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jueves, 13 de julio de 2017

Trastornos Conductuales en la niñez y adolescencia e intervenciones psicoterapéuticas N°4

Discusión
Uno de los trastornos de inicio en la infancia o adolescencia de difícil manejo es el Trastorno Conductual. Con diferentes clasificaciones y especificaciones, aquel que se orienta hacia las conductas agresivas y violentas hacia otros y aquellas que pudiesen desencadenar una conducta delictiva a futuro, son los que necesitan de una intervención efectiva y preventiva antes de la cronicidad del comportamiento.
Para esta intervención se han descrito diferentes estrategias de tratamiento, desde la mirada individual hacia la mirada sistémica, pasando por la intervención con fármacos en aquellos casos donde se estima su uso.

Las últimas investigaciones apoyan la tesis de que la intervención más efectiva es aquella que mantiene una alta frecuencia de visitas a la semana, con disponibilidad del profesional permanente, así como el énfasis en los diferentes focos que mantienen la alteración, abordando el área familiar, escolar, comunitario entre otras.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Sobre el duelo...

En nuestra sociedad no se habla de la muerte, se teme y se evita. Por ello cuando sucede la muerte de un ser querido nos cuesta mucho enfrentarla. Podemos usar una serie de mecanismos para defendernos de ese dolor, algunos con más éxito, otros no tanto.

Pero el duelo no es exclusivo de las personas que sufren la muerte de alguien cercano; podemos incluir aquí una enfermedad terminal, cambios de amigos, trabajo, casa, separación o divorcio, etc. Todo lo que involucra un cambio de estado donde existe la sensación de pérdida del estatus se podría definir como un duelo.

Como tal, un duelo provoca una serie de sentimientos, rabia, tristeza, envidia, frustración... Todos ellos son muchas veces condenados en nuestra sociedad. Por lo que resulta muy difícil sentirlos, enfrentarlos y superarlos. Superar un duelo no significa dejar atrás a la persona querida/situación perdida sino que significa aceptar en paz y armonía el nuevo estatus personal.

Elizabeth Kubler-Ross, psiquiatara y escritora suizo-estadounidense, famosa por sus trabajos en el área del duelo y otros más; señala que existen una serie de etapas para el enfrentamiento de una tragedia de tal magnitud que desestabiliza la psiquis, ellas son:

1. Negación: entendido como un mecanismo de defensa temporal, es como decir: ¡Esto no está pasando!, ¡No es cierto! o ¡Todo va a volver a ser como antes!

2. Ira: una vez que entendemos que la negación ya no puede continuar surgen sentimientos de rabia, ira, frustración, enojo, entre otras, muchas veces vemos a otros continuar la vida, y surgen el resentimiento y la envidia, proyectada en este sentido en otros.

3. Negociación: surge un sentimiento de esperanza en que todo puede revertirse o al menos retrasarse, es aferrarse a una idea para experimentar tranquilidad.

4. Depresión: surge cuando existe seguridad de que ya nada volverá a ser igual, se pierde la esperanza y aparece la tristeza y el llanto. Muchas personas se mantienen en esta fase no pudiendo ver "luz de esperanza", centrándose en la pérdida solamente, surgiendo lo que se llama Duelo Patológico desencadenando una Depresión propiamente tal.

5. Aceptación: cuando la tristeza puede dar paso a la paz y comprensión, recordando la situación/el ser querido con mayor tranquilidad y equilibrio psicológico, aceptando el cambio y continuando con mayor objetividad hacia adelante.

Cada una de estas fases pueden ser o no sucesivas, así como no todas las personas que atraviesan un duelo las atraviesan, de ello depende de la naturaleza de la situación experimentada.

Si alguna persona cercana se encuentra en este proceso y ha tenido dificultades mayores en intensidad o tiempo a las esperadas (considerando que cada persona tiene un tiempo individual) es recomendable realizar una consulta con especialista, psicólogos o psiquiatras.








martes, 3 de noviembre de 2015

Vínculo, trauma y resilencia: intervenciones en el área sociodelictual

I.

Los equipos multidisciplinarios que interactúan con diversos beneficiarios de programas que tienen como objetivo disminuir la reincidencia delictual y favorecer la reinserción social, tienden a acercarse a diversas historias, que combinan hechos traumáticos, el dolor humano y las interacciones familiares. Por ello es importante combinar los protocolos  de acción profesional con la entrega de un discurso promotor de los factores que favorezcan resurgir de entre estas experiencias de vida, que incluso pueden provenir de diversas etapas del ciclo vital. Estos elementos esenciales son el vínculo que se pueda llegar a lograr y los elementos de resiliencia que se puedan favorecer en este espacio relacional.

Para tener una aproximación a la relevancia del tema abordado, revisaremos el concepto de trauma y sus efectos en la psiquis humana. La raíz de las palabra impacto y trauma nos ayudan a entender la profundidad conceptual implicada, así, Impacto es una palabra que proviene del latín “impactus” y quiere decir in (hacia el interior) y pangere (fijar, ensamblar). Trauma proviene del griego y significa literalmente herida (RAE, 2014). Al conocer ambos conceptos podemos fácilmente imaginar qué implica el Trauma y la profundidad del Impacto en la mente de una persona. Intuitivamente al pensar en Trauma se nos viene a la cabeza un evento, una separación, un quiebre en la vida de tal magnitud que va a crear entonces este Impacto emocional, sin embargo no siempre podemos determinar cómo y hasta dónde deja una huella ese evento.

De acuerdo a Manuel Aburto (2007) desde cualquier teoría psicológica donde se mire, el Trauma “connotará algo excesivo (…) que no permite ser tramitado, articulado, ni integrado en su mente” (p. 92)

Como definición podemos agregar que Trauma podría ser considerado como “sentimientos que surgen de presenciar o experimentar hechos que ocasionan la muerte o la amenaza de muerte o graves daños o amenazas a la integridad física o fisiológica, de sí mismo o de otros (Shreiter, 2011).

Las reacciones traumáticas se desencadenan cuando “la acción no sirve de nada. Cuando no es posible ejercer resistencia  ni escapar, el sistema humano de defensa propia se ve abrumado y desorganizado…los eventos traumáticos producen cambios profundos y duraderos en la excitación fisiológica, las emociones, la cognición y la memoria. Es más, las experiencias traumáticas pueden dividir funciones que estaban integradas entre sí. La persona traumatizada puede experimentar fuertes emociones, pero sin tener recuerdos claros del hecho o puede recordar todo en detalle, pero sin emoción alguna. Puede encontrarse a sí misma en un estado de vigilancia e irritabilidad constante sin saber por qué. Los síntomas de trauma tienen tendencia a desconectarse de su fuente y a tomar vida propia (Herman, 1997).

Dado lo anterior, es que nos damos cuenta de que los efectos de trauma son permanentes y además, nos hemos percatado que son atemporales, es decir, pueden manifestarse con fuerza en un tiempo más o menos cercano al hecho en sí. Este es un elemento importante a tener en cuenta al interactuar con personas.

Dentro del sinnúmero de (malas) experiencias que un ser humano puede llegar a vivir se encuentran ciertos eventos traumáticos, entre ellos los abusos físicos, psicológicos, sexuales, violencia social, terrorismo, violencia intrafamiliar, muerte traumática de un ser querido, tortura, accidentes, catástrofes naturales, entre otros. Sin embargo hay otros sucesos que pueden desencadenar un Trauma, en especial cuando se transforma en una situación permanente en el tiempo.