martes, 28 de enero de 2014

Factores del desarrollo


El desarrollo, es un fenómeno que obedece a múltiples causas, por lo que existen, distintos factores implicados y cada uno en forma independiente o conjunta, puede estar incidiendo en el hecho que se produzca o no una transformación esperada.

 

Ya se dijo anteriormente que el desarrollo es un proceso total y continuo, multicausado, es decir, no existe una causa única que lo explique, sino que depende, por lo tanto, de la incidencia de distintos factores que se interrelacionan recíprocamente.

 

Este tema ha sido ampliamente discutido en psicología. Es así como desde el S. XIX, se ha tratado de determinar qué es más importante; lo que el individuo trae o lo que el individuo aprende. Hoy en día, la discusión y la investigación reconocen la importancia e incidencia en el desarrollo humano y se plantea que ambos factores, herencia y ambiente, contribuyen en forma conjunta y decisiva y buscan conocer cómo ambos factores influyen en el desarrollo y cuál es la relación que existe entre ellos.

 

Los factores clásicos del desarrollo son, por lo tanto; herencia y ambiente. Este último se divide en medio físico y medio social. La psicología del desarrollo, recurre a un tercer factor: equilibrio o síntesis integrativa de los factores del desarrollo, constituido por el desarrollo cognoscitivo.

 

El concepto de herencia, desde el punto de vista psicológico, se debe distinguir entre herencia estructural y funcional.

 

a.- herencia estructural es aquella que determina la organización biológica de un individuo y que tiene un carácter específico. Se puede entender a dos niveles; herencia general de la especie y herencia específica.

 

·        herencia general de la especie, es aquella que nos define como hombres, que define la organización de nuestro sistema nervioso y por lo tanto, los límites de nuestro sistema nervioso. Por ejemplo, nuestro ojo, sólo percibe un espectro de colores, por lo que no podemos ver la luz ultravioleta. Es en este sentido una herencia limitante porque establece el rango de estímulos que podemos recibir del mundo a través de nuestros sentidos. Define las posibilidades de experiencias con la realidad física.

 

·        La herencia específica es aquella que determina en el código genético nuestro color de piel, ojos, etc. y que nos hace ser a cada uno temperamentalmente distinto a otros individuos de la especie. De esta herencia, dependen en parte significativa las posibilidades adaptativas del individuo como ser único e individual.

 

b.- herencia funcional, trasciende las limitaciones dadas por la organización biológica y de la cual resulta la organización cognitiva. Es por lo tanto, la herencia que nos hace diferenciarnos los unos de los otros como individuos únicos e irrepetibles, lo que se pone de manifiesto en el nuestro modo de ser, es decir, en nuestra personalidad.

 

Este tema ha sido ampliamente investigado, a partir de las investigaciones con gemelos univitelinos, los que físicamente son idénticos, lo que se traduce en que los padres como quienes los rodean, tiendan a tratarlos de la misma manera, lo que a su vez incide en que ambos tengan experiencias similares, por lo que sus conductas y sus modos de ser se asemejan.

 

Psicológicamente, por lo tanto, la herencia establece las potencialidades, determina un cierto rango de reacción frente a las oportunidades que el ambiente ofrezca. Las diferencias individuales, están causadas por diferencias genéticas en sus rangos de reacción y por diferencias específicas en los ambientes a los cuales se enfrentan.

 

Por lo tanto, la información genética, señala una secuencia madurativa ordenada, la que en interacción con el ambiente, se actualiza y se manifiesta en conducta.

 

Mientras menor es el niño, más incide el factor herencia maduración en su conducta. A medida que avanza el curso del desarrollo, se produce una progresiva disminución de la significación de la herencia, teniendo una mayor incidencia el ambiente.

 

Como ya habíamos anunciado, existen factores ambientales que también influyen en el desarrollo. Se debe distinguir entre influjos extra-psicológicos y psicológicos.

Ø  Los influjos extra-psicológicos, son los influjos físicos que hacen posible la vida. (Aire, luz, agua, alimento, etc.).

 

Ø  Los influjos psicológicos en tanto, son los influjos experienciales que se refieren a las condiciones en las cuales nos desarrollamos. (Vivir en un ambiente rural, casa, departamento, etc.).

