lunes, 22 de febrero de 2016

Adolescencia y conductas de riesgo delictual, transición hacia la vida adulta

La adolescencia es un término que se usa para delimitar una etapa de la vida, de acuerdo a un criterio cronológico abracaría entre los 10 y los 20 años aproximadamente, aunque otros criterios hablan de las condiciones económicas, sociales y personales para definir esta etapa.

La revisión bibliográfica indica que esta etapa se caracteriza por una serie de cambios rápidos y significativos, que van desde los aspectos físicos hasta los psicológicos más profundos. En este sentido se enfatizan los rasgos de personalidad que han estado en formación durante la niñez, dejando al joven en un estado de vulnerabilidad emocional y psicológica para que desarrolle una serie de conductas que pueden llamarse de riesgo, para él o para otros. Es sabido que existe una mayor impulsividad y baja tolerancia a la frustración, lo que puede llevar a comportamientos extremos, donde los pares pueden validar esta actitud o promover conductas desafiantes hacia las estructuras que buscan colocar límites y normas, sea a nivel familiar como a nivel social.

En este sentido aumenta la vulnerabilidad a desarrollar conductas de riesgo, que antes no estaban, como son el consumo de drogas en forma experimental, deserción escolar, conductas antisociales o violentas entre otras.

De acuerdo a algunos estudios sobre adolescentes, se estima que las conductas violentas en los jóvenes han aumentado en la última década (Alarcón, P. et al. 2005), lo cual disminuye la probabilidad de un normal ajuste psicológico a las funciones que se están desarrollando. Considerando la realidad social en donde se desenvuelven actualmente los jóvenes, un ambiente globalizado, con internet en la palma de sus manos a todo momento y hora, teniendo acceso a realidades y contenidos de gran nivel de violencia, para lo cual la mente adolescente no estaría preparada.

Muchas son las preguntas que se hacen respecto de porqué los adolescentes cometen infracciones y más aún qué los lleva a la edad adulta mantener este tipo de conductas. Las respuestas son variadas, desde la constitución biológica, las experiencias de abuso o negligencia, los pares, el entorno social con algunas de ellas.

Una investigación llevada a cabo en España (Loeber, Farrington y Redonodo, 2001), indica que en un bajo número los niños que han sido catalogados como problemáticos se acaban convirtiendo en delincuentes de carrera, sin embargo también encontraron que muchos adolescentes con conductas delictuales dejan de cometer infracciones hacia fines de la adolescencia y adultez, asociándolo a una disminución de la impulsividad y por ende al aumento de la capacidad de autocontrol que lograrían desarrollar.

Otra investigación del año 2000 (Sobral, Romero, Luengo y Marzoa en Loeber, Farrington y Redonodo, 2001) logró identificar algunos factores de riesgo asociados a la conducta infractora en la adolescencia, entre ellos la falta de apego con los padres, la mala relación con estos adultos y con otros familiares como los hermanos, las prácticas educativas inadecuadas y fracaso escolar, grupo de pares negativos y variables de personalidad como altos grados de impulsividad. Otras características que se han logrado identificar en jóvenes con estas conductas indican que el policonsumo de drogas y las familias con otros miembros con antecedentes delictuales también aumentarían la probabilidad de comisión de delitos y que estos se mantengan en la vida adulta, asimismo un porcentaje no menor habría pasado por centros de internación de menores. Muchos investigadores coinciden en que los adolescentes que comienza a delinquir en forma temprana, aquellos con mayor número de comisión de delitos y aquellos que han usado la violencia en sus delitos tendrían una mayor probabilidad de continuar en la vida adulta con comportamiento infractor.

En cuanto al tipo de delito, que aumenta el riesgo de mantener la conducta delictiva en la edad adulta se encuentran la posesión de drogas y posesión de armas, por sobre la pertenencia a pandillas o grupos de pares negativos en la adolescencia (Rosenfeld et al. 2012).

¿Qué podría explicar entonces la transición de la conducta delictiva desde la adolescencia hasta la vida adulta?

Lober, Farrington y Redondo (2011) identifican diez factores que podrían explicar esta transición, los cuales se detallan a continuación:

1. Diferencias individuales en edades tempranas en el autocontrol
 
2.      Niveles de maduración cerebral
 
3.      Cambios a nivel cognitivo, como por ejemplo los asociados a la toma de decisiones de cambio de conducta
 
4.      Factores de riesgo a nivel conductual como conducta antisocial versus factores protectores como aislamiento social
 
5.      Factores sociales de riesgo y de protección como son la familia y la escuela
 
6.      Enfermedades mentales o bien el uso y abuso de sustancias ilícitas
 
7.      Circunstancias de la historia vital, como establecer una pareja o tener un trabajo
 
8.      Contexto situacional de ciertos hechos delictivos específicos, como lugar del delito o las rutinas del individuo
 
9.      El barrio donde habita el adolescente
      
      10. Respuesta de entidades de justicia juvenil

Así es como podríamos observar que la presencia de factores de riesgo sumado a la motivación antisocial que presente el adolescente es como se va a ir configurando un adulto con conductas infractoras. Esto lo plantea el Modelo del Triple Riesgo Delictivo (Redondo, 2008), donde se explica que esta motivación antisocial de una persona sería el resultado de ciertos riesgos personales sumado a carencias en el apoyo prosocial que reciba esa persona, se puede tomar en consideración además las oportunidades delictivas a las que el adolescente se puede ver expuesto.

