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martes, 28 de enero de 2014

Concepto de Normalidad y Anormalidad


Para hablar de normalidad y anormalidad debemos saber primero qué es la salud mental. Según la Organización Mundial de la Salud, O.M.S.(1946), se define salud mental como: “estado de completo bienestar mental, físico y social, y no meramente la ausencia de enfermedad o dolencia”.

 

El concepto de salud hay que entenderlo de manera amplia e integral, y además, como el equilibrio entre el hombre y su medio ambiente, como una manera de vivir que suponga el desarrollo de la potencialidad humana, que permita el goce pleno y armonioso de sus facultades, para disfrutar de un bienestar individual y para participar en el progreso común. 

 

En cualquier caso, la salud, y por tanto la salud mental, se contempla como un proceso dinámico, por el cual todas las personas transitan en la vida, experimentando diferentes periodos en los que el grado de salud varía dentro de ese proceso continuo salud – enfermedad.

 

La salud mental es mucho más que la ausencia de trastorno mental. La salud mental es un estado en el cual todos queremos estar. Cuando hablamos de felicidad, tranquilidad, goce o satisfacción, casi siempre nos estamos refiriendo a la salud mental.

 

La salud mental también tiene que ver con la vida diaria de todos, se refiere a la manera como cada uno de nosotros nos relacionamos con otros en el seno de la familia, en la escuela, en el trabajo, en las actividades recreativas, en el contacto diario con nuestros pares, y en general, con la comunidad.

 

Comprende la manera en que cada uno armoniza sus deseos, anhelos, habilidades, ideales, sentimientos y valores morales con los requerimientos para hacer frente a las demandas de la vida.

 

No existe una línea divisoria que separe con precisión a la persona mentalmente sana de la que no lo está, debido a que existe toda una gama de grados en salud mental y no hay una característica singular que pueda tomarse aisladamente como evidencia de que se la posee.

 

Por otra parte, tampoco la ausencia de uno de esos atributos puede admitirse como prueba de “enfermedad” mental. Más aún nadie mantiene durante toda su vida las condiciones de “buena” salud mental.

 

Factores del desarrollo


El desarrollo, es un fenómeno que obedece a múltiples causas, por lo que existen, distintos factores implicados y cada uno en forma independiente o conjunta, puede estar incidiendo en el hecho que se produzca o no una transformación esperada.

 

Ya se dijo anteriormente que el desarrollo es un proceso total y continuo, multicausado, es decir, no existe una causa única que lo explique, sino que depende, por lo tanto, de la incidencia de distintos factores que se interrelacionan recíprocamente.

 

Este tema ha sido ampliamente discutido en psicología. Es así como desde el S. XIX, se ha tratado de determinar qué es más importante; lo que el individuo trae o lo que el individuo aprende. Hoy en día, la discusión y la investigación reconocen la importancia e incidencia en el desarrollo humano y se plantea que ambos factores, herencia y ambiente, contribuyen en forma conjunta y decisiva y buscan conocer cómo ambos factores influyen en el desarrollo y cuál es la relación que existe entre ellos.

 

Los factores clásicos del desarrollo son, por lo tanto; herencia y ambiente. Este último se divide en medio físico y medio social. La psicología del desarrollo, recurre a un tercer factor: equilibrio o síntesis integrativa de los factores del desarrollo, constituido por el desarrollo cognoscitivo.

 

El concepto de herencia, desde el punto de vista psicológico, se debe distinguir entre herencia estructural y funcional.

 

a.- herencia estructural es aquella que determina la organización biológica de un individuo y que tiene un carácter específico. Se puede entender a dos niveles; herencia general de la especie y herencia específica.

 

·        herencia general de la especie, es aquella que nos define como hombres, que define la organización de nuestro sistema nervioso y por lo tanto, los límites de nuestro sistema nervioso. Por ejemplo, nuestro ojo, sólo percibe un espectro de colores, por lo que no podemos ver la luz ultravioleta. Es en este sentido una herencia limitante porque establece el rango de estímulos que podemos recibir del mundo a través de nuestros sentidos. Define las posibilidades de experiencias con la realidad física.

