Mostrando entradas con la etiqueta desarrollo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta desarrollo. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de agosto de 2014

Asperger...

El síndrome o trastorno de Asperger pertenece a los trastornos del desarrollo, se caracteriza por presentar dificultades en la relación social, con intereses limitados, conductas restringidas e inusuales.

El trastorno de asperger es similar al trastorno autista cuando el niño no presenta retraso mental, sus diferencias incluyen un alto grado de especialización en ciertos temas, de modo obsesivo en conjunto con una excelente memoria, del mismo modo son más empáticos y existe mayor intención de comunicación que en el caso del trastorno autista. Al igual que el resto de los trastornos del desarrollo, el trastorno de Asperger les resulta muy difícil dar un sentido utilitario a la gran cantidad de conocimientos que manejan, debido a que sólo desarrollan un pensamiento concreto  y lineal, a pesar de ello suelen utilizar palabras rebuscadas.

El DSM IV establece ciertos criterios útiles para realizar el diagnóstico del trastorno de Asperger, ellos son:

A. Existe una alteración cualitativa de la interacción social, expresada al menos por dos de las siguientes características:

1. importante alteración del uso de múltiples comportamientos no verbales como contacto ocular, expresión facial, posturas corporales y gestos reguladores de la interacción social.
2. incapacidad para desarrollar relaciones con compañeros apropiadas al nivel de desarrollo del menor.
3. ausencia de la tendencia espontánea a compartir intereses y objetivos con otras personas (p. ej., no mostrar, traer o enseñar a otras personas objetos de interés)
4. ausencia de reciprocidad social o emocional

B. Patrones de comportamiento, intereses y actividades restrictivos, repetitivos y estereotipados, manifestados al menos por una de las siguientes características:

1. preocupación absorbente por uno o más intereses estereotipados y restrictivos que son anormales, sea por su intensidad, sea por su objetivo.
2. adhesión aparentemente inflexible a rutinas o rituales específicos, no funcionales.
3. manierismos motores estereotipados y repetitivos (p. ej., sacudir o girar manos o dedos, o movimientos complejos de todo el cuerpo)
4. preocupación persistente por partes de objetos

C. El trastorno causa un deterioro clínicamente significativo de la actividad social, laboral y otras áreas importantes de la actividad del individuo.

D. No hay retraso general del lenguaje clínicamente significativo (p. ej., a los 2 años de edad utiliza palabras sencillas, a los 3 años de edad utiliza frases comunicativas).

E. No hay retraso clínicamente significativo del desarrollo cognoscitivo ni del desarrollo de habilidades de autoayuda propias de la edad, comportamiento adaptativo (distinto de la interacción social) y curiosidad acerca del ambiente durante la infancia.

 * en mi opinión personal, estos trastornos deben evaluarse y considerarse dentro de la amplia gama de pátologías del desarrollo, así como ser diagnosticado por un profesional competente, abordando la cualidad más que la cantidad de síntomas.


miércoles, 19 de febrero de 2014

Causas que originan el trastorno oposicionista


Aunque las causas son difíciles de precisar de manera directa, sí se puede encontrar una influencia para el desarrollo de este trastorno en el ámbito familiar, basándose en la opinión de algunos padres que dicen que su niño con Trastorno Desafiante y Oposicionista era más rígido y demandante que sus hermanos desde su más temprana edad. A estos habría que añadir una serie de factores biológicos y del ambiente, como causantes de este trastorno.

Estudios recientes han llevado a analizar como posibles causas en la parición de este trastorno dos teorías, conocidas cada una de ellas como teoría del desarrollo y teoría del aprendizaje, respectivamente.

La teoría del desarrollo, parte de una edad muy temprana en el niño, cuando éste tiene entre uno y dos años de edad, momento en el que encuentra problemas de autonomía, caracterizados por una cierta dificultad para separarse de la persona a la que se encuentra ligado emocionalmente. Como consecuencia de ello surgen unas actitudes negativas que son consideradas como una continuación de “las cuestiones normales del desarrollo que no se resolvieron de forma adecuada durante los primeros años de vida”.

La segunda de las teorías es la teoría del aprendizaje, para quien “las características negativas del trastorno de conducta oposicionista y desafiante son actitudes aprendidas que reflejan los efectos de las técnicas de refuerzo negativo empleadas por los padres y figuras de autoridad”. La utilización de refuerzos negativos por parte de los padres o maestros, por ejemplo, como figuras de autoridad más destacadas, provoca un incremento en la frecuencia y la intensidad de este tipo de conducta en el adolescente, ya que con ello lo que hace es reclamar de una forma directa la atención, el tiempo, la preocupación y la interacción que desea obtener de esas personas.

miércoles, 29 de enero de 2014

Salud Mental


Entre las características de las personas con salud mental se encuentran las siguientes:

 

1. Estar satisfecho con uno mismo

- No estar abrumado por nuestras emociones de rabia, temor, amor, culpa, etc.

- Poder aceptar sin alterarse las decepciones de la vida

- Tener una actitud tolerante, despreocupada, respecto a la propia persona y a los demás. ser capaz de reírse de sí mismo

- No subestimar ni sobre valorar nuestras habilidades

- Respetarnos a nosotros mismos

- Sentirnos capaces de enfrentar la mayoría de las situaciones

- Saber disfrutar de las cosas simples de la vida cotidiana

 

2. Sentirse bien con los demás

- Ser capaces de amar y tener en consideración los intereses de los demás

- Ser capaces de mantener relaciones personales satisfactorias y duraderas

- Poder confiar, de manera adecuada, en los demás y sentir que los otros confían en uno

- Respetar las múltiples diferencias que se encuentran en la gente

- No aprovecharse de los demás ni dejar que nos utilicen

- Ser capaces de sentirnos parte de un grupo

- Se consideran partícipes de la sociedad y de sus circunstancias

 

3. Ser capaces de satisfacer las demandas que la vida nos presenta

- Enfrentar los problemas a medida que se van presentando

- Aceptar las responsabilidades

- Modificar el ambiente, cuando es posible, y ajustarnos a él cuando es necesario

- Planificar el futuro, enfrentándolo sin temor

- Tener la mente abierta a nuevas experiencias e ideas

- Hacer uso de nuestras habilidades y aptitudes

- Fijarnos metas que se ajusten a la realidad

- Ser capaces de tomar nuestras propias decisiones

- Conseguir satisfacción en poner nuestro mejor esfuerzo en lo que hacemos

 

Así, la persona mentalmente sana se adapta adecuadamente en:

  • El mundo social
  • El mundo propio interno, en el que se construye su realidad psíquica (sueños, fantasías)
  • El área de la experiencia cultural (arte, filosofía, religión, mitos), adquiriendo importancia el “saber jugar” y el “sentido del humor”.

