Atención psicológica particular, niños, adolescentes y adultos.
Av. Vitacura 5900, of. 403, frente a Clínica Alemana.
Celular: 8 729 02 56
8 años de experiencia profesional.
Psicodiagnóstico y Psicoterapia individual, asesorías, apoyo vocacional, crisis, depresión, ansiedad...etc.
Este es un blog hecho por una psicóloga clínica, pensando en un espacio dedicado a los padres y madres que necesitan orientación en temas cotidianos para resolver dificultades de sus hijos, además de brindar un espacio de reflexión para personas que requieran de un profesional.
lunes, 30 de noviembre de 2009
miércoles, 28 de octubre de 2009
comentarios....
Desde los primeros años escolares, se observan diferencias en los niños, respecto de la actitud con la que enfrentan sus obligaciones. Hay pequeños que esperan que los padres solucionen todos sus problemas, otros son excesivamente responsables e incluso llegan a enfermar por tratar de cumplir con las obligaciones. Un término intermedio es el objetivo a lograr y sólo se puede hacer entregando confianza en el hijo, señalando con claridad lo que se espera de él, de acuerdo a su desarrollo, sin sobre exigir, se les debe entregar la responsabilidad de sus deberes, creando un hábito que como su significado lo dice, tiene que ser constante, a diario, en horarios similares, incluso durante los fines de semana.
martes, 27 de octubre de 2009
LUNA OLVIDA SUS MATERIALES
La mamá de Luna acude a la librería, llega justo antes de cerrar, sabe que no tendrá tiempo suficiente en la semana para comprar la larga lista de materiales para su hija, y como suele suceder con los hijos, Luna sólo recordó su lista el domingo por la tarde, “en fin” dijo la madres, “cuando crezca aprenderá a ser responsable con su colegio”. Sin embargo al llegar a casa, Luna se encontraba viendo por décima vez “magadascar”, acostada en la alfombra de la sala absorta en los dibujos ni siquiera prestó atención cuando su madre le preguntó si tenía lista su mochila para el día siguiente. Sólo reaccionó, aunque sea para protestar, cuando la madre apaga el televisor. “¿Por qué no has hecho tus deberes?” le pregunta, ella responde que más tarde, “cuando me vaya a acostar”, “¡No!” agrega la madre, sabiendo que Luna debe bañarse y acostarse temprano, ya que demora mucho tiempo levantarla por las mañanas. “Pero mamá, ¡ni siquiera vi el final!” alega la niña. La madre ya enojada vuelve a decir, esta vez con la voz más alta, que le había pedido ordenar sus cosas antes de ir a comprar sus materiales, “que ya habías olvidado”, remata. Luna, evidentemente enfadada con su madre se dirige a su habitación y a regañadientes revisa su horario para el día lunes. “Menos mal que me toca educación física”, piensa Luna, ya que ello le permite ir sin su uniforme escolar. Como todas las mañanas Luna se levanta algo más tarde que su hermano, por lo que debe apurarse para estar lista a la hora acostumbrada. Afortunadamente llegan a la hora y Luna va contenta con su equipo de gimnasia, sin embargo, una sensación de vértigo le sobrevino cuando vio a todos sus compañeros con el acostumbrado uniforme escolar, sólo ahí recordó que la profesora les había enviado una nota a sus padres informando que las clases de educación física se habían cambiado de horario, en vez de ello, hoy tenía clases de Arte. Era la primera hora de clases y luego de responder a sus amigos porqué tenía el otro uniforme, pensó que durante el recreo podría llamar a su mamá para que le llevase sus materiales, no sin antes recibir un nuevo “reto” de su parte. Cuando por fin convence a su hermano de que le preste dinero para usar el teléfono, logra comunicarse con su mamá. Ella guarda silencio por unos segundos al escuchar a su hija, “lo siento”, le dice, “en estos momentos estoy en una reunión importante y no puedo dejar todo botado porque se te han olvidado tus deberes, otra vez”. Luna no sabe qué hacer, su papá está de viaje y sólo llega el miércoles. Cuando llega la hora de la clase de Arte, su profesora le pregunta porqué no ha llevado sus materiales, Luna a punto de llorar le dice con voz tenue, que los ha olvidado, “¿pero no mostraste la nota a tus papás?”, le pregunta, “no, se me olvidó también”, señala la niña. “Bueno, en castigo deberás ayudar a tus compañeros y la próxima clase deberás traer tu trabajo listo”, le dice la maestra en tono comprensivo, pero firme.