 

·        La herencia específica es aquella que determina en el código genético nuestro color de piel, ojos, etc. y que nos hace ser a cada uno temperamentalmente distinto a otros individuos de la especie. De esta herencia, dependen en parte significativa las posibilidades adaptativas del individuo como ser único e individual.

 

b.- herencia funcional, trasciende las limitaciones dadas por la organización biológica y de la cual resulta la organización cognitiva. Es por lo tanto, la herencia que nos hace diferenciarnos los unos de los otros como individuos únicos e irrepetibles, lo que se pone de manifiesto en el nuestro modo de ser, es decir, en nuestra personalidad.

 

Este tema ha sido ampliamente investigado, a partir de las investigaciones con gemelos univitelinos, los que físicamente son idénticos, lo que se traduce en que los padres como quienes los rodean, tiendan a tratarlos de la misma manera, lo que a su vez incide en que ambos tengan experiencias similares, por lo que sus conductas y sus modos de ser se asemejan.

 

Psicológicamente, por lo tanto, la herencia establece las potencialidades, determina un cierto rango de reacción frente a las oportunidades que el ambiente ofrezca. Las diferencias individuales, están causadas por diferencias genéticas en sus rangos de reacción y por diferencias específicas en los ambientes a los cuales se enfrentan.

 

Por lo tanto, la información genética, señala una secuencia madurativa ordenada, la que en interacción con el ambiente, se actualiza y se manifiesta en conducta.

 

Mientras menor es el niño, más incide el factor herencia maduración en su conducta. A medida que avanza el curso del desarrollo, se produce una progresiva disminución de la significación de la herencia, teniendo una mayor incidencia el ambiente.

 

Como ya habíamos anunciado, existen factores ambientales que también influyen en el desarrollo. Se debe distinguir entre influjos extra-psicológicos y psicológicos.

Ø  Los influjos extra-psicológicos, son los influjos físicos que hacen posible la vida. (Aire, luz, agua, alimento, etc.).

 

Ø  Los influjos psicológicos en tanto, son los influjos experienciales que se refieren a las condiciones en las cuales nos desarrollamos. (Vivir en un ambiente rural, casa, departamento, etc.).

 

El mecanismo psicológico que mediatiza el proceso experiencial, entre herencia y ambiente, es el aprendizaje, en el sentido de adquisición de conocimientos en relación con una realidad externa. Esto por lo tanto, nos permite sacar provecho de nuestra interacción con el ambiente y que se traduce en nuevas posibilidades de adaptación. De nada serviría que de nuestra interacción con la realidad, no pudiésemos obtener un registro, como lo constituye el aprender nuevas conductas.

 

En la experiencia que obtenemos de nuestra interacción con la realidad se distinguen 3 dimensiones importantes; aspectos socioculturales, interacción personal e interacción del niño con la realidad física.

 

Como se dijo, existe un factor que unifica los cambios o transformaciones y que es el  factor cognitivo, que le da sentido a las experiencias individuales, que integra y sintetiza la acción de los distintos factores. Este factor permite ir procesando la información de la interacción con el mundo. Por lo que en este sentido, el ser humano construye activamente su adaptación.

lunes, 27 de enero de 2014

Continuación....


Los factores del desarrollo pueden acelerar, retardar o inhibir el desarrollo, pero no modifican la secuencia genética. Esta se presenta en una secuencia invariante, definida y predictible. De esta manera, los cambios se ordenan en un lugar definido dentro del continuo temporal de la vida, lo que nos permite tener un marco de referencia respecto de las conductas esperadas para cada edad y etapa de desarrollo. En este sentido, los cambios que se van manifestando en el niño, no nos desconciertan, por el contrario, los esperamos. Es por esto que es posible predecir los cambios que se van a presentar.

 

Esto último, nos permite tener un marco de referencia y poder comparar entre niños de una misma edad o a un niño con su grupo etário, lo que cobra utilidad al momento de poder detectar eventuales problemas e intervenir en forma oportuna. Así por ejemplo, esperamos con impaciencia que un niño comience a hablar o a caminar, porque estamos seguros de que lo va a hacer en un momento más o menos definido de su desarrollo, por lo que si observamos un retraso en la emergencia de estos logros, de inmediato nos preocupamos.

