martes, 11 de febrero de 2014

Trastorno de la autoestima y del desarrollo del autoconcepto


El desarrollo del autococenpto o concepto de sí mismo es la imagen que las personas tienen de si mismas. Es lo que ellas creen acerca de quienes son: es la imagen total de sus capacidades y rasgos. Es una estructura cognoscitiva con tintes emocionales y consecuencias de comportamiento, un sistema de representaciones descriptivas y de autovaloración de si mismo, que determina cómo se sienten las personas con relación a su propio ser y qué las guía en sus acciones. El sentido de sí mismo también tiene un aspecto social: los niños incorporan en su autoimagen el creciente entendimiento que tienen de cómo los ven los demás.

 

La imagen de sí mismo entra en escena en la etapa de los primeros pasos y se aclara y asciende a medida que el individuo aumenta sus capacidades cognoscitivas y realiza las tareas  de desarrollo de la niñez, la adolescencia y luego de la edad adulta.

lunes, 10 de febrero de 2014

Influencia de la familia y la escuela en la depresión

La familia es el entorno más inmediato de cualquier niño, y en sus cuidados y atención se basa la posibilidad de supervivencia, la cual no sólo es física sino psicológica, ya que desde el nacimiento hasta los tres años, el niño desarrolla todos los elementos básicos con los que más tarde va a construir su vida futura, el lenguaje, los afectos, hábitos, motivaciones, etc.

El apego que la madre y el hijo establezcan mutuamente, constituye el vehículo de una adecuada integración social y personal – psicológica del niño. Los apegos inseguros se han relacionado con todo tipo de problemas de conducta y con depresión, así como su contraparte el apego seguro, es la meta ideal  de prevención de la aparición de depresión infantil. Del mismo modo la depresión materna aparece claramente definida como una de los factores de riesgo asociados a la aparición de depresión en un niño.

Cuando el niño crece también son indispensables para su normal desarrollo emocional las buenas relaciones con los padres. Los expertos claramente han señalado cómo las malas relaciones entre padres e hijos son la causa específica de muy diversos problemas infantiles, entre ello las depresión.

En relación con la familia, se ha estudiado que el lugar dentro del sistema fraternal que ocupa un niño lo hace más susceptible a desarrollar trastornos de tipo emocional, en especial los hermanos intermedios. Por lo que los padres han de prestar especial atención a la construcción de la autoestima adecuada y autoeficacia en el niño, así como incentivar la capacidad de afrontamiento y manejo adecuado de la frustración, a modo de prevención de la depresión en el niño.

En cuanto a la escuela, se sabe que la localización precoz de cualquier deficiencia de aprendizaje en un niño y su pronta solución para lograr una situación de progreso normal y aceptable, eliminado la posibilidad de trastornos afectivos que conlleven a la aparición de depresión en el alumno.

Muchos autores han relacionado la depresión infantil con el grado de rendimiento escolar, unas veces considerándolo como causa y otras como efecto de la depresión. De hecho un niño deprimido puede descender su ejecución en la escuela, pero también puede comenzar sus síntomas depresivos por un fracaso académico. De allí radica la importancia de una buena evaluación y seguimiento por parte del maestro para detectar estos cambios en el alumno.

A modo de conclusión, en la actualidad la existencia de la depresión infantil es un hecho comúnmente aceptado por la comunidad científica especializada, por lo que ha cobrado gran importancia su estudio y tratamiento. Algunos han llegado a denominar a la depresión como la enfermedad del siglo XXI.

Por qué se produce la depresión infantil?


Generalmente, las causas de la depresión son una combinación de factores biológicos, genéticos, ambientales y sociales, los cuales intervienen en diferentes proporciones para desatar o agudizar esta enfermedad psicológica.

 

Si bien la depresión puede desarrollarse por distintas causas, hay niños que están más expuestos a sufrirla debido al ambiente en que viven. De ese nodo, es posible que un niño desarrolle la enfermedad porque uno de los progenitores tiene depresión u otro tipo de trastorno mental, también puede ser producto de una desorganización familiar, como la separación de los padres o la muerte de un ser querido. Otros factores son situaciones escolares adversas y negativas, como ser objeto de la burla de los compañeros.

 

En la actualidad se admite la compleja interacción entre lo biológico y lo social, como base para la aparición de las conductas normales y patológicas. Pero, es necesario que se de cierta vulnerabilidad personal, familiar y ambiental para dar lugar a la aparición de una conducta depresiva. En el caso de los niños se necesita de una vulnerabilidad biológica, personal, social y demográfica.




 

sábado, 8 de febrero de 2014

Trastorno depresivo en la infancia


La infancia suele relacionarse con una etapa alegre, llena de juegos y colores, sin embargo, hay niños que viven justo lo contrario, están desganados, agresivos, y ven todo oscuro. Ello sin víctimas de depresión, una enfermedad que cada vez afecta a más personas de todas las edades y estratos sociales.