 

Existen dos sistemas de clasificación de los trastornos mentales, el CIE 10 y el DSM IV. El CIE 10 corresponde a la décima clasificación de las enfermedades mentales de la O.M.S, en 1993, el DSM IV por su parte corresponde al manual diagnóstico y estadístico de las enfermedades de la A.P.A. (Asociación Americana de Psiquiatría) del año 1994.

*actualmente ya ha sido publicado el DSM-V,  con algunas modificaciones a los trastornos ya conocidos.

martes, 28 de enero de 2014

Factores del desarrollo


El desarrollo, es un fenómeno que obedece a múltiples causas, por lo que existen, distintos factores implicados y cada uno en forma independiente o conjunta, puede estar incidiendo en el hecho que se produzca o no una transformación esperada.

 

Ya se dijo anteriormente que el desarrollo es un proceso total y continuo, multicausado, es decir, no existe una causa única que lo explique, sino que depende, por lo tanto, de la incidencia de distintos factores que se interrelacionan recíprocamente.

 

Este tema ha sido ampliamente discutido en psicología. Es así como desde el S. XIX, se ha tratado de determinar qué es más importante; lo que el individuo trae o lo que el individuo aprende. Hoy en día, la discusión y la investigación reconocen la importancia e incidencia en el desarrollo humano y se plantea que ambos factores, herencia y ambiente, contribuyen en forma conjunta y decisiva y buscan conocer cómo ambos factores influyen en el desarrollo y cuál es la relación que existe entre ellos.

 

Los factores clásicos del desarrollo son, por lo tanto; herencia y ambiente. Este último se divide en medio físico y medio social. La psicología del desarrollo, recurre a un tercer factor: equilibrio o síntesis integrativa de los factores del desarrollo, constituido por el desarrollo cognoscitivo.

 

El concepto de herencia, desde el punto de vista psicológico, se debe distinguir entre herencia estructural y funcional.

 

a.- herencia estructural es aquella que determina la organización biológica de un individuo y que tiene un carácter específico. Se puede entender a dos niveles; herencia general de la especie y herencia específica.

 

·        herencia general de la especie, es aquella que nos define como hombres, que define la organización de nuestro sistema nervioso y por lo tanto, los límites de nuestro sistema nervioso. Por ejemplo, nuestro ojo, sólo percibe un espectro de colores, por lo que no podemos ver la luz ultravioleta. Es en este sentido una herencia limitante porque establece el rango de estímulos que podemos recibir del mundo a través de nuestros sentidos. Define las posibilidades de experiencias con la realidad física.

 

·        La herencia específica es aquella que determina en el código genético nuestro color de piel, ojos, etc. y que nos hace ser a cada uno temperamentalmente distinto a otros individuos de la especie. De esta herencia, dependen en parte significativa las posibilidades adaptativas del individuo como ser único e individual.

 

b.- herencia funcional, trasciende las limitaciones dadas por la organización biológica y de la cual resulta la organización cognitiva. Es por lo tanto, la herencia que nos hace diferenciarnos los unos de los otros como individuos únicos e irrepetibles, lo que se pone de manifiesto en el nuestro modo de ser, es decir, en nuestra personalidad.

 

Este tema ha sido ampliamente investigado, a partir de las investigaciones con gemelos univitelinos, los que físicamente son idénticos, lo que se traduce en que los padres como quienes los rodean, tiendan a tratarlos de la misma manera, lo que a su vez incide en que ambos tengan experiencias similares, por lo que sus conductas y sus modos de ser se asemejan.

 

Psicológicamente, por lo tanto, la herencia establece las potencialidades, determina un cierto rango de reacción frente a las oportunidades que el ambiente ofrezca. Las diferencias individuales, están causadas por diferencias genéticas en sus rangos de reacción y por diferencias específicas en los ambientes a los cuales se enfrentan.

 

Por lo tanto, la información genética, señala una secuencia madurativa ordenada, la que en interacción con el ambiente, se actualiza y se manifiesta en conducta.

 

Mientras menor es el niño, más incide el factor herencia maduración en su conducta. A medida que avanza el curso del desarrollo, se produce una progresiva disminución de la significación de la herencia, teniendo una mayor incidencia el ambiente.

 

Como ya habíamos anunciado, existen factores ambientales que también influyen en el desarrollo. Se debe distinguir entre influjos extra-psicológicos y psicológicos.

Ø  Los influjos extra-psicológicos, son los influjos físicos que hacen posible la vida. (Aire, luz, agua, alimento, etc.).

 

Ø  Los influjos psicológicos en tanto, son los influjos experienciales que se refieren a las condiciones en las cuales nos desarrollamos. (Vivir en un ambiente rural, casa, departamento, etc.).

 

El mecanismo psicológico que mediatiza el proceso experiencial, entre herencia y ambiente, es el aprendizaje, en el sentido de adquisición de conocimientos en relación con una realidad externa. Esto por lo tanto, nos permite sacar provecho de nuestra interacción con el ambiente y que se traduce en nuevas posibilidades de adaptación. De nada serviría que de nuestra interacción con la realidad, no pudiésemos obtener un registro, como lo constituye el aprender nuevas conductas.

 

En la experiencia que obtenemos de nuestra interacción con la realidad se distinguen 3 dimensiones importantes; aspectos socioculturales, interacción personal e interacción del niño con la realidad física.