 

Es en este sentido, que los conocimientos que nos brinda la psicología del desarrollo, son de fundamental importancia en el ámbito educativo, dado que permiten orientar este proceso de acuerdo a las características psicológicas del educando.

 

En el curso de la vida, se observan muchos cambios tanto en los adultos, como en los niños. Esto, ya sea en sus conductas, opiniones, creencias, en sus modos de sentir y reaccionar. Lo importante, es considerar que no todos los cambios son propios del desarrollo. Algunos corresponden o se relacionan con circunstancias concretas de la vida personal, o con procesos patológicos. Es por esto que es necesario establecer claramente una distinción entre cambios individuales y transformaciones evolutivas.

 

 

Las transformaciones propias del desarrollo se caracterizan por:

 

o   Ser constructivas y progresivas, representando cada una de ellas un enriquecimiento de los recursos adaptativos que dispone el individuo.

 

o    Su carácter universal en cuanto a que son comunes para todos los individuos de la especie. Esto, aunque sus contendidos y forma de manifestarse puedan diferir de una cultura a otra, en los distintos países, grupos e individuos.

 

o   Ser irreversibles, en cuanto constituyen un paso en la formación de la personalidad. En este, sentido las regresiones son indicativas de algún grado de patología, o bien pueden ser producto de alguna lesión a nivel orgánico.

 

o   Ser cambios cualitativos lo que implican una reorganización del sistema del comportamiento, que integra el aparecimiento de nuevas funciones y capacidades en una totalidad con sentido.

 

o   Presentarse en un tiempo biológico individual de maduración (tiempo de desarrollo).Por lo que si bien hay conductas esperadas para cada etapa de desarrollo, pueden haber variaciones entre un niño y otro, lo que puede deberse a factores heredados o ambientales (estimulación, medio físico, medio social, etc). Esto es lo que hace comprensible las variaciones individuales.

Características del Desarrollo Humano

La vida del hombre se divide en ocho periodos, los cuales se describen a continuación:

 ·      Etapa Prenatal: desde la concepción hasta el parto, formación de órganos y estructura corporal básica, crecimiento físico acelerado, vulnerabilidad a las influencias ambientales.

 

·      Etapa de los primeros pasos: del nacimiento a los tres años, el recién nacido es dependiente, pero competente, los sentidos funcionan desde el nacimiento, el crecimiento físico y el desarrollo de habilidades motoras son muy rápidos. Además se forman lazos con los padres y con los demás, la autoconciencia se desarrolla durante el segundo año. El habla y la comprensión se desarrollan con rapidez, se incrementa el interés en otros niños.

 

·      Primera infancia: desde los tres a los seis años. Comienza a relacionarse con otros niños, mejora la fuerza y las habilidades motrices fina y gruesa. Incremento del autocontrol, cuidado propio e independencia. Mayor creatividad e inventiva en los juegos y la imaginación, inmadurez cognitiva que conduce a ideas ilógicas acerca del mundo. Comportamiento egocéntrico.

 

·      Infancia Intermedia: desde los seis años hasta los doce. Los compañeros cobran gran importancia, comienza a pensar lógicamente, aunque el pensamiento es concreto. Disminuye el egocentrismo, incremento de la memoria y el lenguaje, mejora la habilidad cognitiva, desarrollo del autoconcepto y autoestima, disminuye la rapidez del crecimiento físico. Mejora la fuerza y la capacidad atlética.

 

·      Adolescencia: de los doce a los veinte años. Cambios físicos rápidos y profundos, se inicia la madurez reproductora, difícil búsqueda y consolidación de la identidad. El grupo de pares ayuda a desarrollar y probar el autocontrol. Además se desarrolla el pensamiento abstracto y el razonamiento científico. El egocentrismo aparece en algunos comportamientos.

