Este es un blog hecho por una psicóloga clínica, pensando en un espacio dedicado a los padres y madres que necesitan orientación en temas cotidianos para resolver dificultades de sus hijos, además de brindar un espacio de reflexión para personas que requieran de un profesional.
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jueves, 14 de abril de 2016
lunes, 27 de enero de 2014
Continuación....
Los
factores del desarrollo pueden acelerar,
retardar o inhibir el desarrollo, pero no modifican la secuencia genética.
Esta se presenta en una secuencia invariante, definida y predictible. De esta manera,
los cambios se ordenan en un lugar definido dentro del continuo temporal de la
vida, lo que nos permite tener un marco de referencia respecto de las conductas
esperadas para cada edad y etapa de desarrollo. En este sentido, los cambios
que se van manifestando en el niño, no nos desconciertan, por el contrario, los
esperamos. Es por esto que es posible predecir los cambios que se van a
presentar.
Esto último, nos permite tener un marco de
referencia y poder comparar entre niños de una misma edad o a un niño con su
grupo etário, lo que cobra utilidad al momento de poder detectar eventuales
problemas e intervenir en forma oportuna. Así por ejemplo, esperamos con
impaciencia que un niño comience a hablar o a caminar, porque estamos seguros
de que lo va a hacer en un momento más o menos definido de su desarrollo, por
lo que si observamos un retraso en la emergencia de estos logros, de inmediato
nos preocupamos.
Es en
este sentido, que los conocimientos que nos brinda la psicología del
desarrollo, son de fundamental importancia en el ámbito educativo, dado que
permiten orientar este proceso de acuerdo a las características psicológicas
del educando.
En el
curso de la vida, se observan muchos cambios tanto en los adultos, como en los
niños. Esto, ya sea en sus conductas, opiniones, creencias, en sus modos de
sentir y reaccionar. Lo importante, es considerar que no todos los cambios son propios del desarrollo. Algunos
corresponden o se relacionan con circunstancias concretas de la vida personal,
o con procesos patológicos. Es por esto que es necesario establecer claramente
una distinción entre cambios individuales y transformaciones evolutivas.
Las
transformaciones propias del desarrollo se caracterizan por:
o
Ser constructivas y progresivas,
representando cada una de ellas un enriquecimiento de los recursos adaptativos
que dispone el individuo.
o
Su
carácter universal en cuanto a que son comunes para todos los individuos de la
especie. Esto, aunque sus contendidos y forma de manifestarse puedan diferir de
una cultura a otra, en los distintos países, grupos e individuos.
o
Ser irreversibles, en cuanto constituyen
un paso en la formación de la personalidad. En este, sentido las regresiones
son indicativas de algún grado de patología, o bien pueden ser producto de
alguna lesión a nivel orgánico.
o
Ser cambios cualitativos lo que implican
una reorganización del sistema del comportamiento, que integra el aparecimiento
de nuevas funciones y capacidades en una totalidad con sentido.
o
Presentarse en un tiempo biológico
individual de maduración (tiempo de desarrollo).Por lo que si bien hay
conductas esperadas para cada etapa de desarrollo, pueden haber variaciones
entre un niño y otro, lo que puede deberse a factores heredados o ambientales
(estimulación, medio físico, medio social, etc). Esto es lo que hace
comprensible las variaciones individuales.
Características del Desarrollo Humano
La vida
del hombre se divide en ocho periodos, los cuales se describen a continuación:
·
Etapa
Prenatal: desde la concepción hasta el parto, formación de órganos y
estructura corporal básica, crecimiento físico acelerado, vulnerabilidad a las
influencias ambientales.
·
Etapa de
los primeros pasos: del nacimiento a los tres años, el recién
nacido es dependiente, pero competente, los sentidos funcionan desde el
nacimiento, el crecimiento físico y el desarrollo de habilidades motoras son
muy rápidos. Además se forman lazos con los padres y con los demás, la
autoconciencia se desarrolla durante el segundo año. El habla y la comprensión
se desarrollan con rapidez, se incrementa el interés en otros niños.
·
Primera
infancia: desde los tres a los seis años. Comienza a relacionarse
con otros niños, mejora la fuerza y las habilidades motrices fina y gruesa.
Incremento del autocontrol, cuidado propio e independencia. Mayor creatividad e
inventiva en los juegos y la imaginación, inmadurez cognitiva que conduce a
ideas ilógicas acerca del mundo. Comportamiento egocéntrico.
·
Infancia
Intermedia: desde los seis años hasta los doce. Los compañeros cobran
gran importancia, comienza a pensar lógicamente, aunque el pensamiento es
concreto. Disminuye el egocentrismo, incremento de la memoria y el lenguaje,
mejora la habilidad cognitiva, desarrollo del autoconcepto y autoestima,
disminuye la rapidez del crecimiento físico. Mejora la fuerza y la capacidad
atlética.
·
Adolescencia: de los
doce a los veinte años. Cambios físicos rápidos y profundos, se inicia la
madurez reproductora, difícil búsqueda y consolidación de la identidad. El
grupo de pares ayuda a desarrollar y probar el autocontrol. Además se
desarrolla el pensamiento abstracto y el razonamiento científico. El
egocentrismo aparece en algunos comportamientos.
·
Edad
adulta temprana: desde los veinte a los cuarenta años. Acá se toman
decisiones acerca de las relaciones íntimas, se da el matrimonio y nacen hijos.
La salud física llega al tope, luego decae ligeramente. Por otro lado, se da la
elección de una carrera. Asimismo, continúa el desarrollo de la identidad. La
capacidad intelectual es más compleja.
