úlceras, hipertensión, trastornos cardíacos y alimentarios, problemas en la piel, depresiones, etc.), produciendo dificultades en la vida de las mismas(conflictos serios en el trabajo, disminución de la energía y de la capacidad creativa, relaciones matrimoniales desastrosas, no poder hacer o conservar amigos, poco entendimiento con las hijas e hijos).


Existen padres, madres, docentes o cuidadores que humillan, desprecian, no prestan atención, se burlan o se ríen del niño/a cuando pide ayuda, siente dolor, tiene un pequeño accidente, necesita que lo defiendan, expresan miedo, piden compañía, se aferra buscando protección, tiene vergüenza, etc.. Estas actitudes se completan con otras totalmente opuestas, demostrándole al niño que es "querido y bonito" creándole una gran confusión. Pero estas muestras de cariño son aparentes, adjudicándole un rotulo a su identidad, que trae como consecuencia un peso negativo en formación y en el desarrollo de sus capacidades.


En el momento en que la persona afectada es adulta, transmitirá la humillación o el maltrato a personas más pequeñas o vulnerables. Es una cadena hereditaria de abuso y poder, ya que el desprecio y la vergüenza vivida en la infancia son la fuente de los problemas que afectan en la vida adulta y los causantes de la baja autoestima.

La principal imagen y más generalizada forma de violencia es el maltrato emocional. Hay muchas maneras pasa asustar a un niño y hacerlo sentir culpable e intimidado, sin recurrir a la violencia física. El niño o la niña se atormenta con pensamientos y sentimientos que no pueden comunicar ni compartir con nadie y aprenden a soportar el dolor y el silencio.
 

La autoestima y la comunicación están muy relacionadas, porque según como se diga algo, el efecto será positivo o negativo, de aprendizaje o de resentimiento, que se transmite desde la infancia hacia el futuro. Por esta razón, se entiende que los padres y madres que dañan la autoestima de sus hijos no siempre lo hacen intencionalmente, ya que ellos fueron educados del mismo modo.
 

Cuando los padres quieren que sus hijos reaccionen como ellos desean, suelen comportarse de maneras particulares. Estas maneras pueden ser:


Mártires: controlan al niño haciéndolo responsable de su sufrimiento y culpable por todo lo que pueda querer o hacer que no le caiga bien a estos mártires, a quienes nada les viene bien, y recurre a las quejas, los reproches, las lagrimas, las amenazas de que les va a dar una ataque, etcétera.
 

- Ves como me sacrifico por ti y no te importa-

- Dejé todo para criarte y me lo pagas haciendo eso-

- ¿En qué nos equivocamos que nos haces estas cosas?-

 
Dictadores: controlan al niño o la niña atemorizándolos cuando hacen algo no autorizado, son estrictos y amenazantes para que obedezcan y todo los enfurece. Condenado de manera inapelable al niño, con burlas, gritos, despliegue de poder y dominación.


- Como podes ser tan estúpido/a, como no te das cuenta de las cosas-

- Te avisé y ahora vas a ver lo que te pasa por no obedecer-

- Yo no tengo que darte explicaciones, lo haces porque te lo ordeno y punto-

A veces estos roles (mártir y dictador) se combinan, se alternan y agregan mas confusión a los niños porque también van acompañados con demandas o manifestaciones de cariño. Y si un hijo llega a quejarse, a llorar o a reclamar por el trato que recibe puede volver a ser juzgado, culpado y descalificado.


Según se hallan comunicado nuestros padres con nosotros así van a ser los ingredientes que se incorporen a nuestra personalidad, nuestra conducta, nuestra manera de juzgarnos y de relacionarlos con los demás.


Esas voces quedan resonando dentro de nosotros toda la vida. Por eso hay que aprender a reconocerlas y anular su poder para que no nos sigan haciendo sufrir, para liberarnos de esos mandatos distorsionados y para no volver a repetírselos a nuestros hijos e hijas.


Ninguna forma de maltrato es educativa y ningún mensaje o comunicación que culpabiliza, critica, acusa, insulta o reprocha es un buen estímulo para nadie. Y menos en la infancia, cuando no hay posibilidades de defenderse, protegerse o entender que es la impotencia y el desconocimiento de otras formas de trato lo que lleva a los padres y madres a asumir ese papel de mártir o de dictador.
 