 

Como se dijo, existe un factor que unifica los cambios o transformaciones y que es el  factor cognitivo, que le da sentido a las experiencias individuales, que integra y sintetiza la acción de los distintos factores. Este factor permite ir procesando la información de la interacción con el mundo. Por lo que en este sentido, el ser humano construye activamente su adaptación.

lunes, 27 de enero de 2014

Crecimiento y desarrollo


Se debe distinguir entre crecimiento y desarrollo;
 
El crecimiento apunta a un aumento cuantitativo, por ejemplo, aumento de estatura, de vocabulario, etc., mientras que desarrollo implica un cambio cualitativo y por lo tanto, reorganización del sistema del comportamiento.

 

El desarrollo del niño representa la interacción de la herencia y el ambiente. La herencia o lo genético representa el potencial mientras que el medio ambiente influye en el grado en que se consiga ese potencial. Para un buen desarrollo, el ambiente tiene que cubrir todas las necesidades tanto físicas como psicológicas y emocionales.

 

El lactante desde un punto de vista físico depende de sus padres o cuidadores, necesitando de ellos para cubrir todas sus necesidades psicológicas y emocionales. Mientras que el niño en etapa escolar puede cubrir algunas de sus necesidades físicas, y sigue dependiendo de los padres o cuidadores para las necesidades psicológicas y emocionales. El adolescente, por su parte, puede resolver mejor las necesidades físicas, pero experimentan necesidades psicológicas y emocionales complejas.

Conceptualización General de los Factores del Desarrollo


El estudio del desarrollo humano implica un conocimiento integral de los cambios constitucionales y aprendidos que se están sucediendo dentro de un proceso continuo, inherente y evolutivo, donde es importante entender la integración y organización de las distintas conductas en cada etapa del proceso.

 

El desarrollo humano se define como; “Conjunto de transformaciones interrelacionadas que se ubican u ordenan en un lugar específico dentro del continuo temporal que constituye la vida del individuo”. (Thomae).

 

El desarrollo es un proceso gradual y progresivo de construcción y formación de la personalidad. Es decir, lo contrario a lo que en algún momento se planteó desde el Preformismo, en donde se planteaba que el hombre estaría formado desde la concepción, por lo que sólo requeriría desplegarse hasta su configuración final. Esta visión, sólo apunta a considerar al desarrollo como crecimiento y no como un proceso de transformaciones.

 

Desde un punto de vista descriptivo general, el desarrollo se define como un proceso de diferenciación e integración. La diferenciación es el proceso de emergencia de elementos y funciones que componen el sistema del comportamiento, por lo que necesariamente implica especialización. Un ejemplo de esto, lo constituye la emergencia del lenguaje. Previo a que surja el lenguaje se requiere que el niño pueda oír, que sea estimulado a hablar, que tenga intención de comunicarse, que presente maduración en su aparato fonoarticulatorio, entre otros elementos que al unirse, permiten que el niño comience a hablar.

 

La integración en tanto, le da sentido y significación a las partes diferenciadas. Es lo que permite incorporar una emergencia en el sistema del comportamiento. El proceso de integración es propio y distintivo de los organismos vivientes.

 

Ambos (diferenciación e integración), son dos procesos indisociables. Sin embargo, aunque indisociables, en el desarrollo de los niños se presentan momentos de mayor diferenciación, que corresponden a la aparición acelerada de importantes funciones o capacidades, produciendo desintegraciones relativas del sistema del comportamiento que son llamadas fases críticas del desarrollo. Un ejemplo de esto lo constituye la llamada edad de la obstinación, en donde debido al surgimiento de nuevas funciones o capacidades, el niño se muestra lábil emocionalmente, irritable, terco, egoísta y por ende difícil de manejar tanto para su padres como entorno cercano.

 

En otros momentos, prevalecen los procesos de integración que se reconocen por una mayor estabilidad y unidad del sentido de la conducta y son las fases intencionales. Un ejemplo de esto lo constituye la edad escolar, etapa en donde se observa una mayor estabilidad en el sistema del comportamiento debido a que se han ido incorporando los cambios y emergencias propias de la etapa de desarrollo anterior. Es así como un niño en edad escolar es sociable, se interesa por aprender, es solidario, lo contrario a la edad de la obstinación antes descrita.

 

El desarrollo humano, es el estudio científico de cómo cambian las personas y cómo permanecen algunos aspectos con el correr del tiempo. Dichos cambios pueden ser de dos maneras:

 

1. Cambios cuantitativos: variación en el número o la calidad de algo, como la estatura y el peso.

2. Cambios cualitativos: se presenta en el carácter, la estructura o la organización, como la naturaleza de la inteligencia de una persona.

 

Dentro de las áreas del desarrollo humano tenemos:

a. Desarrollo físico: cambios corporales, de las capacidades sensoriales y de las habilidades motrices que forman parte del desarrollo físico e influyen en el intelecto y personalidad.

 

b. Desarrollo social y de la personalidad: cambios que se refieren a la forma en cómo la persona se relaciona con los otros y cómo expresa emociones y sentimientos.

 

c. Desarrollo cognitivo: cambios en las facultades mentales como el aprendizaje, la memoria, el razonamiento, el pensamiento y el lenguaje.

martes, 11 de junio de 2013

Factores Sociodemográficos y otras variables que afectan la calidad del vínculo de apego

Factores de la madre:

Existen, además de la psicopatología materna y de la depresión postparto, otros factores de riesgo para el establecimiento de un adecuado vínculo de apego entre la madre y su hijo, entre ellos se encuentran la dificultad para aceptar el embarazo, la edad extrema de la madre, las dificultades en la lactancia, dificultad con la pareja y falta de apoyo emocional, ser madre soltera, separada o viuda, pérdidas y duelos importantes de figuras en edad temprana, maltrato físico, psicológico o sexual en la infancia de la madre, presentar estrés laboral, sobrecargas del rol materno en el hogar, aislamiento social y faltas de redes de apoyo externo, además de pertenecer a un nivel socioeconómico bajo (MINSAL, 2008).