Por lo tanto resulta de gran importancia identificar los factores de riesgo socio delictual al que se expone un adolescente, de modo de poder intervenir en forma temprana sobre ellos, evitando así la cronicidad de las conductas delictivas.

Dentro de las intervenciones tempranas que más se han utilizado se encuentran las intervenciones que se realizan en la infancia, entregando apoyo a las madres o padres en la crianza de los hijos, lo cual promueve el estilo de apego seguro entre cuidador e hijo, además de promover estilos de crianza positivos, así como protege al niño de posibles negligencias o abusos que pudiesen afectar su desarrollo emocional.

Otro factor protector que se ha visto útil en reducir las conductas de riesgo delictual en adolescentes y que disminuyen la tasa de delincuencia en la edad adulta, son las redes educacionales y comunitarias, en este sentido, capacitar a profesores y otros agentes educativos en pos de mejorar el acceso a la educación, pero también en promover prácticas de convivencia, salud mental, actividades recreativas y deportivas desde los centros escolares abriéndose las posibilidades de pertenecer a áreas comunitarias desde la adolescencia, podría reducir la probabilidad de consumo de sustancias ilícitas, involucramiento con grupo de pares negativos etc.

Existen también algunos programas terapéuticos específicos que se basan en la intervención familiar directa del joven que ha cometido infracciones a la ley que han obtenido buenos resultados reduciendo la probabilidad de cometer nuevos delitos así como de llegar a la vida adulta sin este comportamiento. Entre ellos destacan el programa de Terapia Multisistémica (MST), el Tratamiento enfocado a supervisar el proceso de crianza (TFC) y la Terapia Familiar Funcional (FFT) (Lober, Farrington y Redondo, 2001), estas terapia se basan en el enfoque familiar para cambiar pautas de conducta infractora de los jóvenes, interviniendo en un corto periodo de tiempo, pero de forma intensiva, con visitas domiciliarias y contacto frecuente vía telefónica. Lo cual implica mantener a profesionales altamente capacitados y entrenados en ciertas habilidades específicas, teniendo ello un alto costo económico asociado, haciendo difícil la masificación de dichos programas.

En conclusión, existen varios estudios que han logrado identificar ciertos factores de riesgo de aparición y mantención de comportamiento delictivos, lo cuales debiesen ser considerados al momento de desarrollar políticas públicas en la intervención de jóvenes delincuentes, evitando la cronicidad de éstas hacia la vida adulta. Un enfoque capaz de  disminuir la probabilidad de que adolescentes mantengan una conducta delictiva en la edad adulta debiese incorporar una intervención temprana  a la vez que preventiva con los padres o cuidadores, también destinar recursos a las escuelas y centros comunitarios, donde se intervenga a la familia completa y no sólo destinada al enfoque individual. 





Bibliografía:
1. Adolescencia y Salud Print versión. vol.1 n.2 San José Jan. 1999 “El desarrollo psicológico en la adolescencia: las transformaciones en una época de cambios”. Lic.  Dina Krauskopof
  
2. Psykhe, 2005 Vol 14 n°1, 3-16. Estilos de personalidad y desadaptación social durante la adolescencia. Paula Alarcón, Eugenia Vinet y Sonia Salvo, Universidad de La Frontera.
3. Rolf Loeber, David Farrington y Santiago Redondo, revista española de investigación criminológica.  Monografía 1, Número 9 (2011) www.criminología.net “La transición desde la delincuencia juvenil a la delincuencia adulta”

4. Rosenfeld, R., White, H., Esbensen, F.-A. (2012). Special categories of serious and violent offenders: Drug dealers, gang members, homicide offenders, and sex offenders. En R. Loeber, & D. Farrington (Eds.), From Juvenile Delinquency to Adult Crime: Criminal Careers, Justice Policy and Prevention (pp. 14-46). Oxford: Oxford University Press, en prensa.

5. Redondo, S. (2008). Individuos, sociedades y oportunidades en la explicación y prevención del delito: Modelo del Triple Riesgo Delictivo (TRD). Revista Española de Investigación Criminológica, Artículo 7, N. 6. (Accesible en: www.criminologia.net).