·
Edad
adulta intermedia: desde los cuarenta a los sesenta y cinco años. Se da
una nueva búsqueda del sentido de la vida, deterioros en la salud física, el
vigor y la fuerza. Menopausia en mujeres, andropausia en hombres. Existe una
doble responsabilidad cuidar a los hijos y a los padres ancianos. Luego viene
el nido vacío. Las mujeres adquieren más confianza en si mismas, los hombres se
vuelven más expresivos. En algunos se produce la crisis de la edad madura.
·
Edad
adulta tardía: sesenta y cinco años en adelante. La mayoría están
aún saludables y activas, aunque decaen en algunos casos. Lentitud de reacción
afecta el funcionamiento. Surge la necesidad de afrontar pérdidas en muchas
áreas de la vida. La jubilación deja tiempo libre, pero reduce los recursos. Se
siente la necesidad de encontrarle sentido a la vida.
martes, 11 de junio de 2013
Factores Sociodemográficos y otras variables que afectan la calidad del vínculo de apego
Factores de la madre:
Existen, además de
la psicopatología materna y de la depresión postparto, otros factores de riesgo
para el establecimiento de un adecuado vínculo de apego entre la madre y su
hijo, entre ellos se encuentran la dificultad para aceptar el embarazo, la edad
extrema de la madre, las dificultades en la lactancia, dificultad con la pareja
y falta de apoyo emocional, ser madre soltera, separada o viuda, pérdidas y
duelos importantes de figuras en edad temprana, maltrato físico, psicológico o
sexual en la infancia de la madre, presentar estrés laboral, sobrecargas del
rol materno en el hogar, aislamiento social y faltas de redes de apoyo externo,
además de pertenecer a un nivel socioeconómico bajo (MINSAL, 2008).
Un papel esencial
en el desarrollo del estilo de apego seguro, lo tiene la familia como el primer
referente social de un niño, ya que permitirá la configuración de los esquemas
que influyen en la futura interacción con el mundo. En este sentido, buenas
relaciones familiares permiten una adecuada adaptación en el futuro, las que
incluyen el mundo escolar, relacional y de pareja (Sanchis, 2009).
Dentro de la
familia están los cuidadores, principalmente la madre, que aportan sus propias
características a la interacción con el bebé. La relación entre el
apego madre - bebé está inserta en un modelo de desarrollo global, dentro del
cual existen variables de la madre y del contexto más amplio en el cual se
desarrolla el bebé (Tarabulsy et al., 2005 en Quezada & Santelices, 2009). En este sentido,
se ha observado que las experiencias infantiles de apego de la madre o “modelos
operativos internos” (Bowlby, 1980 en Quezada & Santelices, 2009), es decir, la reconstrucción de las experiencias
tempranas de apego, están íntimamente relacionadas con la sensibilidad
(Atkinson et al., 2005; Raval et al., 2001, Tarabulsy et al, 2005
en Quezada & Santelices,
2009) y las representaciones que tiene la madre sobre su futuro hijo y
sobre sí misma como madre (Huth-Bocks Levendosky, Bogat, & von Eye, 2004 en
Quezada & Santelices, 2009), éstas,
además, tienen un significativo ascendiente sobre el estilo de apego del bebé
(Atkinson et al. 2005; Huth-Bocks et al. 2004; Raval et al. 2001,
Tarabulsy et al. 2005; Ward & Carlson, 1995, en Quezada & Santelices, 2009).
Los cambios de las variables maternas ya referidas, durante
su biografía, están influenciadas por las propias experiencias de apego de la
madre y pueden afectar el apego del bebé. Esto puede ocurrir debido a
variaciones en las representaciones de apego maternas debido a experiencias de
maltrato o abuso, eventos traumáticos o relaciones de pareja insatisfactorias
(Weinfield, Sroufe & Egeland, 2000 en Quezada & Santelices, 2009),
cambios en el contexto social (Buchheim, 2003 en Quezada & Santelices,
2009), pobreza, bajo nivel
socioeconómico, monoparentalidad y violencia doméstica (Huth-Bocks et al.,
2004 en Quezada & Santelices, 2009).
Respecto de los
factores económicos, se plantea que las mujeres de nivel socioeconómico bajo
presentan una mayor tasa de prevalencia de depresión postparto, como resultado
de cuadros depresivos preexistente, alcanzando un 57% de esta población (Araya,
Rojas, Fritsch, Gaete, Rojas, Simon & Peters, 2003). El estudio concluyó
que la depresión postparto es más frecuente en mujeres de escasos recursos, ya
que existe un menor acceso a psicólogos y psiquiatras especialistas en el tema,
además de que sus tratamientos presentan una duración menor. Considerando que
sólo un cuarto de las mujeres obtiene un tratamiento psicológico para su
depresión, es esperable que luego del embarazo continúen los síntomas
depresivos, afectando de este modo la relación con su hijo (Araya et al., 2003).
En cuanto a la
pobreza, como un concepto más amplio que el nivel económico que abarca varios
factores de riesgo dentro de los cuales se encuentran el estado financiero de
la familia, el cambio de casa continuo, barrios de alto riesgo social, parentalidad
adolescente, familias uniparentales y varios eventos negativos durante la vida,
aumenta el riesgo de psicopatología en el cuidador del bebé, más aún, cuando
varios de estos factores aparecen en un mismo momento en la vida de ambos,
exponiéndolo a altos niveles de estrés.