Un papel esencial en el desarrollo del estilo de apego seguro, lo tiene la familia como el primer referente social de un niño, ya que permitirá la configuración de los esquemas que influyen en la futura interacción con el mundo. En este sentido, buenas relaciones familiares permiten una adecuada adaptación en el futuro, las que incluyen el mundo escolar, relacional y de pareja (Sanchis, 2009).

Dentro de la familia están los cuidadores, principalmente la madre, que aportan sus propias características a la interacción con el bebé. La relación entre el apego madre - bebé está inserta en un modelo de desarrollo global, dentro del cual existen variables de la madre y del contexto más amplio en el cual se desarrolla el bebé (Tarabulsy et al., 2005 en Quezada & Santelices, 2009). En este sentido, se ha observado que las experiencias infantiles de apego de la madre o “modelos operativos internos” (Bowlby, 1980 en Quezada & Santelices, 2009), es decir, la reconstrucción de las experiencias tempranas de apego, están íntimamente relacionadas con la sensibilidad (Atkinson et al., 2005; Raval et al., 2001, Tarabulsy et al, 2005 en Quezada & Santelices, 2009) y las representaciones que tiene la madre sobre su futuro hijo y sobre sí misma como madre (Huth-Bocks Levendosky, Bogat, & von Eye, 2004 en Quezada & Santelices, 2009), éstas, además, tienen un significativo ascendiente sobre el estilo de apego del bebé (Atkinson et al. 2005; Huth-Bocks et al. 2004; Raval et al. 2001, Tarabulsy et al. 2005; Ward & Carlson, 1995, en Quezada & Santelices, 2009).

Los cambios de las variables maternas ya referidas, durante su biografía, están influenciadas por las propias experiencias de apego de la madre y pueden afectar el apego del bebé. Esto puede ocurrir debido a variaciones en las representaciones de apego maternas debido a experiencias de maltrato o abuso, eventos traumáticos o relaciones de pareja insatisfactorias (Weinfield, Sroufe & Egeland, 2000 en Quezada & Santelices, 2009), cambios en el contexto social (Buchheim, 2003 en Quezada & Santelices, 2009),  pobreza, bajo nivel socioeconómico, monoparentalidad y violencia doméstica (Huth-Bocks et al., 2004 en Quezada & Santelices, 2009).
Respecto de los factores económicos, se plantea que las mujeres de nivel socioeconómico bajo presentan una mayor tasa de prevalencia de depresión postparto, como resultado de cuadros depresivos preexistente, alcanzando un 57% de esta población (Araya, Rojas, Fritsch, Gaete, Rojas, Simon & Peters, 2003). El estudio concluyó que la depresión postparto es más frecuente en mujeres de escasos recursos, ya que existe un menor acceso a psicólogos y psiquiatras especialistas en el tema, además de que sus tratamientos presentan una duración menor. Considerando que sólo un cuarto de las mujeres obtiene un tratamiento psicológico para su depresión, es esperable que luego del embarazo continúen los síntomas depresivos, afectando de este modo la relación con su hijo (Araya et al., 2003).

En cuanto a la pobreza, como un concepto más amplio que el nivel económico que abarca varios factores de riesgo dentro de los cuales se encuentran el estado financiero de la familia, el cambio de casa continuo, barrios de alto riesgo social, parentalidad adolescente, familias uniparentales y varios eventos negativos durante la vida, aumenta el riesgo de psicopatología en el cuidador del bebé, más aún, cuando varios de estos factores aparecen en un mismo momento en la vida de ambos, exponiéndolo a  altos niveles de estrés. Cuando, además de esto, se suman la baja escolaridad y la falta de oportunidades de empleo el estrés se vuelve continuo y crónico, reduciendo la capacidad, tanto del cuidador como del niño para enfrentar con éxito situaciones futuras. Los factores de riesgo señalados aumentan la probabilidad de que los niños pasen de estrategias de apego organizadas a otras menos coherentes. También han desempeñado un papel importante en cuanto a la forma de clasificar la inestabilidad del apego en bebés de 12 a 18 meses (Ciccheti & Cohen, 2006).

Un factor de riesgo para la familia y generador de estrés en los padres o cuidadores, lo que puede reducir notoriamente la disponibilidad y atención sensible y, en algunos casos incrementa el riesgo de crianza hostil o abuso, es el número de niños en la familia, puesto que genera altos niveles de estrés en los padres, en especial cuando algunos de esos niños tienen problemas de ajuste o adaptación, o algún tipo de patología (Ciccheti & Cohen, 2006).

Respecto de otros factores de riesgo, existen hallazgos que señalan que en el vínculo de apego entre madres y bebés prematuros, la representación de la madre respecto del bebé está directamente relacionada con el tipo de apego infantil, y no así el sólo hecho de que los niños prematuros generan tipos de apego inseguros. Esto otorga un mayor argumento a la noción de que las variables maternas pueden influir más que las variables del niño en la conformación de la calidad del apego del bebé hacia su madre, cuando ésta es su cuidador principal (Cox, Hopkins & Hans, 2000). Este tipo de descubrimiento, además, es consistente con la teoría del apego (Ainsworth et al., 1978; Sroufe, 1985 en Cox et. al., 2000). Otros resultados, sugieren que no sólo el nivel de riesgo neonatal, sino también las representaciones maternas del bebé pueden contribuir a la variabilidad en la distribución del apego en muestras de investigación con díadas en que los bebés son prematuros. La perspectiva parental del apego es una importante contribución al desarrollo del apego en los bebés y, por ello, es fundamental para la comprensión de la naturaleza del apego en familias con los bebés prematuros (Cox et. al., 2000).

Un estudio realizado en Chile concluyó que la variable paridad tiene un rol en el establecimiento del vínculo de apego entre la madre y su hijo, observándose una predominancia de estilo de apego inseguro en madres primíparas y una predominancia de apego seguro en las madres multíparas. En este mismo estudio, se señala que los patrones de apego seguro predominan en los partos de tipo eutócico. (Lecannelier et al., 2008). Este mismo estudio, no encontró correlación significativa entre la edad de la madre y la calidad del vínculo de apego con sus hijos, pese a que las madres más jóvenes tendían al establecimiento de un vínculo inseguro. Por otro lado, no se pudo concluir que el estado civil de las madres fuese un factor decisivo en el vínculo de apego, aunque existen teorías que indican que las madres que se encuentran en relaciones más satisfactorias emocionalmente suelen presentar mayor sensibilidad hacia sus hijos, y por ende, un vínculo de apego seguro (Howes & Markman, 1989 en Lecannelier et al., 2008).