Por la noche, Luna se encuentra muy nerviosa, sabe que su mamá querrá hablar con ella y por el tono de voz al teléfono, sabe que no estará contenta. Antes de que ella llegue, y sin que nadie se lo recuerde, prepara sus cosas para el día siguiente, incluso su ropa y zapatos. Al llegar su madre, se acerca a su cama y sabiendo que no está dormida, le explica que debe hacerse responsable de sus deberes, ya en el colegio, las obligaciones son mayores y los profesores más exigentes, agrega que ella pude jugar y ver televisión, sin embargo, “tiene que haber mayor preocupación”, señala. Aunque esta ha sido la primera vez que sucede, la madre ha visto que Luna “ha relajado sus deberes”. Le pide que de ahora en adelante, prepare sus cosas con anticipación, revisando sus cuadernos y libretas todos los días, avisándole cuándo necesita algún material especial. “No basta con tratar de recordar lo que debes hacer” añade, Luna responde positivamente, sabe que ha sido “un poco irresponsable” y que sus padres esperan algo más de ella.
Por la noche, Luna se encuentra muy nerviosa, sabe que su mamá querrá hablar con ella y por el tono de voz al teléfono, sabe que no estará contenta. Antes de que ella llegue, y sin que nadie se lo recuerde, prepara sus cosas para el día siguiente, incluso su ropa y zapatos. Al llegar su madre, se acerca a su cama y sabiendo que no está dormida, le explica que debe hacerse responsable de sus deberes, ya en el colegio, las obligaciones son mayores y los profesores más exigentes, agrega que ella pude jugar y ver televisión, sin embargo, “tiene que haber mayor preocupación”, señala. Aunque esta ha sido la primera vez que sucede, la madre ha visto que Luna “ha relajado sus deberes”. Le pide que de ahora en adelante, prepare sus cosas con anticipación, revisando sus cuadernos y libretas todos los días, avisándole cuándo necesita algún material especial. “No basta con tratar de recordar lo que debes hacer” añade, Luna responde positivamente, sabe que ha sido “un poco irresponsable” y que sus padres esperan algo más de ella.
martes, 29 de septiembre de 2009
Continuación...
Algunas características de los niños y adolescentes con trastornos de personalidad son las relaciones perturbadas con sus pares, con deseos de control y posesividad, hipersensibilidad al estrés, al aburrimientos y a la devaluación de sí mismos, expresión de afectos con tono dramático, timidez y dificultad para establecer relaciones de amistad, dificultad en las actividades recreativas en especial para disfrutar, rigidez, perfeccionismo, temperamento explosivo, bajo rendimiento académico, impulsividad, entre otros.
Cabe mencionar que cada síntoma por separado no se constituye un trastorno sino que es necesaria la evaluación rigurosa del profesional para diagnosticarlo como tal.
(Ref.: Kernberg, P.; Weiner, A.; Bardenstein, K. (2002) Trastornos de personalidad en niños y adolescentes. Manual Moderno: México)
Cabe mencionar que cada síntoma por separado no se constituye un trastorno sino que es necesaria la evaluación rigurosa del profesional para diagnosticarlo como tal.
(Ref.: Kernberg, P.; Weiner, A.; Bardenstein, K. (2002) Trastornos de personalidad en niños y adolescentes. Manual Moderno: México)
jueves, 10 de septiembre de 2009
Continuación...