Cuando, además de esto, se suman la baja escolaridad y la falta de
oportunidades de empleo el estrés se vuelve continuo y crónico, reduciendo la
capacidad, tanto del cuidador como del niño para enfrentar con éxito
situaciones futuras. Los factores de riesgo señalados aumentan la probabilidad
de que los niños pasen de estrategias de apego organizadas a otras menos
coherentes. También han desempeñado un papel importante en cuanto a la forma de
clasificar la inestabilidad del apego en bebés de 12 a 18 meses (Ciccheti &
Cohen, 2006).
Un factor de riesgo para la familia y generador de
estrés en los padres o cuidadores, lo que puede reducir notoriamente la disponibilidad y
atención sensible y, en algunos casos incrementa el riesgo de crianza hostil o
abuso, es el número de niños en la familia, puesto que genera altos niveles de
estrés en los padres, en especial cuando algunos de esos niños tienen problemas
de ajuste o adaptación, o algún tipo de patología (Ciccheti & Cohen, 2006).
Respecto de otros
factores de riesgo, existen hallazgos que señalan que en el vínculo de apego entre
madres y bebés prematuros, la representación de la madre respecto del bebé está
directamente relacionada con el tipo de apego infantil, y no así el sólo hecho
de que los niños prematuros generan tipos de apego inseguros. Esto otorga un
mayor argumento a la noción de que las variables maternas pueden influir más
que las variables del niño en la conformación de la calidad del apego del bebé
hacia su madre, cuando ésta es su cuidador principal (Cox, Hopkins & Hans, 2000). Este tipo de descubrimiento, además, es consistente con la teoría del
apego (Ainsworth et al., 1978; Sroufe, 1985 en Cox et. al., 2000). Otros
resultados, sugieren que no sólo el nivel de riesgo neonatal, sino también las
representaciones maternas del bebé pueden contribuir a la variabilidad en la
distribución del apego en muestras de investigación con díadas en que los bebés
son prematuros. La perspectiva parental del apego es una importante contribución
al desarrollo del apego en los bebés y, por ello, es fundamental para la
comprensión de la naturaleza del apego en familias con los bebés prematuros (Cox et. al., 2000).
Un estudio
realizado en Chile concluyó que la variable paridad tiene un rol en el
establecimiento del vínculo de apego entre la madre y su hijo, observándose una
predominancia de estilo de apego inseguro en madres primíparas y una
predominancia de apego seguro en las madres multíparas. En este mismo estudio, se señala que los patrones de
apego seguro predominan en los partos de tipo eutócico. (Lecannelier
et al., 2008). Este mismo
estudio, no encontró correlación significativa entre la edad de la madre y la
calidad del vínculo de apego con sus hijos, pese a que las madres más jóvenes
tendían al establecimiento de un vínculo inseguro. Por otro lado, no se pudo
concluir que el estado civil de las madres fuese un factor decisivo en el
vínculo de apego, aunque existen teorías que indican que las madres que se
encuentran en relaciones más satisfactorias emocionalmente suelen presentar
mayor sensibilidad hacia sus hijos, y por ende, un vínculo de apego seguro (Howes & Markman, 1989 en Lecannelier
et al., 2008).
En otro estudio acerca del efecto de algunos factores de
riesgo sobre el tipo de apego, se observó que en cuyas familias en que la madre
e hijo presentaban una unión afectiva catalogada de insegura en cuanto a la
estabilidad, habían síntomas elevados, tanto paternos como maternos, respecto
al consumo excesivo de alcohol, depresión maternal así como conducta antisocial
en la madre. Esto, en contraste con aquellas familias en las que la unión
afectiva fue caracterizada como segura en cuanto a la estabilidad. La
estabilidad en cuanto a patrones de inseguridad entre la madre y el infante fue
asociada a altos niveles de expresiones negativas de afecto materno. En este
sentido, se pudo apreciar que la inseguridad estable entre el padre e hijo se
asociaba con bajos niveles de expresiones positivas de afecto durante las
interacciones entre ambos, en ciertos momentos, y altos niveles de emotividad
negativa durante otros momentos. En síntesis, los resultados indican que los
niños que se sentían inseguros en ambos casos (con ambos padres) presentaban,
en su mayoría, características de riesgo familiar (alcoholismo, depresión
materna, conducta antisocial de la madre) (Edwards, Eiden & Leonard, 2004).
Una amplia gama de bibliografía sugiere que la exposición a relaciones
violentas puede tener un impacto negativo en el desarrollo de los niños, generando,
a largo plazo, altos índices de problemas conductuales a medida que crecen (Ciccheti & Cohen, 2006).
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martes, 7 de mayo de 2013
Factores clínicos: Psicopatología Materna y Apego
El vínculo de apego
temprano puede verse entorpecido por múltiples factores clínicos, como los
antecedentes en la historia personal de madre o de trastornos psicopatológicos y
de personalidad. Numerosos estudios concluyen que los trastornos mentales o las
conductas inadecuadas de crianza en las madres aumentan las probabilidades de
desarrollo de un vínculo de apego inseguro con su
hijo (Cantón & Cortés, 2005).
Estudios
epidemiológicos, de acuerdo a Nonacs y Cohen (2005 en Silva & Piccinini,
2009), han identificado el puerperio como el período que tiene el más alto
riesgo de desarrollar trastornos psiquiátricos, especialmente en las mujeres.