En otro estudio acerca del efecto de algunos factores de riesgo sobre el tipo de apego, se observó que en cuyas familias en que la madre e hijo presentaban una unión afectiva catalogada de insegura en cuanto a la estabilidad, habían síntomas elevados, tanto paternos como maternos, respecto al consumo excesivo de alcohol, depresión maternal así como conducta antisocial en la madre. Esto, en contraste con aquellas familias en las que la unión afectiva fue caracterizada como segura en cuanto a la estabilidad. La estabilidad en cuanto a patrones de inseguridad entre la madre y el infante fue asociada a altos niveles de expresiones negativas de afecto materno. En este sentido, se pudo apreciar que la inseguridad estable entre el padre e hijo se asociaba con bajos niveles de expresiones positivas de afecto durante las interacciones entre ambos, en ciertos momentos, y altos niveles de emotividad negativa durante otros momentos. En síntesis, los resultados indican que los niños que se sentían inseguros en ambos casos (con ambos padres) presentaban, en su mayoría, características de riesgo familiar (alcoholismo, depresión materna, conducta antisocial de la madre) (Edwards, Eiden & Leonard, 2004). Una amplia gama de bibliografía sugiere que la exposición a relaciones violentas puede tener un impacto negativo en el desarrollo de los niños, generando, a largo plazo, altos índices de problemas conductuales a medida que crecen (Ciccheti & Cohen, 2006).


martes, 7 de mayo de 2013

Factores clínicos: Psicopatología Materna y Apego


El vínculo de apego temprano puede verse entorpecido por múltiples factores clínicos, como los antecedentes en la historia personal de madre o de trastornos psicopatológicos y de personalidad. Numerosos estudios concluyen que los trastornos mentales o las conductas inadecuadas de crianza en las madres aumentan las probabilidades de desarrollo de un vínculo de apego inseguro con su hijo (Cantón & Cortés, 2005).

Estudios epidemiológicos, de acuerdo a Nonacs y Cohen (2005 en Silva & Piccinini, 2009), han identificado el puerperio como el período que tiene el más alto riesgo de desarrollar trastornos psiquiátricos, especialmente en las mujeres. Según los autores, los trastornos del ánimo más frecuentes en este período son de tres tipos, dependiendo principalmente de su intensidad: melancolía de la maternidad, psicosis postparto y depresión postparto. Schwengber y Piccinini (2004 en Silva & Piccinini, 2009) definieron a la melancolía de la maternidad como una especie leve y transitoria de depresión, que experimenta un 80% de las madres poco después de haber dado a luz. La psicosis posparto se podría definir como un trastorno de mayor gravedad, caracterizado por sintomatología psicótica. Esta última es menos frecuente, afecta entre uno y cuatro mujeres por cada mil nacimientos.

La depresión postparto se ubicaría, en términos de severidad, entre estos dos extremos, de acuerdo a lo señalado por Schwengber y Piccinini (2004 en Silva & Piccinini, 2009). Alrededor del 15% de las madres llega a padecer depresión postparto, la que se define como un trastorno depresivo no psicótico que tiene lugar alrededor de las cuatro semanas de vida del bebé y pudiendo extenderse hasta el primer año de vida inclusive. Este tipo de trastorno es diferente a la reacción depresiva puerperal, también llamada “baby blues”, la cual alcanza entre un 15 y 55% de las madres, las más altas se dan principalmente en Asia (44%) (Murata y Col., 1998 en Romero-Gutiérrez, Dueñas de la Rosa, Regalado-Cedillo, Ponce-Ponce de León, 2010), y Europa (Alemania, 52,2%) (Reck y col., 2009 en Romero-Gutiérrez et al., 2010), y se caracteriza por cambios bruscos de humor, principalmente debido a los cambios hormonales que sufre el cuerpo femenino tras el parto, estos síntomas no requieren tratamiento específico y basta con una intervención educativa y apoyo familiar.

La Depresión Posparto mantiene los mismos criterios diagnósticos de una depresión mayor. Es un cuadro que puede iniciarse en la 3ª a 4ª semana postparto hasta un año después, encontrándose un peak de presentación en las semanas 8 a 12 post parto. Requiere tratamiento y puede cursar con síntomas severos en una de cada 10 puérperas (Barra, Barra & Solis, 2009)

Algunos de los síntomas específicos de la depresión postparto incluyen la tristeza y llanto fácil, la sensación de estar sobrepasada por las demandas del hijo recién nacido, enojo e irritabilidad, pensamientos obsesivos, sentimientos de soledad y abandono, rechazo a la maternidad, sentimientos de culpa y desinterés por todo lo que rodea a la madre, incluyendo a su bebé (Arranz, Aguirre, Ruiz, Gaviño, Cervantes, Carsi, Camacho & Ochoa, 2008; Chávez, Hernández, Arce, Bolaños, González & Lartigue, 2008).

Dentro de los factores considerados de riesgo para el desarrollo de la depresión postparto se encuentran los antecedentes de depresión en otras etapas de la vida de la mujer, problemas psicológicos y desarrollo de otros síntomas psicopatológicos durante el embarazo, escaso apoyo social, malas relaciones de pareja, estilo de vida estresante y otros eventos traumáticos (Arranz et al., 2008). Por otro lado, dentro de los factores considerados de riesgo para el desarrollo de patologías como la depresión postparto se incluyen la dificultad de concebir hijos en forma natural y el desgaste psicofísico que conllevan los tratamientos de fertilización asistida (Bayo-Borrás, Cánovas & Sentis, 2005; Chatziandreou, Madianos, & Farsaliotis, 2003; Palacios, Jadresic, Palacios, Miranda & Domínguez, 2002).