 

·      Edad adulta temprana: desde los veinte a los cuarenta años. Acá se toman decisiones acerca de las relaciones íntimas, se da el matrimonio y nacen hijos. La salud física llega al tope, luego decae ligeramente. Por otro lado, se da la elección de una carrera. Asimismo, continúa el desarrollo de la identidad. La capacidad intelectual es más compleja.

 

·      Edad adulta intermedia: desde los cuarenta a los sesenta y cinco años. Se da una nueva búsqueda del sentido de la vida, deterioros en la salud física, el vigor y la fuerza. Menopausia en mujeres, andropausia en hombres. Existe una doble responsabilidad cuidar a los hijos y a los padres ancianos. Luego viene el nido vacío. Las mujeres adquieren más confianza en si mismas, los hombres se vuelven más expresivos. En algunos se produce la crisis de la edad madura.

 

·      Edad adulta tardía: sesenta y cinco años en adelante. La mayoría están aún saludables y activas, aunque decaen en algunos casos. Lentitud de reacción afecta el funcionamiento. Surge la necesidad de afrontar pérdidas en muchas áreas de la vida. La jubilación deja tiempo libre, pero reduce los recursos. Se siente la necesidad de encontrarle sentido a la vida.

Conceptualización General de los Factores del Desarrollo


El estudio del desarrollo humano implica un conocimiento integral de los cambios constitucionales y aprendidos que se están sucediendo dentro de un proceso continuo, inherente y evolutivo, donde es importante entender la integración y organización de las distintas conductas en cada etapa del proceso.

 

El desarrollo humano se define como; “Conjunto de transformaciones interrelacionadas que se ubican u ordenan en un lugar específico dentro del continuo temporal que constituye la vida del individuo”. (Thomae).

 

El desarrollo es un proceso gradual y progresivo de construcción y formación de la personalidad. Es decir, lo contrario a lo que en algún momento se planteó desde el Preformismo, en donde se planteaba que el hombre estaría formado desde la concepción, por lo que sólo requeriría desplegarse hasta su configuración final. Esta visión, sólo apunta a considerar al desarrollo como crecimiento y no como un proceso de transformaciones.

 

Desde un punto de vista descriptivo general, el desarrollo se define como un proceso de diferenciación e integración. La diferenciación es el proceso de emergencia de elementos y funciones que componen el sistema del comportamiento, por lo que necesariamente implica especialización. Un ejemplo de esto, lo constituye la emergencia del lenguaje. Previo a que surja el lenguaje se requiere que el niño pueda oír, que sea estimulado a hablar, que tenga intención de comunicarse, que presente maduración en su aparato fonoarticulatorio, entre otros elementos que al unirse, permiten que el niño comience a hablar.

 

La integración en tanto, le da sentido y significación a las partes diferenciadas. Es lo que permite incorporar una emergencia en el sistema del comportamiento. El proceso de integración es propio y distintivo de los organismos vivientes.

 

Ambos (diferenciación e integración), son dos procesos indisociables. Sin embargo, aunque indisociables, en el desarrollo de los niños se presentan momentos de mayor diferenciación, que corresponden a la aparición acelerada de importantes funciones o capacidades, produciendo desintegraciones relativas del sistema del comportamiento que son llamadas fases críticas del desarrollo. Un ejemplo de esto lo constituye la llamada edad de la obstinación, en donde debido al surgimiento de nuevas funciones o capacidades, el niño se muestra lábil emocionalmente, irritable, terco, egoísta y por ende difícil de manejar tanto para su padres como entorno cercano.

 

En otros momentos, prevalecen los procesos de integración que se reconocen por una mayor estabilidad y unidad del sentido de la conducta y son las fases intencionales. Un ejemplo de esto lo constituye la edad escolar, etapa en donde se observa una mayor estabilidad en el sistema del comportamiento debido a que se han ido incorporando los cambios y emergencias propias de la etapa de desarrollo anterior. Es así como un niño en edad escolar es sociable, se interesa por aprender, es solidario, lo contrario a la edad de la obstinación antes descrita.

