miércoles, 26 de febrero de 2014

Criterio abuso de sustancias


Los criterios para el abuso de sustancias según el DSM IV, son los siguientes:

A. Un patrón desadaptativo de consumo de sustancias que conlleva un deterioro o malestar clínicamente significativo, expresado por uno o más de los ítems siguientes durante un periodo de un año:

- Consumo recurrente de sustancias, que da lugar al incumplimiento de obligaciones en el trabajo, escuela o casa.

- Consumo recurrente de la sustancia en situaciones en las que hacerlo es físicamente peligroso, como conducir un automóvil.

- Problemas legales repetidos relacionados con las sustancia.

- Consumo continuado de la sustancia, pese a tener problemas sociales continuos o recurrentes o problemas interpersonales causados o exacerbados por los efectos de la sustancia.

 

B. Los síntomas no han cumplido los criterios para la dependencia de sustancias de esta clase de sustancia.


Asimismo, los criterios para identificar la dependencia de sustancias tóxicas ilegales, para el mismo Manual, y ante las cuales los profesores deben estar atentos, son:

Un patrón desadaptativo de consumo de sustancia que conlleva un deterioro o malestar clínicamente significativo, expresado por tres o más de los ítems siguientes, en algún periodo continuado de un año:


1. Tolerancia, definida por cualquiera de los siguientes ítems:

a) una necesidad de cantidades marcadamente creciente de la sustancia para conseguir la intoxicación o el efecto deseado.

b) el efecto de las mismas cantidades de sustancia disminuye claramente con su consumo continuado.

2. Abstinencia, definida por:

a) el síndrome de abstinencia característico para la sustancia.

b) se toma la misma sustancia para aliviar o evitar los síntomas de abstinencia.

3. La sustancia es tomada con frecuencia en cantidades mayores o durante un periodo más largo de lo que inicialmente se pretendía.
 
4. Existe un deseo persistente o esfuerzos infructuosos de controlar o interrumpir el consumo de la sustancia.

5. Se usa mucho tiempo en actividades relacionadas con la obtención de la sustancia, en el consumo de la sustancia o en la recuperación de sus efectos.

6. Reducción de importantes actividades sociales, laborales o recreativas debido al consumo de la sustancia.

7. Se continúa tomando la sustancia a pesar de tener conciencia de problemas psicológicos o físicos recidivantes o persistentes, que parecen causados o exacerbados por el consumo de la sustancia.

Estos dos criterios diagnósticos, permitirán al profesor estar en alerta a cualquier característica en el adolescente o incluso en niños, los cuales por su edad suelen manifestar alteraciones mayores de conducta como los vistos al inicio de la unidad. Asimismo permite diferenciar a tres grupos de consumidores de drogas:

 Consumidores ocasionales o sin signos de abuso o dependencia

Consumidores con abuso de sustancias

Consumidores dependientes de una o más sustancias

Un electo adicional es la presencia o no de un síndrome de abstinencia o privación. El cual debe ser identificado y descrito, de modo de brindar apoyo cuando se presenten los síntomas.

PSICOPATÍAS: ADICCIONES, AGRESIVIDAD, CONDUCTAS EVASIVAS, CONDUCTAS PERTURBADORAS


Para hablar de las psicopatías debemos hacer una distinción de los dos subgrupos que la conforman, primero tenemos las adicciones y por otro lado las categorías de agresividad, conductas evasivas y perturbadoras de niños y jóvenes.

Partiremos hablando de las adicciones. Sabemos que el uso de sustancias que alteran el estado anímico, las percepciones, las emociones y el pensamiento se conoce desde los inicios de la humanidad. Sin embargo, es cierto que no llegó a constituir una amenaza de tal magnitud para las personas, la familia y la sociedad, al grado de requerir esfuerzos de la organización social para su control y tratamiento, como existe actualmente.

El consumo de drogas en culturas primitivas era aceptado y su uso era restringido a ceremonias religiosas u otros ritos culturales, limitado en espacio, tiempo y personas. Asimismo los preparados no tenían los refinamientos químicos que sí tienen hoy. Tal uso no podía ser catalogado como abuso o adicción, de acuerdo a lo que hoy conocemos.

Hoy en día el uso de sustancias alucinógenas, con fines recreativos o de evasión de la realidad es mucho más preocupante, tomando un giro dramático en la segunda mitad del siglo XX. El refinamiento químico de las sustancias, junto a la aparición de drogas sintéticas ha sido parte de este cambio, que está poniendo en jaque todos los esfuerzos por prevenir el consumo, tratar a los afectados y controlar el tráfico de tales sustancias.

La droga más utilizada actualmente, que es catalogada como productora de dependencia es el alcohol, producto que ocasiona un enorme daño a la salud pública y pérdidas económicas anuales. A este problema se ha sumado el uso de otras sustancias alucinógenas como la marihuana y alcaloides como la cocaína y pasta base.