Según los autores, los trastornos del ánimo más frecuentes en este período son
de tres tipos, dependiendo principalmente de su intensidad: melancolía de la maternidad, psicosis
postparto y depresión postparto. Schwengber y Piccinini (2004 en Silva &
Piccinini, 2009) definieron a la melancolía
de la maternidad como una especie leve y transitoria de
depresión, que experimenta un 80% de las madres poco después de haber dado a
luz. La psicosis posparto se podría definir como un trastorno de mayor
gravedad, caracterizado por sintomatología psicótica. Esta última es menos
frecuente, afecta entre uno y cuatro mujeres por cada mil nacimientos.
La depresión
postparto se ubicaría, en términos de severidad, entre estos dos extremos, de
acuerdo a lo señalado por Schwengber y Piccinini (2004 en Silva &
Piccinini, 2009). Alrededor del 15% de las madres llega a padecer
depresión postparto, la que se define como un trastorno depresivo no psicótico
que tiene lugar alrededor de las cuatro semanas de vida del bebé y pudiendo
extenderse hasta el primer año de vida inclusive. Este tipo de trastorno es
diferente a la reacción depresiva puerperal, también llamada “baby blues”, la
cual alcanza entre un 15 y 55% de las madres, las más altas se dan
principalmente en Asia (44%) (Murata y Col., 1998 en Romero-Gutiérrez,
Dueñas de la Rosa ,
Regalado-Cedillo, Ponce-Ponce de León, 2010), y Europa (Alemania,
52,2%) (Reck y col., 2009 en Romero-Gutiérrez et al., 2010), y se caracteriza
por cambios bruscos de humor, principalmente debido a los cambios hormonales
que sufre el cuerpo femenino tras el parto, estos síntomas no requieren
tratamiento específico y basta con una intervención educativa y apoyo familiar.
Algunos de los síntomas específicos de la depresión
postparto incluyen la tristeza y llanto fácil, la sensación de estar
sobrepasada por las demandas del hijo recién nacido, enojo e irritabilidad,
pensamientos obsesivos, sentimientos de soledad y abandono, rechazo a la
maternidad, sentimientos de culpa y desinterés por todo lo que rodea a la
madre, incluyendo a su bebé (Arranz, Aguirre, Ruiz, Gaviño, Cervantes, Carsi,
Camacho & Ochoa, 2008; Chávez, Hernández, Arce, Bolaños, González &
Lartigue, 2008).
Dentro de los factores considerados de riesgo para el
desarrollo de la depresión postparto se encuentran los antecedentes de
depresión en otras etapas de la vida de la mujer, problemas psicológicos y
desarrollo de otros síntomas psicopatológicos durante el embarazo, escaso apoyo
social, malas relaciones de pareja, estilo de vida estresante y otros eventos
traumáticos (Arranz et al., 2008). Por otro lado, dentro de los factores
considerados de riesgo para el desarrollo de patologías como la depresión
postparto se incluyen la dificultad de concebir hijos en forma natural y el
desgaste psicofísico que conllevan los tratamientos de fertilización asistida (Bayo-Borrás, Cánovas & Sentis, 2005; Chatziandreou, Madianos, & Farsaliotis, 2003; Palacios, Jadresic, Palacios, Miranda
& Domínguez, 2002).
Recientes estudios
refieren que la depresión posparto sería responsable de dificultades en la
interacción madre-recién nacido, pudiendo generar en estos últimos trastornos
psicológicos en el corto y largo plazo (MINSAL, 2008). Una madre con depresión
puede disminuir la sensibilidad necesaria para captar adecuadamente las señales
de su hijo y de responder ante ellas de forma suficientemente buena y rápida.
Además, se le hace más difícil tolerar las exigencias del cuidado de un recién
nacido, las que son intensas. Las deficiencias para regular o tolerar la
expresión de afectos negativos o el llanto del bebé pueden desencadenar un
vínculo de estilo inseguro si no se interviene a tiempo; es por ello que el
deterioro de las interacciones entre madres deprimidas y sus bebés puede tener
consecuencias desfavorables en el desarrollo psicológico del niño (MINSAL,
2008). Del mismo modo, diversas experiencias de deprivación materna tienen un
impacto negativo en el posterior funcionamiento del niño, en especial en la
regulación de emociones, en el autocontrol de impulsos y en el enfrentamiento
al estrés (Maldonado, Lecannelier & Lartigue, 2008).
La depresión post
parto repercute negativamente en las habilidades cognitivas maternas, en el
desarrollo del lenguaje expresivo de la madre y en su atención con el bebé,
factores relevantes para la sensibilidad materna. En primer lugar, la madre
tiene percepciones negativas de las conductas del niño, y los bebés de tres
meses son capaces de detectar el estado de ánimo de sus madres, modificando sus
propias respuestas de acuerdo a ellos, desarrollando un estilo de apego en
particular. Esto se ha vinculado a un retraso en el desarrollo cognitivo del
niño, dificultades sociales y de interacción. Los bebés con madres deprimidas
tienen mayores probabilidades de presentar problemas de conducta a largo plazo,
lo que se asocia a que las madres con depresión post parto tienen mayor riesgo
de manifestar conductas negligentes con sus hijos e, incluso, abuso infantil,
lo que afecta notoriamente el desarrollo de un apego seguro (González, 2006).
En estos casos, es frecuente que el recién nacido sufra algún tipo de
abandono o alejamiento y frialdad afectiva (Arranz et al., 2008) lo cual
indudablemente repercute en el vínculo de apego entre madre e hijo.
Este factor clínico
es de relevancia en el estudio de las variables de riesgo, ya que se estima que
un tercio de las madres chilenas presentan síntomas ansiosos o depresivos
durante la mitad de su embarazo, mientras que el 10% de ellas, además,
presentan depresión postparto (Jadrecis, Nguyen & Halbreich, 2007).