 

Durante un largo periodo, la comunidad científica por estrictas razones teóricas, sostenía que la depresión infantil no existía, coincidiendo con la poca importancia que se le dada a la salud mental de los niños. Sin embarga, en el mundo real existían niños deprimidos y algunos clínicos empezaron a revelarse contra la teoría que vetaba la posibilidad de su existencia. Esto comenzó a suceder a mediados de los años 40, en distintos campos de la psicología clínica aplicada, y comenzaron a realizarse estudios e investigaciones relacionados con la depresión infantil.

 

Sin embargo, fue realmente en los años 60, con el auge de la psicología cognitiva, que se aceptó que los niños podían experimentar depresión. Ya exactamente en el año 1975 la depresión en niños fue aceptada, como concepto y como entidad psicopatológica.

 

La depresión infantil puede definirse como una situación afectiva de tristeza mayor en intensidad y duración que ocurre en un niño o niña. Se habla de depresión mayor cuando los síntomas persisten por más de dos semanas, y se distingue el trastorno distímico que es cuando los síntomas sobrepasan el mes de duración.

 

Los expertos en el tema de depresión en niños, a través de numerosas investigaciones, han llegado a la aceptación de los siguientes síntomas y criterios para diagnosticarla:

 

  • Tristeza
  • Irritabilidad
  • Anhedonia o pérdida del placer
  • Llanto fácil
  • Falta de sentido del humor
  • Sentimientos de no ser querido por los padres o hermanos
  • Baja autoestima
  • Aislamiento social
  • Cambios en el ritmo del sueño
  • Cambios en el apetito y peso significativos
  • Hiperactividad
  • Disforia
  • Ideación o intentos suicidas

 

No se debe olvidar que cada niño es único en su forma de ser, se debe conocer muy bien al niño y saber lo que es realmente normal o anormal en su comportamiento. No hay que apresurarse a diagnosticar a todos los niños tristes con depresión, así padres y profesores deben estar atentos cuando algún niño presenta alguna de las siguientes características:

 

  • Está continuamente triste, llorando con más facilidad
  • Pierde el interés por los juegos preferidos y por la escuela
  • Se aleja de amigos y se aísla de la familia
  • Presenta un estilo comunicativo pobre
  • Se aburre y se cansa con facilidad
  • Presenta menor nivel de energía o concentración
  • Se queda irritable o demasiado sensible frente a pequeñas frustraciones, mostrando rabietas o pataletas con más facilidad
  • Se le nota extremadamente sensible al rechazo y al fracaso
  • Se desprecia a si mismo, lo que denota baja autoestima
  • Elige finales tristes para sus cuentos y representaciones
  • Se comporta de manera agresiva
  • Se queja constantemente de dolores de cabeza o estómago u otros
  • Duerme demasiado o muy poco
  • Come demasiado o muy poco
  • Sufre una regresión en su etapa del desarrollo
  • Habla de suicidio o ideas de muerte
  • Habla de abandonar la casa o escuela

 

En la etapa preescolar, las principales manifestaciones del trastorno se concentran en aspectos tales como persistente irritabilidad y letargo, tristeza, aislamiento social problemas para comer o dormir y retraso en su desarrollo motor o lenguaje.

 

Con niños mayores, hasta tres años, las señales para preocuparse empiezan cuando esos niños aparecen tristes o decaídos aún cuando son consolados. Pueden incluso, que se peguen desesperadamente a quien se ocupa de ellos o que dejen de comunicarse. La depresión en niños está casi siempre conectada al cambio o pérdida de una persona responsable de su cuidado, o cuando quien los cuida no es capaz de responder adecuadamente a sus necesidades.

 

Después de los 6 años, ya es posible observar otras conductas que se suman a las anteriormente mencionadas, como enuresis, u orinarse en la cama o durante el día, fobia escolar, hiperactividad o retraimiento, pérdida del interés por actividades lúdicas habituales y conducta agresiva. Después de los 9 años, pueden surgir manifestaciones como apatía, falta de concentración, sentimiento de incompetencia o baja autoestima, e incluso pensamientos recurrentes sobre la muerte o el suicidio.

 

Los síntomas deben mantenerse por lo menos durante un mes para hablar de una depresión infantil. En estos casos se recomienda llevar al niño a un especialista para que realice un diagnóstico adecuado y un tratamiento oportuno.

 

viernes, 7 de febrero de 2014

Fobias Sociales


Se refieren al miedo exagerado y persistente a actuar de un modo humillante o ante situaciones se supongan la evaluación por parte de personas que no forman parte del hogar. Ejemplos de estas situaciones son las siguientes:
 

-          Hablar en público

-          Leer en voz alta o contestar una pregunta

-          Comer y beber en público

-          Escribir en público

-          Ir a fiestas o cumpleaños

-          Usar baños públicos

-          Hablar con figuras de autoridad

-          Asistir a reuniones

-          Jugar con otros niños


Generalmente, estos niños o adolescentes temen que los demás se den cuenta de los síntomas de su ansiedad como enrojecimiento, temblor de manos y voz, agitación respiratoria, sudoración excesiva, etc., lo que a su vez genera mayor ansiedad, aumentando los síntomas principales.