 

El desarrollo humano, es el estudio científico de cómo cambian las personas y cómo permanecen algunos aspectos con el correr del tiempo. Dichos cambios pueden ser de dos maneras:

 

1. Cambios cuantitativos: variación en el número o la calidad de algo, como la estatura y el peso.

2. Cambios cualitativos: se presenta en el carácter, la estructura o la organización, como la naturaleza de la inteligencia de una persona.

 

Dentro de las áreas del desarrollo humano tenemos:

a. Desarrollo físico: cambios corporales, de las capacidades sensoriales y de las habilidades motrices que forman parte del desarrollo físico e influyen en el intelecto y personalidad.

 

b. Desarrollo social y de la personalidad: cambios que se refieren a la forma en cómo la persona se relaciona con los otros y cómo expresa emociones y sentimientos.

 

c. Desarrollo cognitivo: cambios en las facultades mentales como el aprendizaje, la memoria, el razonamiento, el pensamiento y el lenguaje.

martes, 7 de mayo de 2013

Factores clínicos: Psicopatología Materna y Apego


El vínculo de apego temprano puede verse entorpecido por múltiples factores clínicos, como los antecedentes en la historia personal de madre o de trastornos psicopatológicos y de personalidad. Numerosos estudios concluyen que los trastornos mentales o las conductas inadecuadas de crianza en las madres aumentan las probabilidades de desarrollo de un vínculo de apego inseguro con su hijo (Cantón & Cortés, 2005).

Estudios epidemiológicos, de acuerdo a Nonacs y Cohen (2005 en Silva & Piccinini, 2009), han identificado el puerperio como el período que tiene el más alto riesgo de desarrollar trastornos psiquiátricos, especialmente en las mujeres. Según los autores, los trastornos del ánimo más frecuentes en este período son de tres tipos, dependiendo principalmente de su intensidad: melancolía de la maternidad, psicosis postparto y depresión postparto. Schwengber y Piccinini (2004 en Silva & Piccinini, 2009) definieron a la melancolía de la maternidad como una especie leve y transitoria de depresión, que experimenta un 80% de las madres poco después de haber dado a luz. La psicosis posparto se podría definir como un trastorno de mayor gravedad, caracterizado por sintomatología psicótica. Esta última es menos frecuente, afecta entre uno y cuatro mujeres por cada mil nacimientos.

La depresión postparto se ubicaría, en términos de severidad, entre estos dos extremos, de acuerdo a lo señalado por Schwengber y Piccinini (2004 en Silva & Piccinini, 2009). Alrededor del 15% de las madres llega a padecer depresión postparto, la que se define como un trastorno depresivo no psicótico que tiene lugar alrededor de las cuatro semanas de vida del bebé y pudiendo extenderse hasta el primer año de vida inclusive. Este tipo de trastorno es diferente a la reacción depresiva puerperal, también llamada “baby blues”, la cual alcanza entre un 15 y 55% de las madres, las más altas se dan principalmente en Asia (44%) (Murata y Col., 1998 en Romero-Gutiérrez, Dueñas de la Rosa, Regalado-Cedillo, Ponce-Ponce de León, 2010), y Europa (Alemania, 52,2%) (Reck y col., 2009 en Romero-Gutiérrez et al., 2010), y se caracteriza por cambios bruscos de humor, principalmente debido a los cambios hormonales que sufre el cuerpo femenino tras el parto, estos síntomas no requieren tratamiento específico y basta con una intervención educativa y apoyo familiar.

La Depresión Posparto mantiene los mismos criterios diagnósticos de una depresión mayor. Es un cuadro que puede iniciarse en la 3ª a 4ª semana postparto hasta un año después, encontrándose un peak de presentación en las semanas 8 a 12 post parto. Requiere tratamiento y puede cursar con síntomas severos en una de cada 10 puérperas (Barra, Barra & Solis, 2009)

Algunos de los síntomas específicos de la depresión postparto incluyen la tristeza y llanto fácil, la sensación de estar sobrepasada por las demandas del hijo recién nacido, enojo e irritabilidad, pensamientos obsesivos, sentimientos de soledad y abandono, rechazo a la maternidad, sentimientos de culpa y desinterés por todo lo que rodea a la madre, incluyendo a su bebé (Arranz, Aguirre, Ruiz, Gaviño, Cervantes, Carsi, Camacho & Ochoa, 2008; Chávez, Hernández, Arce, Bolaños, González & Lartigue, 2008).