Entre las poblaciones de mayor riesgo para
desarrollar cuadros depresivos se encuentran las mujeres durante el periodo de
posparto, debido a que los cambios hormonales (baja de estrógenos) y la escasez
de recursos psicológicos para enfrentar los eventos psicosociales
desencadenantes de estrés favorecen la aparición de dicha patología; llegando a
alcanzar tasas cercanas al 10% en el caso específico de la Depresión Posparto
(Barra et al., 2009)
La depresión es aproximadamente dos veces
más común en las mujeres que en los hombres y, desde una perspectiva más
integral, podemos apreciar que en las mujeres se conjugan elementos biológicos,
sociales, culturales y económicos que resultan en factores de relevancia a la
hora de los desencadenantes o mantenedores de la depresión (factores de riesgo
sociodemográficos) (Barra et al., 2009)
Las diferencias de prevalencia en hombres y
mujeres parecen corresponder a los años reproductivos de una mujer y a la
relación entre esteroides gonadales y cerebro. Las mujeres están expuestas
durante toda la edad fértil a variaciones hormonales endometriales, humorales, ováricas,
adrenales y cerebrales. Esto se traduce entre otras cosas en variaciones de
conducta, humor, peso, apetito, libido y temperatura, tanto en la fase
folicular como en la luteínica (Barra et al., 2009)
Alrededor de un 30% a un 40% de las
gestantes presentan síntomas ansiosos y depresivos, durante el embarazo; y el
riesgo de hospitalización psiquiátrica, es casi 7 veces mayor durante los 30
días posteriores al parto que antes de embarazarse. Así, depresión y embarazo
son entidades que pueden presentar una estrecha relación (Barra et al., 2009)
Un aspecto relevante en relación a la depresión
post parto es que suele presentar dificultades para su diagnóstico por una baja
de reporte de síntomas emocionales, la atribución de sintomatología a una
reacción “normal” ante el embarazo y por el hecho que las atenciones de salud
para la madre, en el sistema público, se establecen sólo en el primer mes post
parto. El inicio de los síntomas en la Depresión Posparto
presenta variaciones en cuanto a frecuencia. En el 40% de las pacientes
aparecen después del primer control posnatal, en el 20% coincide con destete,
en el 16% con el reinicio de la regla, en el 14% con el inicio de
anticoncepción hormonal y en el 5% aparecen al año del posparto. Es por ello
que es importante contar con instrumentos de apoyo en el diagnóstico, como el
Screening Escala de Depresión Posparto de Edimburgo empleada y validada en
varios países y culturas, y traducida al menos a 23 idiomas diferentes, y que
se aplica 6 a
8 semanas Post parto (Barra et al., 2009)
Algunas manifestaciones de los bebés de madres con
depresión postparto son mantener una expresión facial de tristeza, voltear la
cabeza y evitar la mirada de la madre, además de aumento de la irritabilidad,
detectándose mayor frecuencia de apegos de estilo inseguros en las díadas
madre-hijo (Lartigue, Maldonado, González & Sauceda, 2008).
Un estudio chileno reciente, que trabajó con 72 díadas, utilizando los
instrumentos Situación Extraña para evaluar apego, autorreporte CAMIR para evaluar
las representaciones de apego y el OQ-45.2 para evaluar psicopatología, ha concluido que la psicopatología de la madre
está íntimamente relacionada con el estilo de apego inseguro en el hijo, donde
la psicopatología materna es un poderoso factor de riesgo para el desarrollo de
alteraciones en el vínculo de apego. En este sentido, la depresión en la madre
genera un estilo vincular con menos respuestas a las señales del bebé, mayor
hostilidad y críticas, con una actitud más pasiva o bien más intrusiva, señales
que se correlacionan con el estilo inseguro de apego (Quezada & Santelices,
2009). Esta misma investigación, reveló que la psicopatología de
la madre como variable tiene una capacidad predictiva del 69,4% sobre el estilo
de apego a desarrollar con su bebé, en especial los síntomas ansiosos y
depresivos, los cuales permiten discriminar entre los estilos seguros e
inseguros de apego (Quezada & Santelices, 2009).
Una investigación
extranjera realizada con muestras obtenidas de varias ciudades de Europa y en
una ciudad de estados unidos (n=296; 204 mujeres antes del parto y 96 de las
174 atendidas postparto), evaluó la calidad
del vínculo de apego asociándola a la depresión postparto, encontrándose que el
estilo inseguro de apego se correlaciona en forma positiva con la depresión, no
sólo en el periodo postparto sino también depresión durante el embarazo, de ahí
recae la importancia de evaluar estos síntomas cuando se estudia la calidad del
vínculo de apego en díadas madre-hijo (Bifulco et al., 2004). Del mismo modo,
otra investigación realizada en Finlandia (n=59 díadas madre-hijo durante el
embarazo; 4-5 meses post parto y cuando el niño tenía alrededor de 14 meses de
edad), comprobó que los
síntomas depresivos pre y postnatales en la madre aumentan el riesgo de
desarrollar un relación problemática entre madre e hijo, por cuanto estas
madres presentan una sensibilidad disminuida para captar las necesidades de sus
hijos en etapas tempranas (Flykt,
Kanninen, Sinkkonen & Punamaki, 2010).