 

El mecanismo psicológico que mediatiza el proceso experiencial, entre herencia y ambiente, es el aprendizaje, en el sentido de adquisición de conocimientos en relación con una realidad externa. Esto por lo tanto, nos permite sacar provecho de nuestra interacción con el ambiente y que se traduce en nuevas posibilidades de adaptación. De nada serviría que de nuestra interacción con la realidad, no pudiésemos obtener un registro, como lo constituye el aprender nuevas conductas.

 

En la experiencia que obtenemos de nuestra interacción con la realidad se distinguen 3 dimensiones importantes; aspectos socioculturales, interacción personal e interacción del niño con la realidad física.

 

Como se dijo, existe un factor que unifica los cambios o transformaciones y que es el  factor cognitivo, que le da sentido a las experiencias individuales, que integra y sintetiza la acción de los distintos factores. Este factor permite ir procesando la información de la interacción con el mundo. Por lo que en este sentido, el ser humano construye activamente su adaptación.

lunes, 27 de enero de 2014

Crecimiento y desarrollo


Se debe distinguir entre crecimiento y desarrollo;
 
El crecimiento apunta a un aumento cuantitativo, por ejemplo, aumento de estatura, de vocabulario, etc., mientras que desarrollo implica un cambio cualitativo y por lo tanto, reorganización del sistema del comportamiento.

 

El desarrollo del niño representa la interacción de la herencia y el ambiente. La herencia o lo genético representa el potencial mientras que el medio ambiente influye en el grado en que se consiga ese potencial. Para un buen desarrollo, el ambiente tiene que cubrir todas las necesidades tanto físicas como psicológicas y emocionales.

 

El lactante desde un punto de vista físico depende de sus padres o cuidadores, necesitando de ellos para cubrir todas sus necesidades psicológicas y emocionales. Mientras que el niño en etapa escolar puede cubrir algunas de sus necesidades físicas, y sigue dependiendo de los padres o cuidadores para las necesidades psicológicas y emocionales. El adolescente, por su parte, puede resolver mejor las necesidades físicas, pero experimentan necesidades psicológicas y emocionales complejas.

Continuación....


Los factores del desarrollo pueden acelerar, retardar o inhibir el desarrollo, pero no modifican la secuencia genética. Esta se presenta en una secuencia invariante, definida y predictible. De esta manera, los cambios se ordenan en un lugar definido dentro del continuo temporal de la vida, lo que nos permite tener un marco de referencia respecto de las conductas esperadas para cada edad y etapa de desarrollo. En este sentido, los cambios que se van manifestando en el niño, no nos desconciertan, por el contrario, los esperamos. Es por esto que es posible predecir los cambios que se van a presentar.

 

Esto último, nos permite tener un marco de referencia y poder comparar entre niños de una misma edad o a un niño con su grupo etário, lo que cobra utilidad al momento de poder detectar eventuales problemas e intervenir en forma oportuna. Así por ejemplo, esperamos con impaciencia que un niño comience a hablar o a caminar, porque estamos seguros de que lo va a hacer en un momento más o menos definido de su desarrollo, por lo que si observamos un retraso en la emergencia de estos logros, de inmediato nos preocupamos.

 

Es en este sentido, que los conocimientos que nos brinda la psicología del desarrollo, son de fundamental importancia en el ámbito educativo, dado que permiten orientar este proceso de acuerdo a las características psicológicas del educando.

 

En el curso de la vida, se observan muchos cambios tanto en los adultos, como en los niños. Esto, ya sea en sus conductas, opiniones, creencias, en sus modos de sentir y reaccionar. Lo importante, es considerar que no todos los cambios son propios del desarrollo. Algunos corresponden o se relacionan con circunstancias concretas de la vida personal, o con procesos patológicos. Es por esto que es necesario establecer claramente una distinción entre cambios individuales y transformaciones evolutivas.

 

 

Las transformaciones propias del desarrollo se caracterizan por:

 

o   Ser constructivas y progresivas, representando cada una de ellas un enriquecimiento de los recursos adaptativos que dispone el individuo.

 

o    Su carácter universal en cuanto a que son comunes para todos los individuos de la especie. Esto, aunque sus contendidos y forma de manifestarse puedan diferir de una cultura a otra, en los distintos países, grupos e individuos.

 

o   Ser irreversibles, en cuanto constituyen un paso en la formación de la personalidad. En este, sentido las regresiones son indicativas de algún grado de patología, o bien pueden ser producto de alguna lesión a nivel orgánico.

 

o   Ser cambios cualitativos lo que implican una reorganización del sistema del comportamiento, que integra el aparecimiento de nuevas funciones y capacidades en una totalidad con sentido.