Dentro de los factores considerados de riesgo para el desarrollo de la depresión postparto se encuentran los antecedentes de depresión en otras etapas de la vida de la mujer, problemas psicológicos y desarrollo de otros síntomas psicopatológicos durante el embarazo, escaso apoyo social, malas relaciones de pareja, estilo de vida estresante y otros eventos traumáticos (Arranz et al., 2008). Por otro lado, dentro de los factores considerados de riesgo para el desarrollo de patologías como la depresión postparto se incluyen la dificultad de concebir hijos en forma natural y el desgaste psicofísico que conllevan los tratamientos de fertilización asistida (Bayo-Borrás, Cánovas & Sentis, 2005; Chatziandreou, Madianos, & Farsaliotis, 2003; Palacios, Jadresic, Palacios, Miranda & Domínguez, 2002).

Recientes estudios refieren que la depresión posparto sería responsable de dificultades en la interacción madre-recién nacido, pudiendo generar en estos últimos trastornos psicológicos en el corto y largo plazo (MINSAL, 2008). Una madre con depresión puede disminuir la sensibilidad necesaria para captar adecuadamente las señales de su hijo y de responder ante ellas de forma suficientemente buena y rápida. Además, se le hace más difícil tolerar las exigencias del cuidado de un recién nacido, las que son intensas. Las deficiencias para regular o tolerar la expresión de afectos negativos o el llanto del bebé pueden desencadenar un vínculo de estilo inseguro si no se interviene a tiempo; es por ello que el deterioro de las interacciones entre madres deprimidas y sus bebés puede tener consecuencias desfavorables en el desarrollo psicológico del niño (MINSAL, 2008). Del mismo modo, diversas experiencias de deprivación materna tienen un impacto negativo en el posterior funcionamiento del niño, en especial en la regulación de emociones, en el autocontrol de impulsos y en el enfrentamiento al estrés (Maldonado, Lecannelier & Lartigue, 2008).

La depresión post parto repercute negativamente en las habilidades cognitivas maternas, en el desarrollo del lenguaje expresivo de la madre y en su atención con el bebé, factores relevantes para la sensibilidad materna. En primer lugar, la madre tiene percepciones negativas de las conductas del niño, y los bebés de tres meses son capaces de detectar el estado de ánimo de sus madres, modificando sus propias respuestas de acuerdo a ellos, desarrollando un estilo de apego en particular. Esto se ha vinculado a un retraso en el desarrollo cognitivo del niño, dificultades sociales y de interacción. Los bebés con madres deprimidas tienen mayores probabilidades de presentar problemas de conducta a largo plazo, lo que se asocia a que las madres con depresión post parto tienen mayor riesgo de manifestar conductas negligentes con sus hijos e, incluso, abuso infantil, lo que afecta notoriamente el desarrollo de un apego seguro (González, 2006). En estos casos, es frecuente que el recién nacido sufra algún tipo de abandono o alejamiento y frialdad afectiva (Arranz et al., 2008) lo cual indudablemente repercute en el vínculo de apego entre madre e hijo.

Este factor clínico es de relevancia en el estudio de las variables de riesgo, ya que se estima que un tercio de las madres chilenas presentan síntomas ansiosos o depresivos durante la mitad de su embarazo, mientras que el 10% de ellas, además, presentan depresión postparto (Jadrecis, Nguyen & Halbreich, 2007).