Recientes estudios refieren que la depresión posparto sería responsable de dificultades en la interacción madre-recién nacido, pudiendo generar en estos últimos trastornos psicológicos en el corto y largo plazo (MINSAL, 2008). Una madre con depresión puede disminuir la sensibilidad necesaria para captar adecuadamente las señales de su hijo y de responder ante ellas de forma suficientemente buena y rápida. Además, se le hace más difícil tolerar las exigencias del cuidado de un recién nacido, las que son intensas. Las deficiencias para regular o tolerar la expresión de afectos negativos o el llanto del bebé pueden desencadenar un vínculo de estilo inseguro si no se interviene a tiempo; es por ello que el deterioro de las interacciones entre madres deprimidas y sus bebés puede tener consecuencias desfavorables en el desarrollo psicológico del niño (MINSAL, 2008). Del mismo modo, diversas experiencias de deprivación materna tienen un impacto negativo en el posterior funcionamiento del niño, en especial en la regulación de emociones, en el autocontrol de impulsos y en el enfrentamiento al estrés (Maldonado, Lecannelier & Lartigue, 2008).

La depresión post parto repercute negativamente en las habilidades cognitivas maternas, en el desarrollo del lenguaje expresivo de la madre y en su atención con el bebé, factores relevantes para la sensibilidad materna. En primer lugar, la madre tiene percepciones negativas de las conductas del niño, y los bebés de tres meses son capaces de detectar el estado de ánimo de sus madres, modificando sus propias respuestas de acuerdo a ellos, desarrollando un estilo de apego en particular. Esto se ha vinculado a un retraso en el desarrollo cognitivo del niño, dificultades sociales y de interacción. Los bebés con madres deprimidas tienen mayores probabilidades de presentar problemas de conducta a largo plazo, lo que se asocia a que las madres con depresión post parto tienen mayor riesgo de manifestar conductas negligentes con sus hijos e, incluso, abuso infantil, lo que afecta notoriamente el desarrollo de un apego seguro (González, 2006). En estos casos, es frecuente que el recién nacido sufra algún tipo de abandono o alejamiento y frialdad afectiva (Arranz et al., 2008) lo cual indudablemente repercute en el vínculo de apego entre madre e hijo.

Este factor clínico es de relevancia en el estudio de las variables de riesgo, ya que se estima que un tercio de las madres chilenas presentan síntomas ansiosos o depresivos durante la mitad de su embarazo, mientras que el 10% de ellas, además, presentan depresión postparto (Jadrecis, Nguyen & Halbreich, 2007).

Entre las poblaciones de mayor riesgo para desarrollar cuadros depresivos se encuentran las mujeres durante el periodo de posparto, debido a que los cambios hormonales (baja de estrógenos) y la escasez de recursos psicológicos para enfrentar los eventos psicosociales desencadenantes de estrés favorecen la aparición de dicha patología; llegando a alcanzar tasas cercanas al 10% en el caso específico de la Depresión Posparto (Barra et al., 2009)

La depresión es aproximadamente dos veces más común en las mujeres que en los hombres y, desde una perspectiva más integral, podemos apreciar que en las mujeres se conjugan elementos biológicos, sociales, culturales y económicos que resultan en factores de relevancia a la hora de los desencadenantes o mantenedores de la depresión (factores de riesgo sociodemográficos) (Barra et al., 2009)

Las diferencias de prevalencia en hombres y mujeres parecen corresponder a los años reproductivos de una mujer y a la relación entre esteroides gonadales y cerebro. Las mujeres están expuestas durante toda la edad fértil a variaciones hormonales endometriales, humorales, ováricas, adrenales y cerebrales. Esto se traduce entre otras cosas en variaciones de conducta, humor, peso, apetito, libido y temperatura, tanto en la fase folicular como en la luteínica (Barra et al., 2009)

Alrededor de un 30% a un 40% de las gestantes presentan síntomas ansiosos y depresivos, durante el embarazo; y el riesgo de hospitalización psiquiátrica, es casi 7 veces mayor durante los 30 días posteriores al parto que antes de embarazarse. Así, depresión y embarazo son entidades que pueden presentar una estrecha relación (Barra et al., 2009)

Un aspecto relevante en relación a la depresión post parto es que suele presentar dificultades para su diagnóstico por una baja de reporte de síntomas emocionales, la atribución de sintomatología a una reacción “normal” ante el embarazo y por el hecho que las atenciones de salud para la madre, en el sistema público, se establecen sólo en el primer mes post parto. El inicio de los síntomas en la Depresión Posparto presenta variaciones en cuanto a frecuencia. En el 40% de las pacientes aparecen después del primer control posnatal, en el 20% coincide con destete, en el 16% con el reinicio de la regla, en el 14% con el inicio de anticoncepción hormonal y en el 5% aparecen al año del posparto. Es por ello que es importante contar con instrumentos de apoyo en el diagnóstico, como el Screening Escala de Depresión Posparto de Edimburgo empleada y validada en varios países y culturas, y traducida al menos a 23 idiomas diferentes, y que se aplica 6 a 8 semanas Post parto (Barra et al., 2009)

Algunas manifestaciones de los bebés de madres con depresión postparto son mantener una expresión facial de tristeza, voltear la cabeza y evitar la mirada de la madre, además de aumento de la irritabilidad, detectándose mayor frecuencia de apegos de estilo inseguros en las díadas madre-hijo (Lartigue, Maldonado, González & Sauceda, 2008).

Un estudio chileno reciente, que trabajó con 72 díadas, utilizando los instrumentos Situación Extraña para evaluar apego, autorreporte CAMIR para evaluar las representaciones de apego y el OQ-45.2 para evaluar psicopatología,  ha concluido que la psicopatología de la madre está íntimamente relacionada con el estilo de apego inseguro en el hijo, donde la psicopatología materna es un poderoso factor de riesgo para el desarrollo de alteraciones en el vínculo de apego. En este sentido, la depresión en la madre genera un estilo vincular con menos respuestas a las señales del bebé, mayor hostilidad y críticas, con una actitud más pasiva o bien más intrusiva, señales que se correlacionan con el estilo inseguro de apego (Quezada & Santelices, 2009). Esta misma investigación, reveló que la psicopatología de la madre como variable tiene una capacidad predictiva del 69,4% sobre el estilo de apego a desarrollar con su bebé, en especial los síntomas ansiosos y depresivos, los cuales permiten discriminar entre los estilos seguros e inseguros de apego (Quezada & Santelices, 2009).
           