Tenemos conocimiento de que muchos problemas clínicos infantiles son mutables con un desenlace saludable con el proceso de desarrollo de un niño, sin embargo, los menores ya en edad escolar suelen tener mayores dificultades para resolver con éxito sus problemas en forma “espontánea”. Existen estudios de predictibilidad de la patología adulta desde la temprana infancia, como es el comportamiento antisocial en la infancia y adolescencia.
De este modo es posible suponer que los niños tienden a mantener sus perturbaciones psicológicas en especial cuando no reciben atención clínica especializada.
Para comprender los desórdenes de personalidad debemos conocer algunos de los componentes que constituyen la personalidad:
Temperamento: que sería la predisposición biológica de los seres humanos.
Identidad: la estructura interna mental que incluye el sentido de sí mismo (en niños está en desarrollo).
Género: componente de la identidad y que lleva a definirse de acuerdo a la cultura y sociedad donde se vive.
Alteraciones neuropsicológicas del desarrollo: déficit cognitivo, para procesar y organizar información, por supuesto no presente en todos los niños.
Mecanismos de defensa: necesarios para enfrentarse y adaptarse al estrés interno y externo.
Para la evaluación de la personalidad en un niño se deben buscar indicadores de alto riesgo para el desarrollo del trastorno en sí, como son antecedentes de situaciones traumáticas, tales como abuso sexual, físico, verbal, negligencias, junto con inconsistencias en las figuras paternas o maternas.
(Ref.: Kernberg, P.; Weiner, A.; Bardenstein, K. (2002) Trastornos de personalidad en niños y adolescentes. Manual Moderno: México)
De este modo es posible suponer que los niños tienden a mantener sus perturbaciones psicológicas en especial cuando no reciben atención clínica especializada.
Para comprender los desórdenes de personalidad debemos conocer algunos de los componentes que constituyen la personalidad:
Temperamento: que sería la predisposición biológica de los seres humanos.
Identidad: la estructura interna mental que incluye el sentido de sí mismo (en niños está en desarrollo).
Género: componente de la identidad y que lleva a definirse de acuerdo a la cultura y sociedad donde se vive.
Alteraciones neuropsicológicas del desarrollo: déficit cognitivo, para procesar y organizar información, por supuesto no presente en todos los niños.
Mecanismos de defensa: necesarios para enfrentarse y adaptarse al estrés interno y externo.
Para la evaluación de la personalidad en un niño se deben buscar indicadores de alto riesgo para el desarrollo del trastorno en sí, como son antecedentes de situaciones traumáticas, tales como abuso sexual, físico, verbal, negligencias, junto con inconsistencias en las figuras paternas o maternas.
(Ref.: Kernberg, P.; Weiner, A.; Bardenstein, K. (2002) Trastornos de personalidad en niños y adolescentes. Manual Moderno: México)
miércoles, 2 de septiembre de 2009
Alteraciones y Trastornos de la Personalidad: ¿En niños y Adolescentes?
Un trastorno de la personalidad se puede caracterizar como un estilo persistente de experiencias internas y de un comportamiento que se desvía de las expectativas de la cultura de la persona en forma notable, además es generalizado, es decir, afecta a diferentes áreas de su vida; y es también inflexible (con dificultad para cambiar).
Su inicio se remonta a la adolescencia o principios de la adultez, por lo que se vuelve estable en el tiempo, conduciendo a sentimientos de aflicción en la persona y a un deterioro de sus relaciones sociales. De este modo resulta complejo etiquetar a un niño con un trastorno que supone inflexibilidad y gravedad afectando negativamente al menor, su familia y su entorno.
Además siempre se ha planteado el problema del desarrollo de la personalidad en los niños; muchos autores explican que este componente no se ha cristalizado aún en niños, por lo tanto no podría hablarse de un trastorno a esta edad. Sin embargo, es también conocido que los niños van desarrollando un sentido de identidad, modulación de los afectos, pensamientos, relaciones con otros, factores que componen, entre otros, la personalidad de un individuo.