 

o   Presentarse en un tiempo biológico individual de maduración (tiempo de desarrollo).Por lo que si bien hay conductas esperadas para cada etapa de desarrollo, pueden haber variaciones entre un niño y otro, lo que puede deberse a factores heredados o ambientales (estimulación, medio físico, medio social, etc). Esto es lo que hace comprensible las variaciones individuales.

Características del Desarrollo Humano

La vida del hombre se divide en ocho periodos, los cuales se describen a continuación:

 ·      Etapa Prenatal: desde la concepción hasta el parto, formación de órganos y estructura corporal básica, crecimiento físico acelerado, vulnerabilidad a las influencias ambientales.

 

·      Etapa de los primeros pasos: del nacimiento a los tres años, el recién nacido es dependiente, pero competente, los sentidos funcionan desde el nacimiento, el crecimiento físico y el desarrollo de habilidades motoras son muy rápidos. Además se forman lazos con los padres y con los demás, la autoconciencia se desarrolla durante el segundo año. El habla y la comprensión se desarrollan con rapidez, se incrementa el interés en otros niños.

 

·      Primera infancia: desde los tres a los seis años. Comienza a relacionarse con otros niños, mejora la fuerza y las habilidades motrices fina y gruesa. Incremento del autocontrol, cuidado propio e independencia. Mayor creatividad e inventiva en los juegos y la imaginación, inmadurez cognitiva que conduce a ideas ilógicas acerca del mundo. Comportamiento egocéntrico.

 

·      Infancia Intermedia: desde los seis años hasta los doce. Los compañeros cobran gran importancia, comienza a pensar lógicamente, aunque el pensamiento es concreto. Disminuye el egocentrismo, incremento de la memoria y el lenguaje, mejora la habilidad cognitiva, desarrollo del autoconcepto y autoestima, disminuye la rapidez del crecimiento físico. Mejora la fuerza y la capacidad atlética.

 

·      Adolescencia: de los doce a los veinte años. Cambios físicos rápidos y profundos, se inicia la madurez reproductora, difícil búsqueda y consolidación de la identidad. El grupo de pares ayuda a desarrollar y probar el autocontrol. Además se desarrolla el pensamiento abstracto y el razonamiento científico. El egocentrismo aparece en algunos comportamientos.

 

·      Edad adulta temprana: desde los veinte a los cuarenta años. Acá se toman decisiones acerca de las relaciones íntimas, se da el matrimonio y nacen hijos. La salud física llega al tope, luego decae ligeramente. Por otro lado, se da la elección de una carrera. Asimismo, continúa el desarrollo de la identidad. La capacidad intelectual es más compleja.

 

·      Edad adulta intermedia: desde los cuarenta a los sesenta y cinco años. Se da una nueva búsqueda del sentido de la vida, deterioros en la salud física, el vigor y la fuerza. Menopausia en mujeres, andropausia en hombres. Existe una doble responsabilidad cuidar a los hijos y a los padres ancianos. Luego viene el nido vacío. Las mujeres adquieren más confianza en si mismas, los hombres se vuelven más expresivos. En algunos se produce la crisis de la edad madura.

 

·      Edad adulta tardía: sesenta y cinco años en adelante. La mayoría están aún saludables y activas, aunque decaen en algunos casos. Lentitud de reacción afecta el funcionamiento. Surge la necesidad de afrontar pérdidas en muchas áreas de la vida. La jubilación deja tiempo libre, pero reduce los recursos. Se siente la necesidad de encontrarle sentido a la vida.

Conceptualización General de los Factores del Desarrollo


El estudio del desarrollo humano implica un conocimiento integral de los cambios constitucionales y aprendidos que se están sucediendo dentro de un proceso continuo, inherente y evolutivo, donde es importante entender la integración y organización de las distintas conductas en cada etapa del proceso.

 

El desarrollo humano se define como; “Conjunto de transformaciones interrelacionadas que se ubican u ordenan en un lugar específico dentro del continuo temporal que constituye la vida del individuo”. (Thomae).

 

El desarrollo es un proceso gradual y progresivo de construcción y formación de la personalidad. Es decir, lo contrario a lo que en algún momento se planteó desde el Preformismo, en donde se planteaba que el hombre estaría formado desde la concepción, por lo que sólo requeriría desplegarse hasta su configuración final. Esta visión, sólo apunta a considerar al desarrollo como crecimiento y no como un proceso de transformaciones.