6. Alarcón, P.; Vinet, E.; Salvo, S. (2005) |Psykhe Vol. 14, N°1, 3-16 “Estilos de personalidad y desadaptación social durante la adolescencia”. 

viernes, 15 de enero de 2016

10 razones para entender la polémica del bebé en el congreso

Sin duda los mayores protagonistas de la jornada de la nueva constitución de las Cortes fueron Carolina Bescansa (diputada de Podemos) y su bebé.
Hay muchas opiniones al respecto pero debido a muchos factores éstas pueden verse sesgadas. Pero hay diez cuestiones que debemos saber para entender la polémica sobre este hecho:
  1.  “Que se coja la baja.”
    La baja por maternidad en España es una vergüenza de 16 semanas de duración. Por lo tanto no, Carolina no es que no se haya cogido la baja, es que su bebé tiene ya seis meses, por lo que ya no tiene derecho a ello.
  2. “Que salga a dar el pecho cada tres horas.”
    A demanda significa siempre y cuando el bebé pida pecho ya sea hambre, sed, sueño, o aburrimiento de tanto criticón. (A demanda, Chacón, no cada tres horas) por lo tanto, no puede dejarlo fuera con la cuidadora o en la guardería porque un bebé de esa edad que toma pecho lo mismo pide cada dos horas que cada dos minutos.
  3. “Que de biberón”
    Carolina dijo que su hijo no cogía el biberón, pero la verdad, meter biberón cuando puedes seguir dando el pecho, que es lo mejor y además no interfiere en que desarrolle su trabajo con normalidad, no es necesario.
  4. “Que lo deje en la guardería”
    Hay una cosa que se llama exogestación, y es la necesidad del bebé de adaptarse de el hábitat natural, o sea, su madre, al medio exterior y ser consciente de que no es una prolongación de su mamá, sino un ser individual que dura unos nueve meses.
    Ya sabemos que hay guardería en el Congreso, pero es que el bebé está mejor con su madre. Y os aseguro que si el bebé pudiese hablar, elegiría estar con su madre en un cuchitril antes que en la guardería más maravillosa del mundo.
  5.  “Pues que no trabaje”
    Ya, ¿y quien somos nosotros para decidir eso? Hay políticas de primera línea que no han disfrutado de la baja maternal porque preferían volver a trabajar y no se las criticó tanto. Además, hacernos elegir a las mujeres entre ser madres o seguir con nuestra carrera profesional es totalmente injusto.
    Estoy de acuerdo, una policía, una mecánica, una cirujana… no pueden llevar a sus bebés a sus trabajos porque no es seguro, pero las que sí pueden… ¿por qué no? De toda la vida se ha llevado a los hijos a cuestas (porteando) al campo, por ejemplo, porque no existían guarderías.
  6. “Pero es injusto que unas puedan seguir con su carrera y otras no”  Pues sí, totalmente. Por ello, volviendo al punto uno, lo que deberíamos tener son bajas maternales decentes en las que podamos criar a nuestros bebés y además estar tranquilas de no perder nuestro puesto de trabajo o ascender.
  7.  “Pero si es todo postureo”
    Es posible. Es posible que haya sido sólo por llevarse la atención. Pero aún así, era totalmente necesario para abrir el debate sobre conciliación que se ha dado gracias a este hecho.
  8.  “Es que los de Podemos son así” 
    No tiene nada que ver con colores políticos, sencillamente porque no es la primera vez que vemos a un bebé en un sitio como el Congreso, y las ideologías de sus madres eran variopintas.
  9. “Pues qué incoherencia con su programa electoral”
    Pues sí. Si lo recordamos, Podemos promovía en su programa la educación gratuita de 0 a 3 años.
    Pero yo confío, confío en que viviendo en sus propias carnes que los bebés no quieren guarderías sino estar con sus madres, reconsideren sus propuestas.
  10.  ¿Entonces qué hacemos?
    Luchar. Luchar por unas leyes que permitan que podamos elegir si queremos trabajar o si queremos quedarnos en casa, en definitiva, que nos den opciones para conciliar de verdad.
http://asesorasdelactanciaonline.com/2016/01/14/10-razones-para-entender-la-polemica-del-bebe-en-el-congreso/

lunes, 16 de noviembre de 2015

Jornada de Apoyo Psicológico para Personas con Enfermedades Autoinmunes

https://www.facebook.com/groups/444032089117484/

Vinculo en otros contextos

V.

Ahora bien, más allá del contexto terapéutico, el trauma psíquico se manifiesta en la vida de las personas y los equipos multidisciplinarios que traban en interacción directa con población vulnerable, suelen encontrarse con las vivencias doloras de las personas con las que le toque interactuar. Por ello vemos que los equipos de profesionales, que se acercan el dolor humano o al sufrimiento, deben tener presente estos elementos, para aumentar su comprensión del otro y mejorar su capacidad de intervención estratégica.