La sensación de vergüenza es por ejemplo en los niños, un indicador de autoconciencia, el cual emerge antes de los dos años de edad….
(Ref.: Kernberg, P.; Weiner, A.; Bardenstein, K. (2002) Trastornos de personalidad en niños y adolescentes. Manual Moderno: México)
Su inicio se remonta a la adolescencia o principios de la adultez, por lo que se vuelve estable en el tiempo, conduciendo a sentimientos de aflicción en la persona y a un deterioro de sus relaciones sociales. De este modo resulta complejo etiquetar a un niño con un trastorno que supone inflexibilidad y gravedad afectando negativamente al menor, su familia y su entorno.
Además siempre se ha planteado el problema del desarrollo de la personalidad en los niños; muchos autores explican que este componente no se ha cristalizado aún en niños, por lo tanto no podría hablarse de un trastorno a esta edad. Sin embargo, es también conocido que los niños van desarrollando un sentido de identidad, modulación de los afectos, pensamientos, relaciones con otros, factores que componen, entre otros, la personalidad de un individuo.
La sensación de vergüenza es por ejemplo en los niños, un indicador de autoconciencia, el cual emerge antes de los dos años de edad….
(Ref.: Kernberg, P.; Weiner, A.; Bardenstein, K. (2002) Trastornos de personalidad en niños y adolescentes. Manual Moderno: México)
miércoles, 22 de julio de 2009
Reflexiones acerca de la Intersubjetividad
El psicoanálisis no es posible entenderlo como una ciencia que investiga lo intrapsíquico en forma exclusiva, sino que lo podemos entender como una puesta en escena de un interjuego entre dos personas, el analista y el analizado, ambos con sus propios mundos subjetivos en una dinámica relacional particular, a este fenómeno le podemos llamar intersubjetividad.
Es así como entendemos también que el inconsciente es una estructura dinámica que en interacción recíproca con otros, necesariamente recibe la influencia de elementos conscientes e inconscientes de la persona que se tiene al frente, configurándose entonces, una relación única y singular que a la vez trasciende a los mismos participantes.
De este modo el psicoanálisis puede y debe pretender el desarrollo de una serie de condiciones que faciliten el despliegue de la estructura subjetiva del analizado, con todos los fenómenos que existen en ella, en complemento con la apertura mental del mundo subjetivo del analista. Si consideramos el punto de vista descrito anteriormente tendremos un escenario interpersonal que permitirá y limitará las experiencias subjetivas de ambas individualidades, en pos de un análisis adecuado que permite la elaboración de los conflictos que hacen consultar.
El analista y su propia estructura subjetiva aportan al analizado nuevas experiencias que permiten redefinir traumas, conflictos, relaciones problemáticas, etc. De este modo el analista no puede alienarse en su sillón y pretender la objetividad máxima, lo cual no sólo resulta complejo, sino inviable, por cuanto el rol que juega, las intervenciones, comentarios e interpretaciones de algún modo contienen esa estructura subjetiva y se manifiestan en la acción terapéutica, ello sin caer en una interferencia de las configuraciones psicológicas de la vida subjetiva del analizado.
En esta relación intersubjetiva se reeditan relaciones tempranas y conflictos actuales, de una forma singular y especial, que resultan útiles para el proceso terapéutico del analizado, permitiendo el desarrollo de nuevas expresiones de elementos subjetivos y experiencias reprimidas y no actualizadas en una díada que acepta y contiene la estructura patológica que se trae a sesión.
Esta díada contendrá elementos subjetivos del analista, elementos subjetivos del analizado, pero más importante aún elementos subjetivos que se construyen a partir de la relación entre ambos, como un tercer elemento a considerar dentro de un proceso terapéutico adecuado, este tercer elemento debe ser objeto de estudio y análisis dentro de las sesiones.