Una investigación extranjera realizada con muestras obtenidas de varias ciudades de Europa y en una ciudad de estados unidos (n=296; 204 mujeres antes del parto y 96 de las 174 atendidas postparto), evaluó la calidad del vínculo de apego asociándola a la depresión postparto, encontrándose que el estilo inseguro de apego se correlaciona en forma positiva con la depresión, no sólo en el periodo postparto sino también depresión durante el embarazo, de ahí recae la importancia de evaluar estos síntomas cuando se estudia la calidad del vínculo de apego en díadas madre-hijo (Bifulco et al., 2004). Del mismo modo, otra investigación realizada en Finlandia (n=59 díadas madre-hijo durante el embarazo; 4-5 meses post parto y cuando el niño tenía alrededor de 14 meses de edad), comprobó que los síntomas depresivos pre y postnatales en la madre aumentan el riesgo de desarrollar un relación problemática entre madre e hijo, por cuanto estas madres presentan una sensibilidad disminuida para captar las necesidades de sus hijos en etapas tempranas (Flykt, Kanninen, Sinkkonen & Punamaki, 2010).

Debido a la alta probabilidad de presentar un cuadro depresivo, de cualquiera de las características ya señaladas, en mujeres en edad fértil, probabilidad que aumenta aún más post parto como ya se explicó, la necesidad de dar relevancia al efecto de esta patología en particular sobre la relación madre-hijo se hizo evidente. Con ello no se descarta el hecho de que otras patologías puedan afectar el apego madre-bebé, y como se vio en el screening realizado a través del SCL-90-R, es evidente que la psicopatología materna afecta, es decir, es un factor de riesgo en el establecimiento de un apego inseguro, más aún si se acompaña de depresión post parto. Lo que puede ser objetivo de estudio en un futuro no muy lejano.

Así pues, los trastornos del estado de ánimo  durante el puerperio conllevan una serie de consecuencias para la madre donde se ven mermados tanto su nivel de salud como la capacidad para experimentar el gozo de la maternidad. Incluso se ha llegado a establecer que a pesar de que existen unas tasas bajas de suicidio de mujeres en el periodo postnatal, aquellas que desarrollan una depresión grave, sobre todo en el primer año tras el parto, están en  un riesgo  elevado de cometer suicidio (Martínez, Toledo, Pineda, Monleón, Ferrero & Barreto, 2001)

Esta sintomatología afecta de forma negativa al desarrollo de los hijos y contribuye también al deterioro progresivo de las relaciones conyugales y familiares. Dadas estas premisas es evidente que la maternidad es un cambio en la vida de la mujer que influye no sólo en su  cuerpo sino en sus relaciones sociales, su identidad, su conducta y sus futuros proyectos de vida (Martínez et al., 2001)

En síntesis, se ha visto que la madre que presenta psicopatología o depresión postparto presta un cuidado menos sensible a su hijo, haciéndolos más propensos a desarrollar un estilo de apego inseguro, debido a que esta madre tendría más dificultades para desplegar sus capacidades en beneficio de la relación con su bebé (Espinosa, Beckwit, Howard, Tyler & Swanson, 2001; Beckwit, Rozga & Sigman, 2007).

Finalmente, de acuerdo a todo lo revisado anteriormente, la detección de la tristeza materna o “baby blue” en el inicio del puerperio puede ser una muy buena estrategia para identificar el riesgo de depresión postparto y, así, evitar que estas madres sufran y teman a sus síntomas en forma silenciosa. El diagnóstico oportuno permitirá ofrecer a la madre un tratamiento temprano, influyendo positivamente en la relación madre-hijo y evitará en el niño trastornos emocionales a largo plazo (Romero-Gutiérrez et al., 2010).

viernes, 3 de mayo de 2013

FACTORES DE RIESGO EN EL ESTABLECIMIENTO DEL VÍNCULO DE APEGO TEMPRANO


En uno de los primeros estudios chilenos (Lecannelier, Kimelman, González, Núñez & Hoffmann, 2008), los resultados evidenciaron un alta tendencia a establecer apego seguro entre las díadas, llegando al 73%, distribución similar a la estudios internacionales en poblaciones normativas (Sroufe et al., 2005 en Lecannelier et al., 2008). Sin embargo aún es necesaria la identificación de los factores de riesgo para el establecimiento de un estilo inseguro de apego.

Los investigadores del apego, en el último tiempo, se han ido desplazando hacia modelos multinivel más complejos respecto a los factores de riesgo.

Un modelo acerca del desarrollo de patrones de apego, postula que habría transacciones bidireccionales entre los factores: personalidad, cuidador y contextos de riesgo. Un factor de de riesgo por tanto, se podría asociar con otros. Como un nivel de riesgo extremo se puede potenciar con cualquier otro factor de riesgo, la probabilidad de psicopatología al desarrollar un patrón de apego inseguro se incrementa (Ciccheti & Cohen, 2006).