Debido a la alta probabilidad de presentar
un cuadro depresivo, de cualquiera de las características ya señaladas, en
mujeres en edad fértil, probabilidad que aumenta aún más post parto como ya se
explicó, la necesidad de dar relevancia al efecto de esta patología en particular
sobre la relación madre-hijo se hizo evidente. Con ello no se descarta el hecho
de que otras patologías puedan afectar el apego madre-bebé, y como se vio en el
screening realizado a través del SCL-90-R, es evidente que la psicopatología
materna afecta, es decir, es un factor de riesgo en el establecimiento de un
apego inseguro, más aún si se acompaña de depresión post parto. Lo que puede
ser objetivo de estudio en un futuro no muy lejano.
Así pues, los
trastornos del estado de ánimo durante
el puerperio conllevan una serie de consecuencias para la madre donde se ven
mermados tanto su nivel de salud como la capacidad para experimentar el gozo de
la maternidad. Incluso se ha llegado a establecer que a pesar de que existen
unas tasas bajas de suicidio de mujeres en el periodo postnatal, aquellas que
desarrollan una depresión grave, sobre todo en el primer año tras el parto,
están en un riesgo elevado de cometer suicidio (Martínez,
Toledo, Pineda, Monleón, Ferrero & Barreto, 2001)
Esta sintomatología
afecta de forma negativa al desarrollo de los hijos y contribuye también al
deterioro progresivo de las relaciones conyugales y familiares. Dadas estas
premisas es evidente que la maternidad es un cambio en la vida de la mujer que
influye no sólo en su cuerpo sino en sus
relaciones sociales, su identidad, su conducta y sus futuros proyectos de vida
(Martínez et al., 2001)
En síntesis, se ha
visto que la madre que presenta psicopatología o depresión
postparto presta un cuidado menos sensible a su hijo, haciéndolos más propensos
a desarrollar un estilo de apego inseguro, debido a que esta madre tendría más
dificultades para desplegar sus capacidades en beneficio de la relación con su
bebé (Espinosa, Beckwit, Howard, Tyler & Swanson, 2001; Beckwit, Rozga
& Sigman, 2007).
Finalmente, de acuerdo a todo lo revisado anteriormente, la
detección de la tristeza materna o “baby blue” en el inicio del puerperio puede
ser una muy buena estrategia para identificar el riesgo de depresión postparto
y, así, evitar que estas madres sufran y teman a sus síntomas en forma
silenciosa. El diagnóstico oportuno permitirá ofrecer a la madre un tratamiento
temprano, influyendo positivamente en la relación madre-hijo y evitará en el
niño trastornos emocionales a largo plazo (Romero-Gutiérrez et al.,
2010).
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viernes, 3 de mayo de 2013
FACTORES DE RIESGO EN EL ESTABLECIMIENTO DEL VÍNCULO DE APEGO TEMPRANO
En uno de los
primeros estudios chilenos (Lecannelier,
Kimelman, González, Núñez & Hoffmann, 2008), los resultados evidenciaron un
alta tendencia a establecer apego seguro entre las díadas, llegando al 73%, distribución
similar a la estudios internacionales en poblaciones normativas (Sroufe et al.,
2005 en Lecannelier et al., 2008). Sin embargo aún es necesaria la
identificación de los factores de riesgo para el establecimiento de un estilo
inseguro de apego.
Los investigadores
del apego, en el último tiempo, se han ido desplazando hacia modelos multinivel
más complejos respecto a los factores de riesgo.
Un modelo acerca
del desarrollo de patrones de apego, postula que habría transacciones
bidireccionales entre los factores: personalidad, cuidador y contextos de
riesgo. Un factor de de riesgo por tanto, se podría asociar con otros. Como un
nivel de riesgo extremo se puede potenciar con cualquier otro factor de riesgo,
la probabilidad de psicopatología al desarrollar un patrón de apego inseguro se
incrementa (Ciccheti & Cohen, 2006).
En diversos casos
la enfermedad psiquiátrica del cuidador principal o la madre repercute en la
forma en que se cuida y se trata al hijo, influyendo inevitablemente, en el
vínculo que se establece entre ambos (Marrone, 2001). Más específicamente, los
problemas psicológicos en las madres (patología mental, alcoholismo, maltrato
infantil, entre otros) tienen un claro efecto sobre el desarrollo de apegos
inseguros. Sin embargo, pese a que los problemas en el niño (prematuros,
Síndrome de Down, entre otros) generan un efecto negativo sobre el vínculo que
se establece entre madre e hijo, este es menos evidente. Esto se puede
interpretar como que las dificultades o limitaciones de los niños no ponen en
peligro el desarrollo de relaciones seguras de apego, en cambio las de las
madres sí, puesto que el hijo no puede compensar las deficiencias de las
madres, aumentando el riesgo de generar un apego inseguro (Cantón & Cortés,
2005), las madres, supone la teoría del apego, dispondrían de mayores
capacidades para poder adaptarse a las necesidades del hijo.
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viernes, 19 de abril de 2013
Evaluación del apego en la infancia temprana
La primera pregunta que nos debemos hacer antes de hablar
de evaluación de apego es si los instrumentos usados para ello realmente lo miden.
Diversos investigadores recomiendan una lista de requerimientos para que así
sea (Pierrehumbert, 2003 en Díaz & Blánquez, 2004):
1. La evaluación debe tener en cuenta la etapa del
desarrollo en que se encuentra el niño.
2. Los instrumentos deben medir y observar las relaciones y
el tipo de vínculo entre padres e hijo.
3. La observación necesariamente tiene que contemplar los
diferentes ambientes en donde se desenvuelven las díadas, tanto en situación de
juego como el comportamiento en casa.