Lo primero que hay que entender es que no podemos hacernos cargo toda la vida de los problemas que amargaron o hicieron de nuestros padres y madres personas mártires o dictadoras. Basta con empezar a investigar de que manera nos afectaron esas actitudes, para comenzar a liberarnos de sus efectos y no repetir nada de esto con los propios hijos e hijas, con nuestros alumnos, con cualquiera de nuestros chicos o chicas que puedan estar a nuestro cuidado.

martes, 11 de febrero de 2014

Autoestima


Los niños no pueden articular un concepto de su propio valor  sino hasta la edad de 8 años aproximadamente, pero con su comportamiento demuestran que tienen un concepto en desarrollo. En los niños pequeños, la autoestima, la opinión que una persona tiene de su propio valor, no se basa en una valoración realista de las capacidades o de los rasgos de la personalidad. De hecho, los niños entre 4 y 7 años suelen sobrevalorar sus habilidades. Por una parte, aún no cuentan con las destrezas cognoscitivas y sociales para compararse con precisión con respecto a otros niños; además, aunque lo pequeños pueden emitir conceptos sobre su competencia en diferentes actividades, aún no pueden clasificarlas según importancia y deben aceptar el criterio de los adultos quienes son la primera fuente de retroalimentación, y son esas opiniones sobre las cuales se basan los rudimentos iniciales de la autoestima.

 

Cuando la autoestima es alta, un niño está motivado para lograr sus metas. No obstante, si la autoestima está supeditada al éxito, los niños pueden ver el fracaso como una condena de su valor y sentirse desamparados para hacerlo mejor.

 

¿Qué es la Autoestima?

 

La autoestima es el sentimiento valorativo de nuestro ser, de nuestra manera de ser, de quienes somos nosotros, del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran nuestra personalidad. Esta se aprende, cambia y la podemos mejorar.

 

Es a partir de los 5-6 años cuando empezamos a formarnos un concepto de cómo nos ven nuestros mayores (padres, maestros), compañeros, amigos, etcétera y las experiencias que vamos adquiriendo.

 

Según cómo se encuentre nuestra autoestima, será la responsable de muchos fracasos y éxitos, ya que una autoestima adecuada, vinculada a un concepto positivo de mí mismo, potenciará la capacidad de las personas para desarrollar sus habilidades y aumentará el nivel de seguridad personal, mientras que una autoestima baja enfocará a la persona hacia la derrota y el fracaso.

 

Baja Autoestima

 

Todos tenemos en el interior sentimientos no resueltos, aunque no siempre seamos conscientes de estos. Los sentimientos ocultos de dolor suelen convertirse en enojo, y con el tiempo volvemos el enojo contra nosotros mismos, dando así lugar a la depresión. Estos sentimientos pueden asumir muchas formas: odiarnos a nosotros mismos, ataques de ansiedad, repentinos cambios de humor, culpas, reacciones exageradas, hipersensibilidad, encontrar el lado negativo en situaciones positivas o sentirse impotentes y autodestructivos.

 

Cuando una persona no logra ser autentica se le originan los mayores sufrimientos, tales como, enfermedades psicológicas, la depresión, las neurosis y ciertos rasgos que pueden no llegar a ser patológicos, pero crean una serie de insatisfacciones y situaciones de dolor, como por ejemplo, timidez, vergüenza, temores, trastornos psicosomáticos.

 

La autoestima es importante porque es nuestra manera de percibirnos y valorarnos, como así también moldea nuestras vidas. Una persona que no tiene confianza en sí misma, ni en sus propias posibilidades, puede que sea por experiencias que así se lo han hecho sentir o por mensajes de confirmación o descalificación que son trasmitidos por personas importantes en la vida de ésta, que la alientan o la denigran.

 

Otra de las causas por las cuales las personas llegan a desvalorizarse, es por la comparación con los demás, destacando de éstos las virtudes en las que son superiores, por ejemplo: sienten que no llegan a los rendimientos que otros alcanzan; creen que su existencia no tiene una finalidad, un sentido y se sienten incapaces de otorgárselo; sus seres significativos los descalifican y la existencia se reduce a la de un ser casi sin ser. No llegan a comprender que todas las personas son diferentes, únicas e irrepetibles, por lo que se consideran menos que los demás.

 

La persona, va creciendo y formando su personalidad dentro del ambiente familiar, que es el principal factor que influye en la formación de la misma, ya que le incorpora a ésta, reglas y costumbres que a veces suelen ser contraproducentes. Algunos de los aspectos ya mencionados son incorporados, a la familia, por medio del "modelo" que la sociedad nos presenta, y éste es asimilado por todos los grupos sociales. Pero, la personalidad de cada uno, no sólo se forma a través de la familia, sino también, con lo que ésta cree que los demás piensan de ella y con lo que piensa de sí misma, al salir de este ambiente y relacionarse con personas de otro grupo diferente.