En diversos casos la enfermedad psiquiátrica del cuidador principal o la madre repercute en la forma en que se cuida y se trata al hijo, influyendo inevitablemente, en el vínculo que se establece entre ambos (Marrone, 2001). Más específicamente, los problemas psicológicos en las madres (patología mental, alcoholismo, maltrato infantil, entre otros) tienen un claro efecto sobre el desarrollo de apegos inseguros. Sin embargo, pese a que los problemas en el niño (prematuros, Síndrome de Down, entre otros) generan un efecto negativo sobre el vínculo que se establece entre madre e hijo, este es menos evidente. Esto se puede interpretar como que las dificultades o limitaciones de los niños no ponen en peligro el desarrollo de relaciones seguras de apego, en cambio las de las madres sí, puesto que el hijo no puede compensar las deficiencias de las madres, aumentando el riesgo de generar un apego inseguro (Cantón & Cortés, 2005), las madres, supone la teoría del apego, dispondrían de mayores capacidades para poder adaptarse a las necesidades del hijo.

viernes, 19 de abril de 2013

Evaluación del apego en la infancia temprana


La primera pregunta que nos debemos hacer antes de hablar de evaluación de apego es si los instrumentos usados para ello realmente lo miden. Diversos investigadores recomiendan una lista de requerimientos para que así sea (Pierrehumbert, 2003 en Díaz & Blánquez, 2004):

1. La evaluación debe tener en cuenta la etapa del desarrollo en que se encuentra el niño.
2. Los instrumentos deben medir y observar las relaciones y el tipo de vínculo entre padres e hijo.
3. La observación necesariamente tiene que contemplar los diferentes ambientes en donde se desenvuelven las díadas, tanto en situación de juego como el comportamiento  en casa.
4. En los casos en que se requiera, se debiera posibilitar la observación directa.
5. Deben contemplar no sólo el desarrollo del niño, sino también, la historia familiar, como antecedentes psiquiátricos, situación actual y función de cada padre en la relación con el hijo.

De este modo, la evaluación de la calidad de los estilos de apego entre madres e hijos permite la detección de problemas en forma precoz, tanto en el niño como en su familia, lo cual constituye una estrategia preventiva positiva para la formación de rasgos crónicos de personalidad (CEEIN, 2008).

En las primeras evaluaciones de apego en niños de 0 a 24 meses, en especial las realizadas por Bowlby y Ainsworth, se utilizó principalmente la observación naturalista, en que se identificaron algunos patrones de comportamiento que caracterizaban la interacción entre madre e hijo. De acuerdo a estos resultados se han creado otros métodos de evaluación más sistemáticos, los que permiten focalizar la observación con criterios básicos para identificar los patrones de las relaciones de apego (Camargo, Mejía, Herrera & Carrillo, 2007).

Uno de los instrumentos que se utiliza para evaluar apego en el primer año de vida del niño, generalmente entre los 12 y los 18 meses de edad, por tanto no es aplicable en bebés de menos de un año. Consiste en la observación de diversas situaciones en que se puede examinar el vínculo madre – hijo, y Mary Ainsworth la denominó: Situación Extraña (Strange Situation), y fue diseñado para observar la manera en que el niño maneja el estrés, el cual es promovido por la novedad del contexto y cómo reacciona ante las separaciones, otro elemento estresante, de su figura de apego (Cantón & Cortés, 2005). Consiste en ocho episodios de situaciones estresantes presentadas en un orden creciente estándar para todas las personas. Esto se realiza en una sala o lugar de laboratorio. Se utilizan las respuestas del bebé frente a separaciones breves de uno de los padres y sus respuestas a las reuniones con él (Main, 2000), específicamente y luego de un período de escaso tiempo de familiarización con el entorno, en donde se incluye un adulto desconocido que también está presente, la madre deja la sala, quedando al niño solo con el desconocido y unos juguetes, durante otros escasos minutos. Lo que se espera observar son las distintas conductas de apego que realiza el niño en las distintas situaciones estresantes respecto a su cuidador principal y así poder establecer cuáles es el estilo de apego predominante. Permite apreciar cómo reacciona el niño ante la presencia de un extraño y ante la ausencia de su cuidador principal, activando mecanismos de vínculo que son los que regularmente usa en situaciones similares. Además, permite observar cómo responde la madre y qué herramientas utiliza para tranquilizar al niño y dar sensación de seguridad (Sadurní, Rostan & Serrat, 2003). Sin embargo, pese a que este tipo de evaluación tuvo éxito práctico, el procedimiento tiene ciertas deficiencias que restringen su real utilidad respecto al estudio del desarrollo de las relaciones de apego, como el hecho de que la expresión de algunos aspectos del vínculo de apego se da en un contexto con un guión incorporado, aunque teóricamente la relación se debe observar en un ámbito natural, principalmente, en el hogar. Además, como otra limitante, está el hecho de que el ambiente de la Situación Extraña ha sido premeditadamente estructurado para poder examinar cómo funciona la relación madre-hijo como alivio del estrés generado por la situación y el ambiente nuevos, y la separación pauteada (Cantón & Cortés, 2005).

Otro de los instrumentos que evalúa la calidad del vínculo de apego es la Escala de Apego durante Stress (ADS). Es una prueba que permite evaluar a la madre y su hijo, entre los 0 y 18 meses de edad, en su interacción durante momentos de stress para el bebé. Fue creado en 1978 por Henry Massie y Kay Campbell (CEEIN, 2008), con el objetivo de obtener criterios efectivos, observacionales claros y conductuales, de la evaluación de la calidad del vínculo entre la madre/cuidador y el bebé, tanto desde el punto de vista de la madre como del bebé, a través de la observación de los siguientes aspectos: contacto visual (mirada), vocalización, tocando (dos tipos: (a) búsqueda de contacto piel a piel y (b) evitación del contacto piel a piel), sosteniendo, afectos compartidos, proximidad o cercanía. Este instrumento tiene la característica de poseer un uso práctico, de rápida y fácil administración, codificación y corrección (CEEIN, 2008).

La Escala de Apego durante Stress permite observar y registrar estos seis indicadores, por parte de cualquier profesional de la salud entrenado para este fin. La escala ADS tiene dos pautas de observación a completar, una para el registro de las conductas del hijo y otra para las conductas de la madre o bien de su cuidador. Los puntajes obtenidos luego de su puntuación, permiten la observación de un perfil que identifica la interacción entre el bebé y su madre como indicadores de una tendencia hacia un estilo de apego específico (Seguro, Evitante y Ambivalente) (CEEIN, 2008).

Para nuestra realidad nacional, la Escala Massie-Campbell de Observación de Indicadores de Apego Madre-Bebé en Situaciones de Stress (ADS), ha sido la más adecuada para su aplicación, ya que posee los estándares básicos de validez y confiabilidad y ha sido utilizada en diversos estudios de apego temprano tanto en poblaciones de bajo nivel socioeconómico y alto riesgo (Aguilar & Andía, 2008)