Un dato interesante de considerar es que generalmente, aparece ansiedad anticipatoria y ello genera preocupaciones antes de enfrentar la situación social temida, lo que a su vez, genera ansiedad, constituyéndose un círculo vicioso que da lugar a un más rendimiento social real o subjetivo en la situación temida.


Sin embargo, la ansiedad y evitación transitoria de situaciones temidas puede ser frecuentes durante la niñez y adolescencia, y no provocan un malestar significativo que permita diagnosticar una fobia social. Así, en las personas menores de 18 años los síntomas deben persistir a los menos durante seis meses antes de ser diagnosticado.


La fobia social suele aparecer típicamente a mediados de la edad adulta, a veces con el antecedente infantil de timidez o inhibición social. Algunos individuos sitúan el inicio del cuadro al principio de la segunda infancia. La aparición del trastorno puede seguir bruscamente a una experiencia estresante o humillante, o bien puede hacerlo de forma lenta e insidiosa.


El curso de la fobia social acostumbra a ser crónico o continuo. A menudo persiste durante toda la vida, si bien a veces remite total o parcialmente en el transcurso de la edad adulta. La intensidad del trastorno y sus consecuencias en la actividad diaria del individuo dependen principalmente de los acontecimientos vitales estresantes y de las exigencias sociales del lugar o la profesión.


Por ejemplo, la fobia social puede disminuir cuando el individuo que siente temor por las citas con las chicas logra casarse y volver a aparecer con toda su intensidad si aquél se queda viudo. A veces la fobia social aparece por primera vez cuando el individuo obtiene un ascenso en el trabajo que le obliga, por ejemplo, a hablar a menudo ante el público, cuando nunca antes se había visto en la necesidad de tener que hacerlo.

jueves, 6 de febrero de 2014

Fobias Escolares


Este síndrome se caracteriza por un rechazo a la asistencia escolar e implica un temor irracional por alguna situación escolar particular. Se desarrollan ciertos síntomas que incluyen dolor abdominal, nauseas, vómitos, diarrea, dolor de cabeza, palidez y debilidad general. Aparecen en los niños durante las mañanas antes de ir a la escuela, por lo general desaparecen al terminar ésta y no aparecen los fines de semana o días feriados.
 
El miedo fundamental es el de alejarse del hogar y separarse de la familia, pueden ocurrir en forma leve al ir un día completo a clases. Con el apoyo y tranquilidad que pueden brindarle por padres a ese niño, los síntomas pueden desaparecer en pocos días, aunque es frecuente durante los primeros años de colegio, luego de vacaciones o durante la convalecencia por enfermedad.


Algunos niños sufren de crisis de angustia al ser separados de sus padres, el cuadro clásico se da habitualmente en niños ansiosos, tímidos y dependientes en exceso, con madres autoritarias o muy complacientes y padres ausentes o pasivos.


Estas madres frecuentemente tienen temor a que su hijo se aleje de ellas y le trasmiten su ansiedad. A medida que el niño se angustie más por ir a la escuela, más se angustia la madre y así se genera un círculo vicioso, conde la ansiedad de la madre afecta al hijo y viceversa, empeorando los síntomas del trastorno.

En ocasiones, puede existir un evento precipitante como experiencias desagradables en la escuela, enfermedades, un nuevo hermano en casa o discusiones conyugales graves.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Fobias Específicas


Las llamadas fobias específicas o fobias simples, se refieren al miedo exagerado y persistente a un objeto o situación determinada. El Manual Diagnóstico de los trastornos mentales, DSM IV, establece como categorías de fobias específicas, las siguientes:

 
-          Animales

-          Ambientales, como altura, tormentas, agua

-          Sangre o inyecciones

-          Temor a sufrir heridas o lesiones

-          Situacional como aviones, lugares cerrados, lugares abiertos

-          y de otro tipo como ruidos estridentes, personas disfrazadas, payasos, etc.

 
En los niños las fobias más recurrentes son las que dicen relación con los animales, en especial perros y gatos, a la oscuridad, a dormir solos, a los dentistas y médicos en general. La angustia se puede expresar llorando, con rabietas, quedándose paralizados o abrazándose a alguien que les de seguridad, que por lo general son los padres.

 
Las fobias específicas también pueden hacer referencia a la posibilidad de perder el control, angustiarse y desmayarse al exponerse al objeto temido. En presencia del estímulo fóbico aparece de forma inmediata y casi invariablemente una respuesta de ansiedad, este nivel de ansiedad puede variar en función del grado de proximidad al estímulo temido y al grado en que la huida se ve limitada. En ocasiones aparece una crisis de angustia con sintomatología completa como respuesta al estímulo fóbico. Debido a la ansiedad anticipatoria cuando el niño se ve obligado a entrar en la situación temida, es que suelen acabar siendo evitadas, muy rara vez, y más común en los adultos, la persona se obliga a si mismo a soportar la situación fóbica.

 
Pese a la magnitud de las fobias específicas, éstas suelen remitir espontáneamente con el transcurso del tiempo, en un periodo de entre dos y cuatro años. Lo que explica esta remisión espontánea que la maduración cognitiva del niño y las experiencias de aprendizaje debido a la exposición al estímulo temido o mediante aprendizaje vicario.