Por ello es conveniente dejar en claro a todo profesional, que si revisamos la bibliográfica relacionada a trauma psíquico, la psicología tradicional tiene un enfoque centrado en los efectos de trauma, así mismo en las patologías asociadas, por ello también es importante recalcar tener un enfoque que incluya un enfoque basado en la psicología positiva, basado en fomentar la resiliencia y el crecimiento postraumático y el valor del vínculo en el desarrollo de las personas.

La psicología positiva basa su enfoque en la búsqueda de comprender los procesos y mecanismos que subyacen a las fortaleces y virtudes del ser humano (Vera, 2006) y evitar que la cultura de la victimología se arraigue en las intervenciones psicosociales (Seligman y Csikszentmihalyi, 2000) y que lleva asociado lo siguiente:

·       Que el trauma siempre conlleva grave daño
·       Que el daño siempre refleja la presencia de trauma
(Gillham y Seligman, 1999).


Frente a lo anterior, varios autores, recalcan la importancia de la diversidad de respuestas frente a los problemas, recordando que cada persona es un mundo en sí mismo y que se ha tendido a homogeneizar la respuesta emocional frente al trauma. Esto porque hay personas con más o menos recursos, lo que implica personas con mayor o menor capacidad de enfrentar el dolor. Esto ha sido la interrogante al tratar de saber que es la resiliencia y como llega a operar en algunas personas y que por ende debiera ser promovido o al menos no interferido.

Es un enfoque que enfatiza los recursos, promueve una mirada constructiva, más que una mirada al daño. Es una alarma a la conciencia de cada uno. Esto esta descrito en lo que se denomina crecimiento postraumático o aprendizaje a través del proceso de lucha, que dentro del enfoque de promoción de resiliencia y del psicología positiva, viene a ser el aprovechamiento de la experiencia traumática para una promoción de habilidad o desarrollo de recursos para enfrentar dichos eventos, encontrando que la esperanza, las creencias religiosas, la extroversión y el optimismo son parte de la personalidad de personas que se sobreponen al trauma (Calhoun y Tedeschi, 200).

El crecimiento postraumático hace referencia al cambio positivo que un individuo experimenta como resultado de la lucha que emprende a partir de la vivencia de un suceso traumático…que se presenta en tres categorías: cambios en uno mismo, cambio en las relaciones interpersonales, cambios en la espiritualidad y filosofía de vida
(Fredickson y Tugade, 2003)

Nuestro rol como profesionales es cada vez tener más claro cómo podemos fomentar la resiliencia y el crecimiento postraumático, siendo un aporte indirecto cuando sea ocasión de interactuar o intervenir de manera breve o estratégica con personas en condiciones traumatizadas. De este modo podremos potenciar aspectos positivos de crecimiento y evitar intervenir negativamente.

De hecho, el vínculo seguirá siendo la estrategia principal para potenciar o perjudicar al ser humano, por ello es valioso promover también, relaciones humanas positivas y constructivas por sobre otras. Por ello una buena relación de pareja o buenas amistades pueden ayudar mucho, por ser un vínculo duradero en la vida de las personas que posibilita salir adelante frente a  la adversidad y desarrollar una vida psíquica adecuada.


“El concepto de resiliencia ha acabado con la dictadura del concepto de vulnerabilidad”
(Stanislaw Tomkiewicz, 2011)

Por ello también es relevante el cuidado de los equipos que están contacto permanente con historias de dolor que han generado trauma psíquico en otro, ya que está comprobado que se genera trauma vicario o secundario y que los equipos deben desarrollar estrategias para minimizar sus efectos y evitar la pérdida de nuestras capacidades humano profesionales como  la empatía, concepto de ser humano, esperanza, etc. que nos permiten operar, al interactuar con el trauma, sin llegar a perderlos.

A recordar
·       debemos combinar una mirada tradicional del dolor por una en donde se promueva un crecimiento a partir del dolor
·       estamos llamados a comprender mejor como las personas pueden resignificar el proceso de trauma
·       buscar conocer a cabalidad los profundo efectos del trauma psicológico, pero también conocer los beneficios de trabajar y promover el cambio postrauma
·       no olvidar que la significación del dolor es individual, y que daca uno puede ser llamado a la toma de consciencia
·       desarrollar un discurso de intervención con un enfoque en psicología positiva
·       evitar intervenir inadecuada o innecesariamente
·       que el trauma y sus efecto son históricos a temporales
·       que la naturaleza del trauma psicológico es variada, pero que está presente en el vínculo que establecen los padres o cuidadores por medio del apego
·       que el vínculo es lo que puede sanar a las personas
·       que el vínculo a desarrollar debe ser sano, honesto y profesional