4. En los casos en que se requiera, se debiera posibilitar
la observación directa.
5. Deben contemplar no sólo el desarrollo del niño, sino también,
la historia familiar, como antecedentes psiquiátricos, situación actual y
función de cada padre en la relación con el hijo.
De este modo, la
evaluación de la calidad de los estilos de apego entre madres e hijos permite
la detección de problemas en forma precoz, tanto en el niño como en su familia,
lo cual constituye una estrategia preventiva positiva para la formación de
rasgos crónicos de personalidad (CEEIN, 2008).
En las primeras
evaluaciones de apego en niños de 0
a 24 meses, en especial las realizadas por Bowlby y
Ainsworth, se utilizó principalmente la observación naturalista, en que se
identificaron algunos patrones de comportamiento que caracterizaban la
interacción entre madre e hijo. De acuerdo a estos resultados se han creado
otros métodos de evaluación más sistemáticos, los que permiten focalizar la
observación con criterios básicos para identificar los patrones de las
relaciones de apego (Camargo, Mejía, Herrera & Carrillo, 2007).
Uno de los
instrumentos que se utiliza para evaluar apego en el primer año de vida del
niño, generalmente entre los 12 y los 18 meses de edad, por tanto no es
aplicable en bebés de menos de un año. Consiste en la observación de diversas
situaciones en que se puede examinar el vínculo madre – hijo, y Mary Ainsworth la denominó: Situación Extraña (Strange
Situation), y fue diseñado para observar la manera en que el niño maneja el
estrés, el cual es promovido por la novedad del contexto y cómo reacciona ante
las separaciones, otro elemento estresante, de su figura de apego (Cantón &
Cortés, 2005). Consiste en ocho episodios de situaciones estresantes
presentadas en un orden creciente estándar para todas las personas. Esto se
realiza en una sala o lugar de laboratorio. Se utilizan las respuestas del bebé
frente a separaciones breves de uno de los padres y sus respuestas a las
reuniones con él (Main, 2000), específicamente y luego de un período de escaso
tiempo de familiarización con el entorno, en donde se incluye un adulto
desconocido que también está presente, la madre deja la sala, quedando al niño
solo con el desconocido y unos juguetes, durante otros escasos minutos. Lo que
se espera observar son las distintas conductas de apego que realiza el niño en
las distintas situaciones estresantes respecto a su cuidador principal y así
poder establecer cuáles es el estilo de apego predominante. Permite apreciar cómo reacciona el niño ante la
presencia de un extraño y ante la ausencia de su cuidador principal, activando
mecanismos de vínculo que son los que regularmente usa en situaciones
similares. Además, permite observar cómo responde la madre y qué herramientas
utiliza para tranquilizar al niño y dar sensación de seguridad (Sadurní, Rostan
& Serrat, 2003). Sin embargo, pese a que este tipo de evaluación tuvo éxito
práctico, el procedimiento tiene ciertas deficiencias que restringen su real
utilidad respecto al estudio del desarrollo de las relaciones de apego, como el
hecho de que la expresión de algunos aspectos del vínculo de apego se da en un
contexto con un guión incorporado, aunque teóricamente la relación se debe
observar en un ámbito natural, principalmente, en el hogar. Además, como otra
limitante, está el hecho de que el ambiente de la Situación Extraña
ha sido premeditadamente estructurado para poder examinar cómo funciona la
relación madre-hijo como alivio del estrés generado por la situación y el
ambiente nuevos, y la separación pauteada (Cantón & Cortés, 2005).
Otro de los
instrumentos que evalúa la calidad del vínculo de apego es la Escala de Apego durante
Stress (ADS). Es una prueba que permite evaluar a la madre y su hijo, entre los
0 y 18 meses de edad, en su interacción durante momentos de stress para el bebé.
Fue creado en 1978 por Henry Massie y Kay Campbell (CEEIN, 2008), con el
objetivo de obtener criterios efectivos, observacionales claros y conductuales,
de la evaluación de la calidad del vínculo entre la madre/cuidador y el bebé, tanto
desde el punto de vista de la madre como del bebé, a través de la observación
de los siguientes aspectos: contacto visual (mirada),
vocalización, tocando (dos tipos: (a) búsqueda de contacto piel a piel y (b)
evitación del contacto piel a piel), sosteniendo, afectos compartidos,
proximidad o cercanía. Este instrumento tiene la característica de poseer
un uso práctico, de rápida y fácil administración, codificación y corrección
(CEEIN, 2008).
Para nuestra realidad nacional, la Escala Massie-Campbell
de Observación de Indicadores de Apego Madre-Bebé en Situaciones de Stress
(ADS), ha sido la más adecuada para su aplicación, ya que posee los estándares
básicos de validez y confiabilidad y ha sido utilizada en diversos estudios de
apego temprano tanto en poblaciones de bajo nivel socioeconómico y alto riesgo
(Aguilar & Andía, 2008)
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jueves, 25 de marzo de 2010
Carta abierta a las mamás:
Estábamos sentados a la hora del almuerzo cuando mi hija casualmente mencionó que ella y su marido estaban pensando en "formar una familia". Estamos haciendo una encuesta", bromeó. "¿Crees tú que debería tener un bebé?“ "Te va a cambiar la vida" dije yo, manteniendo un tono neutral. "Ya sé" dijo ella, "no más dormir el fin de semana, no más vacaciones espontáneas", pero no era a eso a lo que yo me refería. Miré a mi hija, tratando de decidir qué decirle. Quería contarle que las heridas físicas de tener un bebé sanarían, pero convertirse en madre le dejaría una herida emocional tan grande que la haría para siempre vulnerable… Quería decirle que nunca más leería el diario sin preguntar: y si ese hubiera sido MI hijo?". Que cada caída de avión, cada casa que se incendia, cada accidente de tránsito la van a perseguir. Que cuando vea una foto de un niño hambriento, se preguntará si no hay nada peor en la vida que ver a tu propio hijo morir. Miré sus manos con manicure y su perfecto traje de dos piezas y pensé que sin importar cuan sofisticada es ella, convertirse en madre la reducirá al nivel más primitivo donde lo más importante es proteger a su crío. Que el llamado urgente de "mamá!!!" le hará quebrar su fuente de cristal más fino sin siquiera dudarlo.