Esta relación intersubjetiva que es irrepetible y que se encuentra definida por los participantes del análisis, es nueva en cuanto es el encuentro de dos inconscientes, pero a la vez es tan especial que permite la actualización de fenómenos pasados, en especial los del analizado, permitiendo que afloren dichos conflictos para su interpretación.
Es muy importante dentro de este planteamiento la comprensión de este interjuego de subjetividades, puesto que el analista en forma consciente se expone a los fenómenos de la mente del analizado, construyendo un espacio nuevo donde se hacen presentes las proyecciones del paciente. El analista así utiliza los elementos que emergen en ayuda de la coherencia de las experiencias internas de aquel que tiene al frente, transformándola en forma creativa.
Dado lo anterior, cabe preguntarse entonces por la neutralidad que debería mantener un analista. Como respuesta posible podemos evocar a Freud (1912, 1913) quien plantea que en el inconsciente de cada persona hay instrumentos que permiten la interpretación del inconsciente del otro, en este sentido el inconsciente personal está de forma inevitable implicado en la aprehensión del inconsciente de otras personas, por ello necesitamos hacer uso de nuestro mundo subjetivo, poniéndolo al servicio del análisis y del analizado, permitiendo de este modo la emergencia de elementos transferenciales y contratransferenciales que resultan necesarios dentro de la acción terapéutica, facilitando además su interpretación y resolución.
Dicho en otras palabras la neutralidad, en un sentido moderno, y el uso de la intersubjetividad en un análisis no son puntos que se contradicen, sino elementos que debemos considerar tener presentes para enfrentar de un modo adecuado a nuestro analizado, permitiendo y fomentando en muchos casos su emergencia.
Un colega me planteaba el siguiente caso, una madre de un niño de cinco años le planteó estar muy preocupada pues su hijo decía estar viendo a personas, ella tras conversarlo con su hijo y por las características de las personas que dice ver concluye que son personas que han fallecido en la familia tiempo atrás. El psicólogo luego de varias entrevistas y del análisis del material del psicodiagnóstico concluye que el niño no presenta patología alguna, cognitiva, afectiva o del desarrollo de su estructura mental, del mismo modo descarta otras patologías relacionadas al ambiente familiar.
Entonces el psicólogo se pregunta desde su mundo subjetivo si esa “realidad” interna del niño existe. Es así como podría concluir que no existe y que el niño presenta algún tipo de alteración perceptual. Sin embargo, si seguimos la línea de reflexión expuesta en este ensayo podemos decir que el niño presenta al analista una experiencia subjetiva, particular, especial y única. Tal experiencia debe ser respetada, contenida y analizada tal como se presenta, de ese modo ambos, el analista y el niño, desarrollan un espacio intersubjetivo donde es posible la exploración del aparato mental del paciente en una relación diádica nueva y particular, permitiendo el análisis y la futura resolución de los conflictos que surgen.
Es así como entendemos también que el inconsciente es una estructura dinámica que en interacción recíproca con otros, necesariamente recibe la influencia de elementos conscientes e inconscientes de la persona que se tiene al frente, configurándose entonces, una relación única y singular que a la vez trasciende a los mismos participantes.
De este modo el psicoanálisis puede y debe pretender el desarrollo de una serie de condiciones que faciliten el despliegue de la estructura subjetiva del analizado, con todos los fenómenos que existen en ella, en complemento con la apertura mental del mundo subjetivo del analista. Si consideramos el punto de vista descrito anteriormente tendremos un escenario interpersonal que permitirá y limitará las experiencias subjetivas de ambas individualidades, en pos de un análisis adecuado que permite la elaboración de los conflictos que hacen consultar.