Nos encontramos hoy ante una situación sin precedentes, en donde las naciones de mayor poder económico no han escatimado en esfuerzos para controlar el problema, sin resultados evidentes.

lunes, 24 de febrero de 2014

Atención Psicológica Particular

Ps. Mg. María Paz Muraro Montiel

Registro de Profesionales MINEDUC Nº 1371
Registro Colegio de Psicólogos Nº 3575
Psicóloga con 13 años de experiencia profesional en el área clínica.
Magíster en Psicología Clínica Diagnóstico y técnicas de intervención UDD. Postítulo en Psicopatología, Psicodiagnóstico y Técnicas Proyectivas UAI.

Atención psicológica particular a domicilio (RM), lactantes, niños y adolescentes, en su entorno familiar. Relaciones de Apego madre-hijo, lactancia materna, dificultades emocionales de la madre, del hijo en sus primeros meses de vida. Prevención de patologías psicológicas en la etapa pre natal y post natal, depresión post parto y otras. Acompañamiento profesional a pre escolares con alteraciones emocionales, conductuales, sociales y adaptación al sistema escolar primario. Atención especializada en trastornos conductuales y emocionales de la etapa escolar. Consejería e intervención a padres y madres.
Tel.: 8- 729 02 56

Causas que originan el Trastorno de Conducta


Este comportamiento agresivo y violento, que puede incluso llevar al menor a la utilización de armas de fuego, va generalmente unido a una serie de causas multifactoriales que han provocado esta situación. Algunas de las más significativas son:

Relación de este trastorno con una afección en el lóbulo frontal del cerebro, que impide a estos niños una adecuada planificación o evitación de riesgos, así como aprender de sus experiencias negativas (es importante por lo tanto no zamarrear a los niños cuando son pequeños).

Factores de origen genéticos o heredados: Es frecuente encontrar en el entorno del niño familiares con trastornos mentales graves, como esquizofrenia, trastornos de la personalidad o anormalidades neurológicas, etc.

Es frecuente, también, encontrar niños con trastornos de la conducta que presentan síntomas del Trastorno de la Atención e Hiperactividad.

Familias desestructuradas y con problemas graves entre sus miembros, que no suelen contar con el necesario apoyo familiar. Suelen ser hijos de familias marginales y muy inestables: los padres se han divorciado; son hijos de madre soltera o de padres cesantes. Estas situaciones han llegado a provocar que estos niños sufran en sus propias carnes la violencia en el hogar.

Problemas de rechazo social; niños que no son bien aceptados entre el resto de sus compañeros.

Bajo nivel socioeconómico en la familia (pobreza, carencia de medios, necesidades económicas de todo tipo).

Comportamiento agresivo o violencia previa. Presencia de situaciones de abuso físico o sexual, donde ellos han sido las víctimas.

Exposición a la violencia en los medios de difusión (televisión, radio, etc.)

Uso de drogas o de alcohol, o de ambos

Presencia de armas de fuego en la casa.

Convivir con compañeros delincuentes.

Algunos autores encuentran una asociación entre este trastorno y los trastornos de la personalidad, en especial los referidos a la personalidad sádica, que es uno de los síntomas más destructivos de este trastorno. Este afán destructivo lo dirigen hacia los demás y se identifica al principio de la edad adulta. En los niños se presenta en forma de crueldad hacia los animales.

jueves, 20 de febrero de 2014

Síntomas del trastorno disocial


Los síntomas del trastorno disocial van unidos a un tipo de comportamiento repetitivo y persistente en el que se violan los derechos básicos de las personas, así como normas sociales propias de la edad. Según los criterios establecidos por el DSM-IV la edad en la que suele aparecer es a partir de los 15 años.

Estos síntomas pueden aparecer también en niños que no padecen este tipo de trastorno de conducta, siendo más frecuente su aparición en aquellos que padecen Trastorno por Déficit de Atención o un trastorno Oposicionista Desafiante mal manejado.

Asimismo, suele manifestarse junto con otros trastornos de la salud mental como, por ejemplo, trastornos del estado de ánimo, de ansiedad, de estrés postraumático, abuso de drogas, trastornos del aprendizaje, etc. Como se ve síntomas más propios de un trastorno de conducta negativista y desafiante, considerado por algunos autores como fase previa al trastorno disocial.