 

Desde un punto de vista descriptivo general, el desarrollo se define como un proceso de diferenciación e integración. La diferenciación es el proceso de emergencia de elementos y funciones que componen el sistema del comportamiento, por lo que necesariamente implica especialización. Un ejemplo de esto, lo constituye la emergencia del lenguaje. Previo a que surja el lenguaje se requiere que el niño pueda oír, que sea estimulado a hablar, que tenga intención de comunicarse, que presente maduración en su aparato fonoarticulatorio, entre otros elementos que al unirse, permiten que el niño comience a hablar.

 

La integración en tanto, le da sentido y significación a las partes diferenciadas. Es lo que permite incorporar una emergencia en el sistema del comportamiento. El proceso de integración es propio y distintivo de los organismos vivientes.

 

Ambos (diferenciación e integración), son dos procesos indisociables. Sin embargo, aunque indisociables, en el desarrollo de los niños se presentan momentos de mayor diferenciación, que corresponden a la aparición acelerada de importantes funciones o capacidades, produciendo desintegraciones relativas del sistema del comportamiento que son llamadas fases críticas del desarrollo. Un ejemplo de esto lo constituye la llamada edad de la obstinación, en donde debido al surgimiento de nuevas funciones o capacidades, el niño se muestra lábil emocionalmente, irritable, terco, egoísta y por ende difícil de manejar tanto para su padres como entorno cercano.

 

En otros momentos, prevalecen los procesos de integración que se reconocen por una mayor estabilidad y unidad del sentido de la conducta y son las fases intencionales. Un ejemplo de esto lo constituye la edad escolar, etapa en donde se observa una mayor estabilidad en el sistema del comportamiento debido a que se han ido incorporando los cambios y emergencias propias de la etapa de desarrollo anterior. Es así como un niño en edad escolar es sociable, se interesa por aprender, es solidario, lo contrario a la edad de la obstinación antes descrita.

 

El desarrollo humano, es el estudio científico de cómo cambian las personas y cómo permanecen algunos aspectos con el correr del tiempo. Dichos cambios pueden ser de dos maneras:

 

1. Cambios cuantitativos: variación en el número o la calidad de algo, como la estatura y el peso.

2. Cambios cualitativos: se presenta en el carácter, la estructura o la organización, como la naturaleza de la inteligencia de una persona.

 

Dentro de las áreas del desarrollo humano tenemos:

a. Desarrollo físico: cambios corporales, de las capacidades sensoriales y de las habilidades motrices que forman parte del desarrollo físico e influyen en el intelecto y personalidad.

 

b. Desarrollo social y de la personalidad: cambios que se refieren a la forma en cómo la persona se relaciona con los otros y cómo expresa emociones y sentimientos.

 

c. Desarrollo cognitivo: cambios en las facultades mentales como el aprendizaje, la memoria, el razonamiento, el pensamiento y el lenguaje.

martes, 11 de junio de 2013

Factores del niño:

Existen algunas variables que se atribuyen al hijo y que pueden afectar la calidad del vínculo de apego con su madre, en este sentido se plantean factores tales como el temperamento, nacer prematuramente, discapacidades físicas y mentales del niño, enfermedades neurológicas como parálisis y otros trastornos como labios partidos y ausencia de paleta bucal, también pueden afectar el vínculo de apego a establecer con su madre (Enríquez et al., 2008; Clements & Barnett, 2002).

El hecho de que el niño tenga el diagnóstico de alguna enfermedad grave o deficiencia importante, en forma temprana, puede influir en las conductas de crianza de los padres, pudiendo implicar un riesgo y la posibilidad de generar un apego inseguro. Sin embargo, se ha visto que los padres que reciben ayuda especializada y son capaces de resolver esta crisis, pueden llegar a desarrollar un apego de estilo seguro con sus hijos (Cantón & Cortés, 2005). 

Del mismo modo se observó que las madres con niños prematuros que tienen hemorragia intracraneal (HIC), como factor de riesgo en el establecimiento del tipo de apego, tiende a predecir un apego de tipo desorganizado, el que puede deberse a que esta patología (HIC) genera algún tipo de daño neurológico, por lo que el establecimiento de un apego desorganizado estaría hablando tanto de deficiencias neurológicas en el bebé, como de un trastorno en la relación madre-bebé (Pipp-Siegel, Siegel & Dean, 1999 en Cox et. al., 2000).