Entre las poblaciones de mayor riesgo para desarrollar cuadros depresivos se encuentran las mujeres durante el periodo de posparto, debido a que los cambios hormonales (baja de estrógenos) y la escasez de recursos psicológicos para enfrentar los eventos psicosociales desencadenantes de estrés favorecen la aparición de dicha patología; llegando a alcanzar tasas cercanas al 10% en el caso específico de la Depresión Posparto (Barra et al., 2009)

La depresión es aproximadamente dos veces más común en las mujeres que en los hombres y, desde una perspectiva más integral, podemos apreciar que en las mujeres se conjugan elementos biológicos, sociales, culturales y económicos que resultan en factores de relevancia a la hora de los desencadenantes o mantenedores de la depresión (factores de riesgo sociodemográficos) (Barra et al., 2009)

Las diferencias de prevalencia en hombres y mujeres parecen corresponder a los años reproductivos de una mujer y a la relación entre esteroides gonadales y cerebro. Las mujeres están expuestas durante toda la edad fértil a variaciones hormonales endometriales, humorales, ováricas, adrenales y cerebrales. Esto se traduce entre otras cosas en variaciones de conducta, humor, peso, apetito, libido y temperatura, tanto en la fase folicular como en la luteínica (Barra et al., 2009)

Alrededor de un 30% a un 40% de las gestantes presentan síntomas ansiosos y depresivos, durante el embarazo; y el riesgo de hospitalización psiquiátrica, es casi 7 veces mayor durante los 30 días posteriores al parto que antes de embarazarse. Así, depresión y embarazo son entidades que pueden presentar una estrecha relación (Barra et al., 2009)

Un aspecto relevante en relación a la depresión post parto es que suele presentar dificultades para su diagnóstico por una baja de reporte de síntomas emocionales, la atribución de sintomatología a una reacción “normal” ante el embarazo y por el hecho que las atenciones de salud para la madre, en el sistema público, se establecen sólo en el primer mes post parto. El inicio de los síntomas en la Depresión Posparto presenta variaciones en cuanto a frecuencia. En el 40% de las pacientes aparecen después del primer control posnatal, en el 20% coincide con destete, en el 16% con el reinicio de la regla, en el 14% con el inicio de anticoncepción hormonal y en el 5% aparecen al año del posparto. Es por ello que es importante contar con instrumentos de apoyo en el diagnóstico, como el Screening Escala de Depresión Posparto de Edimburgo empleada y validada en varios países y culturas, y traducida al menos a 23 idiomas diferentes, y que se aplica 6 a 8 semanas Post parto (Barra et al., 2009)

Algunas manifestaciones de los bebés de madres con depresión postparto son mantener una expresión facial de tristeza, voltear la cabeza y evitar la mirada de la madre, además de aumento de la irritabilidad, detectándose mayor frecuencia de apegos de estilo inseguros en las díadas madre-hijo (Lartigue, Maldonado, González & Sauceda, 2008).

Un estudio chileno reciente, que trabajó con 72 díadas, utilizando los instrumentos Situación Extraña para evaluar apego, autorreporte CAMIR para evaluar las representaciones de apego y el OQ-45.2 para evaluar psicopatología,  ha concluido que la psicopatología de la madre está íntimamente relacionada con el estilo de apego inseguro en el hijo, donde la psicopatología materna es un poderoso factor de riesgo para el desarrollo de alteraciones en el vínculo de apego. En este sentido, la depresión en la madre genera un estilo vincular con menos respuestas a las señales del bebé, mayor hostilidad y críticas, con una actitud más pasiva o bien más intrusiva, señales que se correlacionan con el estilo inseguro de apego (Quezada & Santelices, 2009). Esta misma investigación, reveló que la psicopatología de la madre como variable tiene una capacidad predictiva del 69,4% sobre el estilo de apego a desarrollar con su bebé, en especial los síntomas ansiosos y depresivos, los cuales permiten discriminar entre los estilos seguros e inseguros de apego (Quezada & Santelices, 2009).
           
Una investigación extranjera realizada con muestras obtenidas de varias ciudades de Europa y en una ciudad de estados unidos (n=296; 204 mujeres antes del parto y 96 de las 174 atendidas postparto), evaluó la calidad del vínculo de apego asociándola a la depresión postparto, encontrándose que el estilo inseguro de apego se correlaciona en forma positiva con la depresión, no sólo en el periodo postparto sino también depresión durante el embarazo, de ahí recae la importancia de evaluar estos síntomas cuando se estudia la calidad del vínculo de apego en díadas madre-hijo (Bifulco et al., 2004). Del mismo modo, otra investigación realizada en Finlandia (n=59 díadas madre-hijo durante el embarazo; 4-5 meses post parto y cuando el niño tenía alrededor de 14 meses de edad), comprobó que los síntomas depresivos pre y postnatales en la madre aumentan el riesgo de desarrollar un relación problemática entre madre e hijo, por cuanto estas madres presentan una sensibilidad disminuida para captar las necesidades de sus hijos en etapas tempranas (Flykt, Kanninen, Sinkkonen & Punamaki, 2010).