Los padres habrán de estar muy atentos a estos síntomas y recurrir al médico cuando considere que su hijo presenta un cuadro parecido. Los síntomas más frecuentes, según el DSM-IV, van acompañados de los siguientes comportamientos:

Comportamiento agresivo: tanto hacia las personas como hacia los animales, sin que exista una afectación emocional, al menos en apariencia. Suele ir unida a una amenaza o a un daño físico a otras personas, reflejada en una conducta intimidatoria; enfrentamientos físicos; acciones violentas hacia los demás; utilización de armas (palos, piedras, cuchillos, botellas rotas, pistolas); suele ser cruel con las personas y los animales; roba a sus víctimas; fuerza a otras personas a mantener una relación sexual con él; se manifiesta de una manera cruel con los animales.

Comportamiento destructor, caracterizado por un vandalismo y un espíritu destructor de la propiedad privada, generalmente de los otros, que puede llegar, incluso, al incendio intencionado de esa propiedad. El fin no es otro que el de causar el mayor daño posible.

Falsedad y engaño, se caracteriza porque fuerza la entrada en el edificio, casa o automóvil de otras personas; utiliza la mentira para obtener aquello que de otra forma no alcanzaría o para evitar la ejecución de sus obligaciones; es un mentiroso incumplidor. Su objetivo único y prioritario va encaminado a conseguir sus propósitos.

Violación de reglas, en este apartado nos referimos a aquellas reglas que son propias de los niños y adolescentes, como las relacionadas con la no asistencia a clase; realizar bromas pesadas; travesuras de todo tipo; pasar la noche fuera de casa, pese a la negativa de los padres; etc.

Los primeros síntomas, sin embargo, suelen ser más simples y a veces nos pueden confundir con la evolución propia de la edad. Estos síntomas o "señales de alerta" son: una ira intensa; ataques de furia o pataletas; una irritabilidad e impulsividad extremas; y frustrarse con facilidad.

A consecuencia de todo ello el niño que padece un trastorno disocial sufre un fuerte deterioro en su vida social, académica o laboral, si fuese el caso.

Por último, conviene señalar que los trastornos de conducta presentan, en cuanto al sexo, una serie de diferencias; así, por ejemplo, en los chicos se observa conductas agresivas y violentas, mientras que en las chicas son más frecuentes los incumplimientos normativos.

 

Trastorno Disocial


Se entiende como trastorno de conducta a la alteración del comportamiento, que se manifiesta de una manera antisocial, ya desde la infancia, y que se refleja en una serie de violaciones de normas que no son propias de la edad, como los enfrentamientos con otros niños; escaparse de clase, etc., y que son consideradas más allá que la propia “maldad infantil” o rebeldía del adolescente.

Estas manifestaciones van unidas a una serie de situaciones familiares, sociales, escolares que las van a potenciar.

Aunque aparecen en etapas infantiles, pueden continuar y se amplia en la edad adulta. Por otra parte, indicar que este Trastorno Disocial afecta, al igual que ocurre con otros trastornos de conducta, como los recién vistos, en mayor medida más a los niños que a las niñas.

Finalmente, indicar que este tipo de trastorno disocial suele ir precedido de otro trastorno, el negativista desafiante, que aparece con mayor frecuencia en los años preescolares, mientras que el trastorno de conducta aparece en niños mayores, en adolescentes. Esta opinión, sin embargo, hoy en día es discutida por algunos autores.

miércoles, 19 de febrero de 2014

¿Cómo se manifiesta el trastorno oposicionista y desafiante?


Las principales características de este trastorno vienen determinadas por una serie de situaciones caracterizadas por una falta evidente de cooperación, desafío y comportamiento hostil hacia todo aquello que indique autoridad. Las formas más frecuentes de manifestarse, según se recoge en las clasificaciones actualmente operativas: CIE-10, DSM-III-R y DSM-IV, son las siguientes:

Se enfadan con relativa frecuencia, se encoleriza. Es muy habitual en ellos las rabietas de todo tipo; pierden con facilidad la paciencia.

Discuten continuamente con los adultos.

Desafían las reglas de los adultos, por ejemplo, negarse a realizar las tareas.

Son provocadores

Son niños que intentan en todo momento molestar y fastidiar de una manera deliberada a las personas que les rodean.

Culpan y reprochan a los demás de sus propios errores.

Suelen estar coléricos y resentidos con todo lo que les rodea. Se molestan con facilidad y son quisquillosos e irritables

 Utilizan un lenguaje obsceno

 Es rencoroso y reivindicativo. Cuando se enfadan utilizan palabras hirientes, con la intención de hacer daño

Suelen tener problemas académicos

Son mentirosos e incumplidores.

En ocasiones, los niños pueden presentar unos síntomas parecidos a los que caracterizan este trastorno, pero que son pasajeros y propios de la edad. Los padres y profesores tendrán que estar atentos a estas diferencias, ya que para que se pueda hablar de trastorno estos síntomas se deben presentar con una gran frecuencia, además de interferir en el aprendizaje, la adaptación en la escuela y, algunas veces, con las relaciones personales del adolescente.