Factores Sociodemográficos y otras variables que afectan la calidad del vínculo de apego

Factores de la madre:

Existen, además de la psicopatología materna y de la depresión postparto, otros factores de riesgo para el establecimiento de un adecuado vínculo de apego entre la madre y su hijo, entre ellos se encuentran la dificultad para aceptar el embarazo, la edad extrema de la madre, las dificultades en la lactancia, dificultad con la pareja y falta de apoyo emocional, ser madre soltera, separada o viuda, pérdidas y duelos importantes de figuras en edad temprana, maltrato físico, psicológico o sexual en la infancia de la madre, presentar estrés laboral, sobrecargas del rol materno en el hogar, aislamiento social y faltas de redes de apoyo externo, además de pertenecer a un nivel socioeconómico bajo (MINSAL, 2008).

Un papel esencial en el desarrollo del estilo de apego seguro, lo tiene la familia como el primer referente social de un niño, ya que permitirá la configuración de los esquemas que influyen en la futura interacción con el mundo. En este sentido, buenas relaciones familiares permiten una adecuada adaptación en el futuro, las que incluyen el mundo escolar, relacional y de pareja (Sanchis, 2009).

Dentro de la familia están los cuidadores, principalmente la madre, que aportan sus propias características a la interacción con el bebé. La relación entre el apego madre - bebé está inserta en un modelo de desarrollo global, dentro del cual existen variables de la madre y del contexto más amplio en el cual se desarrolla el bebé (Tarabulsy et al., 2005 en Quezada & Santelices, 2009). En este sentido, se ha observado que las experiencias infantiles de apego de la madre o “modelos operativos internos” (Bowlby, 1980 en Quezada & Santelices, 2009), es decir, la reconstrucción de las experiencias tempranas de apego, están íntimamente relacionadas con la sensibilidad (Atkinson et al., 2005; Raval et al., 2001, Tarabulsy et al, 2005 en Quezada & Santelices, 2009) y las representaciones que tiene la madre sobre su futuro hijo y sobre sí misma como madre (Huth-Bocks Levendosky, Bogat, & von Eye, 2004 en Quezada & Santelices, 2009), éstas, además, tienen un significativo ascendiente sobre el estilo de apego del bebé (Atkinson et al. 2005; Huth-Bocks et al. 2004; Raval et al. 2001, Tarabulsy et al. 2005; Ward & Carlson, 1995, en Quezada & Santelices, 2009).

Los cambios de las variables maternas ya referidas, durante su biografía, están influenciadas por las propias experiencias de apego de la madre y pueden afectar el apego del bebé. Esto puede ocurrir debido a variaciones en las representaciones de apego maternas debido a experiencias de maltrato o abuso, eventos traumáticos o relaciones de pareja insatisfactorias (Weinfield, Sroufe & Egeland, 2000 en Quezada & Santelices, 2009), cambios en el contexto social (Buchheim, 2003 en Quezada & Santelices, 2009),  pobreza, bajo nivel socioeconómico, monoparentalidad y violencia doméstica (Huth-Bocks et al., 2004 en Quezada & Santelices, 2009).
Respecto de los factores económicos, se plantea que las mujeres de nivel socioeconómico bajo presentan una mayor tasa de prevalencia de depresión postparto, como resultado de cuadros depresivos preexistente, alcanzando un 57% de esta población (Araya, Rojas, Fritsch, Gaete, Rojas, Simon & Peters, 2003). El estudio concluyó que la depresión postparto es más frecuente en mujeres de escasos recursos, ya que existe un menor acceso a psicólogos y psiquiatras especialistas en el tema, además de que sus tratamientos presentan una duración menor. Considerando que sólo un cuarto de las mujeres obtiene un tratamiento psicológico para su depresión, es esperable que luego del embarazo continúen los síntomas depresivos, afectando de este modo la relación con su hijo (Araya et al., 2003).

En cuanto a la pobreza, como un concepto más amplio que el nivel económico que abarca varios factores de riesgo dentro de los cuales se encuentran el estado financiero de la familia, el cambio de casa continuo, barrios de alto riesgo social, parentalidad adolescente, familias uniparentales y varios eventos negativos durante la vida, aumenta el riesgo de psicopatología en el cuidador del bebé, más aún, cuando varios de estos factores aparecen en un mismo momento en la vida de ambos, exponiéndolo a  altos niveles de estrés. Cuando, además de esto, se suman la baja escolaridad y la falta de oportunidades de empleo el estrés se vuelve continuo y crónico, reduciendo la capacidad, tanto del cuidador como del niño para enfrentar con éxito situaciones futuras. Los factores de riesgo señalados aumentan la probabilidad de que los niños pasen de estrategias de apego organizadas a otras menos coherentes. También han desempeñado un papel importante en cuanto a la forma de clasificar la inestabilidad del apego en bebés de 12 a 18 meses (Ciccheti & Cohen, 2006).