Debido a la alta probabilidad de presentar un cuadro depresivo, de cualquiera de las características ya señaladas, en mujeres en edad fértil, probabilidad que aumenta aún más post parto como ya se explicó, la necesidad de dar relevancia al efecto de esta patología en particular sobre la relación madre-hijo se hizo evidente. Con ello no se descarta el hecho de que otras patologías puedan afectar el apego madre-bebé, y como se vio en el screening realizado a través del SCL-90-R, es evidente que la psicopatología materna afecta, es decir, es un factor de riesgo en el establecimiento de un apego inseguro, más aún si se acompaña de depresión post parto. Lo que puede ser objetivo de estudio en un futuro no muy lejano.

Así pues, los trastornos del estado de ánimo  durante el puerperio conllevan una serie de consecuencias para la madre donde se ven mermados tanto su nivel de salud como la capacidad para experimentar el gozo de la maternidad. Incluso se ha llegado a establecer que a pesar de que existen unas tasas bajas de suicidio de mujeres en el periodo postnatal, aquellas que desarrollan una depresión grave, sobre todo en el primer año tras el parto, están en  un riesgo  elevado de cometer suicidio (Martínez, Toledo, Pineda, Monleón, Ferrero & Barreto, 2001)

Esta sintomatología afecta de forma negativa al desarrollo de los hijos y contribuye también al deterioro progresivo de las relaciones conyugales y familiares. Dadas estas premisas es evidente que la maternidad es un cambio en la vida de la mujer que influye no sólo en su  cuerpo sino en sus relaciones sociales, su identidad, su conducta y sus futuros proyectos de vida (Martínez et al., 2001)

En síntesis, se ha visto que la madre que presenta psicopatología o depresión postparto presta un cuidado menos sensible a su hijo, haciéndolos más propensos a desarrollar un estilo de apego inseguro, debido a que esta madre tendría más dificultades para desplegar sus capacidades en beneficio de la relación con su bebé (Espinosa, Beckwit, Howard, Tyler & Swanson, 2001; Beckwit, Rozga & Sigman, 2007).

Finalmente, de acuerdo a todo lo revisado anteriormente, la detección de la tristeza materna o “baby blue” en el inicio del puerperio puede ser una muy buena estrategia para identificar el riesgo de depresión postparto y, así, evitar que estas madres sufran y teman a sus síntomas en forma silenciosa. El diagnóstico oportuno permitirá ofrecer a la madre un tratamiento temprano, influyendo positivamente en la relación madre-hijo y evitará en el niño trastornos emocionales a largo plazo (Romero-Gutiérrez et al., 2010).

viernes, 29 de enero de 2010

Servicios de Psicología

- Atención individual de niños, adolescentes y adultos
- Psicodiagnóstico en áreas como personalidad, inteligencia, relaciones sociales, relaciones familiares, etc.
- Psicoterapia individual para diferentes problemas: autoestima, autocontrol, estrés, depresión, ansiedad, alteraciones del sueño, alteraciones de conducta en niños, problemas laborales y de pareja, relaciones interpersonales, etc.
- Apoyo a padres con hijos con dificultades en el área escolar.
- Informe psicológico y escolar
- Asesoría a establecimientos educacionales

Av. Vitacura 5900, of. 403, frente a la clínica Alemana
cel.: 8 729 02 56

domingo, 10 de enero de 2010

Atención Psicológica

Atención psicológica, niños, adolescentes y adultos. Psicodiagnóstico todas las áeras de la persona, psicoterapia individual. Nueve años de experiencia profesional en el área clínica.
Av. Vitacura 5900, of. 403, frente a la clínica Alemana.
cel.: 8729 02 56