El analista y su propia estructura subjetiva aportan al analizado nuevas experiencias que permiten redefinir traumas, conflictos, relaciones problemáticas, etc. De este modo el analista no puede alienarse en su sillón y pretender la objetividad máxima, lo cual no sólo resulta complejo, sino inviable, por cuanto el rol que juega, las intervenciones, comentarios e interpretaciones de algún modo contienen esa estructura subjetiva y se manifiestan en la acción terapéutica, ello sin caer en una interferencia de las configuraciones psicológicas de la vida subjetiva del analizado.
En esta relación intersubjetiva se reeditan relaciones tempranas y conflictos actuales, de una forma singular y especial, que resultan útiles para el proceso terapéutico del analizado, permitiendo el desarrollo de nuevas expresiones de elementos subjetivos y experiencias reprimidas y no actualizadas en una díada que acepta y contiene la estructura patológica que se trae a sesión.
Esta díada contendrá elementos subjetivos del analista, elementos subjetivos del analizado, pero más importante aún elementos subjetivos que se construyen a partir de la relación entre ambos, como un tercer elemento a considerar dentro de un proceso terapéutico adecuado, este tercer elemento debe ser objeto de estudio y análisis dentro de las sesiones.
Esta relación intersubjetiva que es irrepetible y que se encuentra definida por los participantes del análisis, es nueva en cuanto es el encuentro de dos inconscientes, pero a la vez es tan especial que permite la actualización de fenómenos pasados, en especial los del analizado, permitiendo que afloren dichos conflictos para su interpretación.
Es muy importante dentro de este planteamiento la comprensión de este interjuego de subjetividades, puesto que el analista en forma consciente se expone a los fenómenos de la mente del analizado, construyendo un espacio nuevo donde se hacen presentes las proyecciones del paciente. El analista así utiliza los elementos que emergen en ayuda de la coherencia de las experiencias internas de aquel que tiene al frente, transformándola en forma creativa.
Dado lo anterior, cabe preguntarse entonces por la neutralidad que debería mantener un analista. Como respuesta posible podemos evocar a Freud (1912, 1913) quien plantea que en el inconsciente de cada persona hay instrumentos que permiten la interpretación del inconsciente del otro, en este sentido el inconsciente personal está de forma inevitable implicado en la aprehensión del inconsciente de otras personas, por ello necesitamos hacer uso de nuestro mundo subjetivo, poniéndolo al servicio del análisis y del analizado, permitiendo de este modo la emergencia de elementos transferenciales y contratransferenciales que resultan necesarios dentro de la acción terapéutica, facilitando además su interpretación y resolución.
Dicho en otras palabras la neutralidad, en un sentido moderno, y el uso de la intersubjetividad en un análisis no son puntos que se contradicen, sino elementos que debemos considerar tener presentes para enfrentar de un modo adecuado a nuestro analizado, permitiendo y fomentando en muchos casos su emergencia.
Un colega me planteaba el siguiente caso, una madre de un niño de cinco años le planteó estar muy preocupada pues su hijo decía estar viendo a personas, ella tras conversarlo con su hijo y por las características de las personas que dice ver concluye que son personas que han fallecido en la familia tiempo atrás. El psicólogo luego de varias entrevistas y del análisis del material del psicodiagnóstico concluye que el niño no presenta patología alguna, cognitiva, afectiva o del desarrollo de su estructura mental, del mismo modo descarta otras patologías relacionadas al ambiente familiar.
Entonces el psicólogo se pregunta desde su mundo subjetivo si esa “realidad” interna del niño existe. Es así como podría concluir que no existe y que el niño presenta algún tipo de alteración perceptual. Sin embargo, si seguimos la línea de reflexión expuesta en este ensayo podemos decir que el niño presenta al analista una experiencia subjetiva, particular, especial y única. Tal experiencia debe ser respetada, contenida y analizada tal como se presenta, de ese modo ambos, el analista y el niño, desarrollan un espacio intersubjetivo donde es posible la exploración del aparato mental del paciente en una relación diádica nueva y particular, permitiendo el análisis y la futura resolución de los conflictos que surgen.
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