Un factor de riesgo para la familia y generador de estrés en los padres o cuidadores, lo que puede reducir notoriamente la disponibilidad y atención sensible y, en algunos casos incrementa el riesgo de crianza hostil o abuso, es el número de niños en la familia, puesto que genera altos niveles de estrés en los padres, en especial cuando algunos de esos niños tienen problemas de ajuste o adaptación, o algún tipo de patología (Ciccheti & Cohen, 2006).

Respecto de otros factores de riesgo, existen hallazgos que señalan que en el vínculo de apego entre madres y bebés prematuros, la representación de la madre respecto del bebé está directamente relacionada con el tipo de apego infantil, y no así el sólo hecho de que los niños prematuros generan tipos de apego inseguros. Esto otorga un mayor argumento a la noción de que las variables maternas pueden influir más que las variables del niño en la conformación de la calidad del apego del bebé hacia su madre, cuando ésta es su cuidador principal (Cox, Hopkins & Hans, 2000). Este tipo de descubrimiento, además, es consistente con la teoría del apego (Ainsworth et al., 1978; Sroufe, 1985 en Cox et. al., 2000). Otros resultados, sugieren que no sólo el nivel de riesgo neonatal, sino también las representaciones maternas del bebé pueden contribuir a la variabilidad en la distribución del apego en muestras de investigación con díadas en que los bebés son prematuros. La perspectiva parental del apego es una importante contribución al desarrollo del apego en los bebés y, por ello, es fundamental para la comprensión de la naturaleza del apego en familias con los bebés prematuros (Cox et. al., 2000).

Un estudio realizado en Chile concluyó que la variable paridad tiene un rol en el establecimiento del vínculo de apego entre la madre y su hijo, observándose una predominancia de estilo de apego inseguro en madres primíparas y una predominancia de apego seguro en las madres multíparas. En este mismo estudio, se señala que los patrones de apego seguro predominan en los partos de tipo eutócico. (Lecannelier et al., 2008). Este mismo estudio, no encontró correlación significativa entre la edad de la madre y la calidad del vínculo de apego con sus hijos, pese a que las madres más jóvenes tendían al establecimiento de un vínculo inseguro. Por otro lado, no se pudo concluir que el estado civil de las madres fuese un factor decisivo en el vínculo de apego, aunque existen teorías que indican que las madres que se encuentran en relaciones más satisfactorias emocionalmente suelen presentar mayor sensibilidad hacia sus hijos, y por ende, un vínculo de apego seguro (Howes & Markman, 1989 en Lecannelier et al., 2008).

En otro estudio acerca del efecto de algunos factores de riesgo sobre el tipo de apego, se observó que en cuyas familias en que la madre e hijo presentaban una unión afectiva catalogada de insegura en cuanto a la estabilidad, habían síntomas elevados, tanto paternos como maternos, respecto al consumo excesivo de alcohol, depresión maternal así como conducta antisocial en la madre. Esto, en contraste con aquellas familias en las que la unión afectiva fue caracterizada como segura en cuanto a la estabilidad. La estabilidad en cuanto a patrones de inseguridad entre la madre y el infante fue asociada a altos niveles de expresiones negativas de afecto materno. En este sentido, se pudo apreciar que la inseguridad estable entre el padre e hijo se asociaba con bajos niveles de expresiones positivas de afecto durante las interacciones entre ambos, en ciertos momentos, y altos niveles de emotividad negativa durante otros momentos. En síntesis, los resultados indican que los niños que se sentían inseguros en ambos casos (con ambos padres) presentaban, en su mayoría, características de riesgo familiar (alcoholismo, depresión materna, conducta antisocial de la madre) (Edwards, Eiden & Leonard, 2004). Una amplia gama de bibliografía sugiere que la exposición a relaciones violentas puede tener un impacto negativo en el desarrollo de los niños, generando, a largo plazo, altos índices de problemas conductuales a medida que crecen (Ciccheti & Cohen, 2006).