Me gustaría advertirle que sin importar cuantos años ha invertido en su carrera, serán descarrilados por la maternidad. Podrá contratar una nana, pero algún día tendrá que ir a una importante reunión y recordará el dulce olor de su bebé. Tendrá que endurecer su corazón para no volver corriendo a casa, solo para asegurarse de que está bien. Quería decirle a mi hija que las decisiones comunes de cada día ya no serán rutina.
Que la decisión de un niño de 5 años de ir al baño de varones en Mac Donald's en vez de el de mujeres será un problema gigante. Allí, en medio de las bandejas y los gritos de otros niños, los asuntos de independencia e identidad de género chocarán contra la idea de un pedófilo esperando en ese baño de varones. Cualquier decisión que tome en la oficina, la repensará constantemente como madre. Mirando a mi atractiva hija, le quería asegurar que eventualmente perderá los kilitos de más del embarazo, pero nunca más se sentirá igual consigo misma. Que su vida, ahora tan importante, pasará a segundo plano una vez que su bebé haya nacido. Ahora que ella daría su vida en un momento por salvar a su bebé, también comenzará a pedir por más años de vida, no para cumplir sus sueños, sino para ver los de sus hijos cumplidos. Quería decirle que la cicatriz de la cesárea y las estrías se convertirían en sus medallas de honor.
La relación de mi hija y su marido cambiará, pero no de la manera que ella piensa. Ojalá ella entendiera cuánto más se puede amar a un hombre que es cuidadoso para poner talco a su bebé o que siempre tiene tiempo para jugar con él. Quiero que sepa que se volverá a enamorar de su marido por razones que ahora encontraría muy poco románticas.
Quisiera que ella pudiera sentir el lazo que tendrá con otras mujeres que han tratado de detener guerras, acabar con los prejuicios y no manejar bajo los efectos del alcohol. Quiero describirle a mi hija la felicidad que se siente al ver a tu hijo aprender a andar en bicicleta. Quiero capturar para ella la risita divertida de un bebé cuando toca por primera vez el pelaje de un perrito o de un gato. Quiero traspasarle esa alegría.
La mirada interrogante de mi hija me hizo notar lágrimas en mis ojos. “Nunca te arrepentirás", dije finalmente. Me acerqué a ella, apreté sus manos y le deseé lo mejor, ya que había recibido el más maravilloso de los llamados...
Me gustaría advertirle que sin importar cuantos años ha invertido en su carrera, serán descarrilados por la maternidad. Podrá contratar una nana, pero algún día tendrá que ir a una importante reunión y recordará el dulce olor de su bebé. Tendrá que endurecer su corazón para no volver corriendo a casa, solo para asegurarse de que está bien. Quería decirle a mi hija que las decisiones comunes de cada día ya no serán rutina.
Que la decisión de un niño de 5 años de ir al baño de varones en Mac Donald's en vez de el de mujeres será un problema gigante. Allí, en medio de las bandejas y los gritos de otros niños, los asuntos de independencia e identidad de género chocarán contra la idea de un pedófilo esperando en ese baño de varones. Cualquier decisión que tome en la oficina, la repensará constantemente como madre. Mirando a mi atractiva hija, le quería asegurar que eventualmente perderá los kilitos de más del embarazo, pero nunca más se sentirá igual consigo misma. Que su vida, ahora tan importante, pasará a segundo plano una vez que su bebé haya nacido. Ahora que ella daría su vida en un momento por salvar a su bebé, también comenzará a pedir por más años de vida, no para cumplir sus sueños, sino para ver los de sus hijos cumplidos. Quería decirle que la cicatriz de la cesárea y las estrías se convertirían en sus medallas de honor.
La relación de mi hija y su marido cambiará, pero no de la manera que ella piensa. Ojalá ella entendiera cuánto más se puede amar a un hombre que es cuidadoso para poner talco a su bebé o que siempre tiene tiempo para jugar con él. Quiero que sepa que se volverá a enamorar de su marido por razones que ahora encontraría muy poco románticas.
Quisiera que ella pudiera sentir el lazo que tendrá con otras mujeres que han tratado de detener guerras, acabar con los prejuicios y no manejar bajo los efectos del alcohol. Quiero describirle a mi hija la felicidad que se siente al ver a tu hijo aprender a andar en bicicleta. Quiero capturar para ella la risita divertida de un bebé cuando toca por primera vez el pelaje de un perrito o de un gato. Quiero traspasarle esa alegría.
La mirada interrogante de mi hija me hizo notar lágrimas en mis ojos. “Nunca te arrepentirás", dije finalmente. Me acerqué a ella, apreté sus manos y le deseé lo mejor, ya que había recibido el más maravilloso de los llamados...
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